¿Por qué se llama pan de muerto?
El pan de muerto es mucho más que un postre. Detrás existe una historia que combina costumbres prehispánicas

El pan de muerto es uno de los sabores más esperados de la temporada de Día de Muertos. Su aroma, su textura esponjosa y su característico toque de azúcar evocan una tradición que cada año reúne a las familias mexicanas alrededor de las ofrendas.
Sin embargo, detrás de este delicioso pan existe una historia que combina costumbres prehispánicas, creencias y símbolos relacionados con la vida y la muerte. ¿Cómo surgió el pan de muerto, por qué tiene ese nombre y qué representan sus elementos? Te contamos más sobre su origen y las variedades que existen en México.
Historia del pan de muerto
Las ofrendas dedicadas a los difuntos han evolucionado con el paso del tiempo. En la época prehispánica existían distintas ceremonias para honrar a los muertos y a las deidades, entre ellas Cihuapipiltin, asociada con las mujeres fallecidas durante el parto.
Como parte de algunas de estas prácticas, se elaboraban figuras con masas hechas de ingredientes como el amaranto. Entre las representaciones se encontraban formas de mariposas y otras figuras relacionadas con las creencias de la época.
También se utilizaba una preparación conocida como tzoalli, elaborada con amaranto y miel, que servía para crear figuras vinculadas con los rituales religiosos.
Con la llegada de los españoles, las costumbres indígenas se transformaron y se mezclaron con nuevas tradiciones. A lo largo de los siglos, estas influencias contribuyeron a la evolución de las ofrendas y de los alimentos que hoy forman parte de las celebraciones del Día de Muertos.
Aunque el pan de muerto actual no es idéntico a las preparaciones prehispánicas, su historia está ligada a la transformación de las prácticas con las que las comunidades mexicanas recuerdan a sus seres queridos.

¿Por qué se llama pan de muerto y qué significa su forma?
El pan de muerto recibe su nombre por su relación con las celebraciones del Día de Muertos, una tradición en la que las familias colocan alimentos, bebidas, flores y otros objetos en las ofrendas para recordar a quienes ya fallecieron.
Lejos de su sabor, este pan tiene un importante significado simbólico, pues sus formas y adornos se relacionan con la vida, la muerte y el recuerdo de los seres queridos.
De acuerdo con María Angélica Galicia Gordillo, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), citada en la Gaceta UNAM, los elementos del pan de muerto tienen distintos significados.
La forma redonda: representa el ciclo de la vida y la muerte.
Las canillas o tiras de la superficie: simbolizan los huesos del difunto o las lágrimas derramadas por su pérdida.
La bolita central: representa el cráneo.
De esta manera, cada elemento convierte al pan de muerto en algo más que un alimento de temporada: es una expresión cultural que mantiene viva la memoria de quienes ya no están.

¿Qué tipos de pan de muerto hay en México?
Aunque el pan de muerto es uno de los elementos más representativos de las ofrendas mexicanas, su preparación y apariencia cambian de una región a otra. Cada variedad refleja las costumbres y la identidad de las comunidades que la elaboran.
De acuerdo con el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), existen distintas expresiones regionales de este pan. Entre ellas destacan algunas variedades de la Ciudad de México y el Estado de México.
Hojaldra de la Ciudad de México y el Estado de México
Una de las presentaciones más conocidas es la hojaldra, de forma redonda y espolvoreada con azúcar blanca. También existen versiones decoradas con azúcar de otros colores, como el rosa y el rojo.
Panes tradicionales de Mixquic
En San Andrés Mixquic, uno de los lugares emblemáticos de las celebraciones del Día de Muertos en la Ciudad de México, se elaboran distintas variedades para colocar en las ofrendas.
Entre ellas se encuentran las rosquitas con azúcar coloreada, los panes cubiertos con azúcar, ajonjolí o granillo, así como piezas decoradas con la misma masa y una cruz en el centro.
También hay panes con forma de mariposa, relacionados con antiguas creencias según las cuales las niñas fallecidas podían transformarse en estos insectos.
Estas variedades muestran cómo una misma tradición puede adquirir diferentes formas y significados de acuerdo con las costumbres de cada comunidad.

Cabe recordar que la UNESCO reconoció en 2003 la celebración indígena del Día de Muertos como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. Posteriormente, en 2008, la inscribió en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Así, el pan de muerto se mantiene como uno de los alimentos más esperados de octubre y noviembre, pero su importancia va mucho más allá de su sabor. Cada pieza representa una tradición que ha atravesado generaciones y que, año con año, reúne a las familias mexicanas para recordar a sus seres queridos y celebrar la memoria de quienes forman parte de su historia.