De Paulina a Otis ¿Cuáles han sido los huracanes más devastadores en la historia de México?
En el registro histórico oficial documentado por el Centro Nacional de Prevención de Desastres y el Servicio Meteorológico Nacional, un grupo selecto de fenómenos destaca por haber reescrito los estándares de destrucción

Con más de 11 mil kilómetros de costa bañados por los océanos Pacífico y Atlántico, México enfrenta anualmente el embate de ciclones tropicales de alto impacto.
Sin embargo, en el registro histórico oficial documentado por el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) y el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), un grupo de fenómenos destaca por haber reescrito los estándares de destrucción: desde tragedias con saldos mortales masivos como el huracán de México de 1959, Janet o Paulina, hasta catástrofes de colapso urbano e indemnizaciones económicas récord, como Wilma en 2005 y Otis en 2023.
Para evaluar la gravedad histórica de un huracán se deben analizar dos variables metodológicas avaladas por organismos como el Cenapred, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y el Centro Nacional de Huracanes de EU. (NHC): el costo humano (pérdida de vidas y damnificados) y el costo socioeconómico (daño a la infraestructura, vivienda y pérdidas aseguradas).
A lo largo del último siglo, diversos fenómenos han superado los umbrales de resistencia de las costas mexicanas, clasificándose en diversos episodios críticos.

Los ciclones de mayor impacto humano y mortandad
Antes de la consolidación de los sistemas modernos de alerta temprana y radares Doppler, el impacto directo de huracanes mayores ocasionó desastres con altas tasas de letalidad, principalmente por deslizamientos de tierra y destrucción de bordos fluviales.
- El huracán de Colima (octubre de 1959): Considerado por el Cenapred como el fenómeno hidrometeorológico más letal documentado en México. Tocó tierra en las costas de Colima y Jalisco como un poderoso sistema categoría 5. La gran cantidad de precipitación acumulada provocó deslaves masivos en zonas montañosas, arrasando comunidades como Minatitlán. El saldo oficial superó los mil 500 fallecidos, aunque estimaciones no oficiales elevaron la cifra a más de dos mil personas.
- Huracán Janet (septiembre de 1955): Entró al sur de la península de Yucatán como categoría 5 con vientos superiores a los 280 km/h. Prácticamente redujo a escombros a la ciudad de Chetumal (entonces territorio federal de Quintana Roo), compuesta principalmente por edificaciones de madera. Dejó un saldo estimado en más de 500 fallecidos y forzó la reconstrucción total de la capital quintanarroense con criterios urbanísticos modernos.
- Huracán Liza (septiembre y octubre de 1976): Ingresó por el sur del Golfo de California e impactó Baja California Sur en categoría 4. Las intensas lluvias desbordaron y rompieron el dique de contención del arroyo El Cajoncito, inundando colonias marginadas de La Paz. Los reportes gubernamentales de la época registraron cerca de 600 decesos, convirtiéndose en el peor desastre natural en la península.
- Huracán Paulina (octubre de 1997): Aunque tocó tierra entre Oaxaca y Guerrero tras haber debilitado levemente sus vientos máximos, descargó más de 400 milímetros de agua en menos de 24 horas sobre el anfiteatro de Acapulco. Las corrientes arrastraron viviendas asentadas en laderas y cauces secos, dejando entre 200 y 300 muertos y decenas de miles de damnificados. Este suceso motivó la creación formal del Sistema de Alerta Temprana para Ciclones Tropicales (SIAT-CT) en México.
Los fenómenos de mayor devastación económica y estructural
Con el crecimiento urbano y turístico de las zonas costeras a partir de finales del siglo XX, las pérdidas materiales se dispararon exponencialmente, como constatan los balances de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS).
- Huracán Gilberto (septiembre de 1988): Apodado "el huracán del siglo", impactó la península de Yucatán en categoría 5, cruzó el Golfo de México y volvió a tocar tierra en Tamaulipas y Nuevo León como categoría 3. El desbordamiento masivo del río Santa Catarina en Monterrey arrastró autobuses y viviendas, sumando más de 300 defunciones y pérdidas multimillonarias en la industria, el turismo de Quintana Roo y la agricultura norteña.
- Huracán Wilma (octubre de 2005): Ostenta un récord de permanencia territorial. Con fuerza de categoría 4, el ojo del ciclón se estacionó durante casi 60 horas entre Cozumel, Cancún e Isla Mujeres. Sus vientos y oleaje destruyeron hoteles, erosionaron playas y colapsaron servicios públicos. De acuerdo con datos de la AMIS, Wilma se mantiene históricamente como el evento catastrófico más costoso para el sector asegurador en México, con indemnizaciones que rebasaron los dos mil 670 millones de dólares.
- Ingrid y Manuel (septiembre de 2013): Un fenómeno sin precedentes recientes. Dos ciclones tropicales impactaron de forma simultánea las costas del país: Manuel por el océano Pacífico e Ingrid por el Golfo de México. La interacción atrapó masivas bandas de humedad sobre el territorio, derivando en deslizamientos de cerros (como el ocurrido en la comunidad de La Pintada, Guerrero) e inundaciones en una veintena de estados, con saldo de 157 muertos y cuantiosos daños a carreteras y puentes federales.
- Huracán Otis (octubre de 2023): Catalogado por el Servicio Meteorológico Nacional y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) como uno de los casos de intensificación más explosivos documentados en el Pacífico nororiental, al pasar de tormenta tropical a categoría 5 en un lapso de 12 horas. Al golpear directamente la zona metropolitana de Acapulco y Coyuca de Benítez, dañó más del 80% de la infraestructura habitacional y hotelera, derribó líneas de transmisión eléctrica de alta tensión y dejó decenas de fallecidos y personas no localizadas.

¿Por qué varían los niveles de impacto con el tiempo?
La evolución del impacto de los ciclones en México refleja dos realidades contrastantes:
- Reducción progresiva de la letalidad: La implementación de los protocolos de Protección Civil, el monitoreo satelital continuo de Conagua y la evacuación preventiva han evitado que ciclones de categoría mayor alcancen las cifras de víctimas mortales registradas a mediados del siglo XX.
- Incremento sostenido del costo material: La concentración de infraestructura, el auge demográfico en zonas de playa y el crecimiento de la mancha urbana sobre zonas bajas o cauces naturales multiplican el valor económico de las pérdidas ante eventos de vientos extremos y marejadas ciclónicas.