“Nos usan como escudo humano”: Ilana Gritzewsky, la mexicana-israelí que sobrevivió a Hamás

Gritzewsky hizo una crónica sobre su captura y secuestro por parte del movimiento islamista Hamás en la Franja de Gaza en 2023

Por: Pamela Michelle Nieto Rodríguez

"El trauma y lo que viviste en cautiverio no es un switch que haces On-Off"
"El trauma y lo que viviste en cautiverio no es un switch que haces On-Off"Foto: Especial 

Esta por cumplirse el tercer aniversario de los ataques perpetrados en la Franja de Gaza, donde el grupo islamista palestino Hamás salió a las calles para secuestrar a 251 israelíes y matar alrededor de mil 200 personas más. A esa distancia, los sobrevivientes conservan el trauma de los maltratos y las humillaciones sufridas durante esos días.

Una de estas sobrevivientes es la mexicana-israelí Ilana Gritzewsky, quien pasó 55 días secuestrada en Gaza. Tres años después, sigue trabajando para ella misma, para vencer al terrorismo que pretende infringir Hamás en todas sus víctimas.

Desde ahí la gente nos ve liberados y piensan que ya se acabó. Desgraciadamente muchos no salieron vivos, como Orión Hernández, que es otro mexicano secuestrado pero asesinado. Hubo 42 de los secuestrados que perdieron la vida en cautiverio. Yo fui de los afortunados. Pero el trauma y lo que viviste en cautiverio no es un switch que haces On-Off. Está en las noches cuando te vas a dormir, está en las pesadillas, está en cada ruido fuerte que te espanta; es algo que te acompaña, día tras día, noche tras noche, hora tras hora. Y es algo con lo que tienes que aprender a vivir, porque no sé si pueda superarlo; pero tampoco puedo dejar que me gane porque -si yo dejo que me gane- Hamás me estaría ganando, un grupo terrorista me estaría ganando y no lo voy a dejar”.

Hoy, Ilana sigue buscando no solo sobrevivir a las huellas que le dejó la guerra en la Franja de Gaza, sino también mostrar la realidad que ella vivió y defender los derechos humanos de todos, “no importa el color, la religión, no importa de dónde seamos”.

Ilana se está concentrando para llegar a eso; sobre todo, Ilana está concentrada en su rehabilitación. ¿Qué implica? Hay muchos doctores, psicólogos, psiquiatras, ortopédicos para la cadera, doctores especializados en mandíbulas y boca. Ilana está intentando regresar a ser la repostera y la agrícola que era. Todavía no puede regresar a eso. Y también se va formando algo nuevo de Ilana. El hecho de que estoy viva, hay mil 200 que no regresaron vivas”.

Y es justamente este sentimiento de sobrevivencia que impulsa a Ilana a “alzar la voz” para que se haga justicia al nombre y a la realidad que representa Hamás, “si el mundo entendiera que un grupo terrorista no puede dirigir un país”.

Tiene que involucrarse un gobierno democrático, donde niños son educados como deben ser, con respeto, no con odio, no con odio de matar, no de odiar a alguien más por la religión, por ser judías. Entonces, eso es también lo que Ilana está formando, intentando hacer, y llegar a una igualdad de paz tanto para los judíos como para que el pueblo palestino pueda vivir en paz y seguro. Que todo el mundo entienda que somos personas, somos seres humanos, todos tenemos caras, tenemos vidas, tenemos voz, tenemos familias”.

En entrevista con Pascal Beltrán del Río para la Primera Emisión de Imagen Radio, Gritzewsky se enfrenta a un mundo diferente que la obliga a ver con otros ojos su propia religión e identidad, una que la expone a vivir con miedo antes de asumirse como lo que es: una mujer israelí y judía.

Es difícil, algo que no sentía antes. El hecho de siempre tener que estar escondiéndote, esconder tu identidad, esconder tu estrella por un conflicto que mucha gente ni siquiera lo entiende bien. Es un grupo terrorista y no se tiene bien, nos atacan. Lo puedo decir yo que estuve en un hospital de Gaza: nos usan como escudo humano”.

Por ello, cuestionó por qué no todos los fondos económicos destinados a la creación de túneles usados por Hamás, o en la compra de armamento, son dirigidos en la atención del pueblo palestino, en la creación de escuelas, en la educación, incluso en su seguridad. Que no sea el dinero usado para fomentar miedo entre los pueblos, “¿por qué el miedo a hablar?, ¿por qué yo tengo que estar ocultando mi identidad?”.

Ese es el miedo que la obliga a solo identificarse como mexicana sin agregar o explicar su origen israelí ni su religión, “¿por qué no puedo sentirme libre?”.

Es volverme a sentir en cautiverio, que tengo que estar todo el tiempo en miedo, en ver qué va a pasar, en voltear a ver si me reconocen”.

Y es que no es solo una situación que permee en Oriente Medio, sino que también es un sentimiento de discriminación que siente en México, “me afecta porque no es el pueblo mexicano que yo conozco”.

El pueblo mexicano que yo conozco es el que siempre da amor, que no hace discriminación, que siempre está al pendiente uno del otro, y que no había la diferencia por religión, por ser cristiana, ser judía, por ser musulmana, por si eres negro, si eres blanco. No existía eso, ¿cómo hemos llegado y nos hemos deteriorado a tanto en tan poco tiempo?”.

“Bienvenida a Gaza, a tu nueva vida”

A Ilana Gritzewsky las fuerzas armadas no la levantaron en la calle, de compras o en una calle sola con escasa iluminación, como cuentan los estigmas sobre seguridad. No, según su recuerdo se encontraba en su casa, preparando todo lo que necesitarían para seguir su rutina, una que se vio colapsada por las alarmas del ataque.

Empecé mi día normal cuando empezaron las alarmas. En esa zona estamos acostumbrados a que todo el tiempo hay alarmas, pero esa vez fue muy diferente, fue una tras otras. Fue cuando corrí a mi refugio, que es mi dormitorio. Desperté a mi pareja, Matan, le dije ‘checa también con tu mamá’. Fue cuando empezamos a escuchar disparos y granadas, gritos en árabe que estaban afuera de mi ventana. Empezaron los grupos a correrse la voz que estaban en la parte de atrás del kibutz, que estaban en la casa del vecino, en la entrada del kibutz. Y fue como una ruleta rusa”.

En Iros, donde yacía el kibutz -una especie de comunidad israelíes autosustentable- en el que vivía Ilana, fue uno de los más afectados por el ataque perpetrado en el marco de las fiestas judías, ahí uno de cada cuatro habitantes fue asesinado o secuestrado.

A pesar de la resistencia de Matan, la pareja sentimental de Ilana, quien trató de sostener la manija de su hogar lo más que pudo, las fuerzas de Hamás lograron irrumpir. Mientras él distraía a los invasores lanzándoles lo que se encontró a su paso, “me dijo ‘abre la ventana, que no hay nadie, salta, yo voy detrás de ti’”.

Ilana fue la primera en saltar, siguiéndole Matán; sin embargo, “vimos que había terroristas por todas partes”. En la huida, los dos se separaron. Ella alcanzó a llegar a la parte trasera de unos vecinos que fueron secuestrados y asesinados en la jornada, “y mi turno llegó, me encontraron”.

Me jalaron de los pelos, me arrastraron, me golpearon en el estómago hasta dejarme sin aire. Me aventaron contra una pared, me apuntaron con armas. Lo único que hice fue levantar mis manos y decir que no me hicieran daño, que era mexicana, que me dejaran vivir, que iba a hacer lo que me dijeran, nada más que me dejaran ir. No funcionó eso. Me empezaron a golpear más, intentaron grabarme, pensé que me iban a matar”.

Sin embargo, ese fue solo el inicio de su secuestro. Entonces, la joven fue obligada a subir a una moto que la llevó a Gaza.

En el camino yo pasé por abusos sexuales, me rompieron la cadera, me dislocaron la mandíbula, me quemaron la pierna, me explotaron unas granadas en el oído. Me desmayé. Fisca y mentalmente ya no podía soportar más. Me desperté ya en Gaza con siete terroristas arriba medio, yo medio desnuda rogando que no me violaran, y me empezaron a golpear más y me dijeron ‘Welcome to Gaza. Bienvenida a Gaza, a tu nueva vida’. Estaba sola con siete terroristas arriba mío, en una casa destruida”.

En medio de las promesas y la tortura

A partir de este punto, Ilana fue llevada a diferentes viviendas mientras era víctima de los maltratos de las fuerzas islamistas, sin la posibilidad de recibir tratamiento médico por las heridas infringidas por sus secuestradores o para las enfermedades que ya presentaba.

Me estaba desmayando todo el tiempo. Bajé 12 kilos en 55 días. En cautiverio no te dan de comer. Tienes una botella de agua de medio litro para dos o tres días; y tu comida del día puede ser media pita, un pepino o un jitomate. No tienes baños. Ellos deciden cuándo te puedes levantar, hablar, cuando puedes ir al baño. A media noche te hacen interrogatorios para ver si estabas en el Ejército o qué haces en Israel, por qué si eres mexicana estás en Israel”.

Fue en ese momento cuando llegó al Hospital Nasser, uno de los más grandes en la Franja de Gaza, donde, contrario a lo que se podría pensar desde afuera de las fronteras, no se le atendió como víctima humanitaria.

Ahí estuve encerrada a un cuarto donde, para llegar, pasas por toda la parte del hospital. Hamas cierra una parte del Hospital para que sea su zona, para usarla como de refugio. Tiene una sección con todos los terroristas armados que protegen para que no entre nadie de la población; y usan el hospital como escudo para que Israel no pueda atacar y no se pueda defender”.

Durante sus días en el Hospital Nasser, Ilana nunca se cruzó con personal de la Cruz Roja (en Oriente Medio, de la Luna Roja), ni de Naciones Unidas (ONU), o de la Unicef, “ninguna organización que debe ver por los derechos de todo el mundo, no tuve contacto con ellos”.

Cada vez que te mueven de lugar te dicen que vas a ser liberada. Y después del Hospital me pasaron a los túneles, como tres días después. El hecho de no saber si es de día o de noche, y el que no duermes por el miedo de qué te pueden hacer, en los túneles es peor porque ahí estas bajo tierra, estás como 50 metros bajo tierra, bajas como con escaleras de bomberos. Me tuvieron que cargar porque traía rota la cadera y no podía. No me dieron ni medicamentos, ni analgésicos, ni doctores. Yo rezaba e intentaba mantener la fe de que iba a regresar a mi familia”.

Ahí, contó que el suelo está lleno de vidrios que te cortan las plantas de los pies durante las largas horas de caminata que tienes que hacer para llegar al punto obligado por los captores. Además, la altura no es la optima por lo que es inevitable golpearse la cabeza con el techo, “está obscuro, no ves nada”.

Llegamos a otro cuarto en el túnel donde me encontré con más compañeros de Nir Oz, y ellos fueron los que me dijeron que Matan también estaba secuestrado, que estaba en un túnel al lado. Fue cuando empecé a suplicarles que me dejaran verlo. Me hicieron su sirvienta, y me dijeron ‘después te vamos a dejar ver a Matan’. Nunca me dejaron verlo. Me volvieron a decir que me iban a liberar, que ya tenía que salir a los dos o tres días otra vez”.

Sin embargo, en esta ocasión, ella se negó a irse sin su pareja. Ya para entonces la promesa se había convertido en un acto de tortura por el riesgo de ser trasladada a un lugar alejado de Matan.

No te preguntan, te golpean y te sacan a la fuerza. Ahí empezamos a dar vueltas, el último día, como ocho horas en el coche. Hasta que, por primera vez, por las calles de Gaza, te dejan a la mitad del mercado. Te dicen ‘no abras la ventana, no salgas del coche’. Viene gente y te ve, y eres como el trofeo para ellos. Se ríen de ti y hacen burla. No importa, mujeres, niños, hombres, te ven como el premio de Hamas. Después de ocho horas, fui la última en liberarse por el primer tratado que hubo de rehenes del conflicto”.

A partir de este punto, trabajadores de la Cruz Roja la trasladaron a la frontera de Israel donde sería tratada por elementos militares. Hasta la fecha, ningún rescatista o representante de algún organismo de ayuda humanitaria se ha puesto en contacto con ella para conocer su rehabilitación o situación actual.

Dos años y seis días después, Matan logró ser liberado también.

mgid