Nutrióloga advierte sobre riesgos de la quimiofobia en planes alimentarios
La nutrióloga Georgina Gómez explica qué es la quimiofobia, por qué los productos light son una opción y cómo dejar de satanizar alimentos.

Georgina Gómez, nutrióloga y maestra en educación nutricional, afirma que el pensamiento de "todo o nada" sobre la alimentación carece de sustento científico. La especialista sostiene que no existe un plan de alimentación universal capaz de garantizar la salud, debido a que cada patrón nutricional debe ajustarse estrictamente al estilo de vida y al contexto del individuo.
En entrevista para ¡Qué Tal Fernanda! con Fernanda Familiar, la experta detalla que la promoción de etiquetas como "buenos" o "malos" a los alimentos entorpece la adopción de hábitos saludables. La especialista advierte que la quimiofobia, definida como el miedo o rechazo irracional a sustancias químicas en los productos, se ha convertido en una barrera que impide el aprovechamiento de atajos tecnológicos útiles en la vida diaria.
La quimiofobia no se combate prohibiendo palabras difíciles, sino con educación científica y pensamiento crítico. Los ingredientes que se encuentran hoy en el mercado son seguros, han pasado por revisiones de organismos independientes internacionales y nacionales. Ningún alimento por sí solo cura o enferma, es el contexto de la dieta", sentencia la nutrióloga.
Desmitificación de creencias sobre el consumo alimentario
Gómez enfatiza que la calidad de la alimentación se determina por el conjunto de nutrimentos ingeridos a lo largo del día y no por el número de comidas o la eliminación de grupos específicos. Sobre los mitos recurrentes, la especialista aclara que el huevo no eleva el colesterol y debe integrarse en la dieta diaria, mientras que los carbohidratos, como el pan, la pasta o la tortilla, actúan como la base necesaria para una nutrición equilibrada, siempre que se priorice el consumo de fibra.
El huevo es una proteína maravillosa y hay que comerlo completo. Podemos comer huevo diario; no eleva el colesterol. La OMS dice que la dieta debe ser equilibrada e incluir carbohidratos. Son la base de la alimentación; la clave es elegir los que tengan más fibra", detalla la especialista.
Precisión sobre el consumo de grasas y fruta
Respecto a las grasas, Gómez aclara que estas constituyen un nutrimento esencial con funciones metabólicas específicas. El consumo de grasas de origen vegetal, como el aceite de oliva o el aguacate, resulta preferible, aunque las grasas saturadas de origen animal también cumplen roles dentro de un esquema de alimentación balanceado. Asimismo, la nutrióloga descarta que el horario de consumo de la fruta afecte su valor nutricional, argumentando que el aporte de vitaminas y fibra se mantiene independientemente del momento del día en que se ingiera.
Las grasas son un nutrimento esencial. Hay que preferir grasas de origen vegetal, pero también las grasas saturadas de origen animal tienen funciones en el cuerpo. La clave es el equilibrio. La fruta puede comerse en cualquier momento del día; tiene nutrimentos, vitaminas, minerales y fibra", añade la especialista.
Ciencia, tecnología y el margen de seguridad
La maestra en educación nutricional subraya que los aditivos alimentarios cuentan con márgenes de seguridad amplios, determinados por organismos evaluadores, lo que garantiza su inocuidad en las cantidades utilizadas. Ante la confusión generada por estudios que establecen asociaciones sin causalidad, Gómez advierte que el público debe diferenciar entre la mera observación estadística y la evidencia médica real.
La ciencia y tecnología ha ayudado a que tengan menos grasa, azúcar y sal. Muchos estudios que encuentran asociaciones no significan causalidad. Hay una asociación entre mayor consumo de chocolate y mayor cantidad de premios Nobel, pero comer chocolate no te dará un premio Nobel", puntualiza la experta.
Sobre el manejo de la sobrepeso y la obesidad, la nutrióloga puntualiza que se trata de un fenómeno multifactorial ligado al consumo excesivo de calorías frente al gasto energético. La solución, según Gómez, reside en la planeación y en la adopción de atajos proporcionados por la ciencia alimentaria, como el uso de alimentos congelados o enlatados, los cuales conservan propiedades nutricionales comparables a los productos frescos.