El “invierno ruso” ya no es invencible: así cambia la guerra entre Rusia y Ucrania
El “invierno ruso” pierde fuerza mientras Ucrania abre nuevos frentes económicos y energéticos que presionan a Rusia.

Este ataque tuvo el potencial para afectar uno de los pilares de su economía: el sector energético. El episodio vuelve a poner sobre la mesa los riesgos que la guerra representa para los mercados financieros y para la economía mundial.
Recientemente, Rusia celebró elecciones parlamentarias, las primeras desde el aumento de las tensiones militares con Ucrania. El partido Rusia Unida, de Vladimir Putin, llegaba con una amplia ventaja en las preferencias electorales, que finalmente se reflejó en una contundente victoria.
Bajo este contexto, Ucrania lanzó más de mil drones contra territorio ruso, en uno de los mayores ataques de este tipo desde el inicio del conflicto. Cerca de la mitad tuvieron como objetivo la refinería de Kapotnya, en Moscú, propiedad de Gazprom Neft. Dicha refinería cuenta con una capacidad estimada de 230 mil barriles diarios, (cifra similar a la de la refinería de Salina Cruz, Oaxaca) y suministra alrededor de 40% de los combustibles que consume la capital rusa.

El ataque podría representar una escalada en el conflicto, al tener como objetivo una infraestructura energética rusa. Una interrupción significativa en su operación podría presionar los precios de los combustibles y, eventualmente, trasladarse a los costos de transporte, producción y consumo en distintos mercados alrededor del mundo.
Sin embargo, los mercados accionarios prácticamente hicieron caso omiso a la noticia. A pesar del posible impacto sobre los precios de los energéticos, el S&P 500 avanzó 1.49% al cierre de la jornada, mientras que el Nasdaq ganó 2.83%, en una de las mejores sesiones del mes.
El mercado de petróleo mostró una reacción distinta. Rusia es uno de los principales productores de crudo a nivel mundial y, aun así, durante la jornada del lunes el precio del WTI cayó cerca de 4.0 por ciento. La caída sugiere que, al menos en esa sesión, los inversionistas no anticiparon una interrupción significativa y prolongada en el suministro mundial de petróleo.
El contexto internacional, sin embargo, añade presión sobre Rusia. Tras el ataque, se anunció una reunión entre los mandatarios de Ucrania y Estados Unidos, aún sin fecha definida, en el marco de una cumbre de la ONU. Además, la semana pasada, el presidente estadunidense anunció aranceles de hasta 100% para los principales compradores de petróleo y gas rusos, una medida que incluye a China.

A esto se suma el costo económico que representa para Rusia mantener el conflicto. La Unión Europea estima que la guerra implica para el país un costo cercano a 250 mil millones de dólares por cada año que se prolonga. Con las sanciones, las restricciones comerciales y las presiones sobre su sector energético, el conflicto no sólo se libra en el terreno militar: también representa una batalla por los ingresos, el comercio y la estabilidad económica.
En este escenario, el ataque a la refinería de Kapotnya adquiere una relevancia que va más allá del daño a una instalación específica. La reacción de los mercados muestra que, por ahora, los inversionistas no parecen anticipar una disrupción energética de gran escala; sin embargo, la capacidad de Rusia para sostener sus ingresos energéticos seguirá siendo uno de los factores económicos clave de la guerra.
En junio, el procesamiento de las refinerías rusas cayó a 3.8 millones de barriles diarios, su nivel más bajo en más de 20 años y alrededor de 30 por ciento menor al registrado un año antes. La producción de gasolina disminuyó 20% respecto a 2025, mientras que la de diésel habría caído cerca de 30 por ciento. El deterioro ha llevado al gobierno ruso a restringir las exportaciones de combustible para proteger el suministro interno.
Rusia ha demostrado a lo largo de su historia una gran capacidad para resistir conflictos y adaptarse a escenarios adversos. Por ello, sería prematuro afirmar que el país ha perdido la guerra. Lo que sí parece estar cambiando es una de las viejas premisas del conflicto: el llamado “invierno ruso” ya no es una barrera infranqueable. Hoy, la presión económica, los ataques contra infraestructura estratégica y el debilitamiento de sus ingresos energéticos muestran que también es posible abrir nuevos frentes de batalla fuera del campo militar.
Por Noé Areyane y Víctor Hugo Martínez