A tres meses, sigue contaminación y daños agrícolas por incendio en pozo petrolero en Veracruz

Comunidades rurales viven entre humo, caída de residuos, afectaciones a cultivos, daños a viviendas y síntomas asociados a la inhalación de contaminantes.

Incendio en pozo de Veracruz
Los daños por el incendio en el pozo petrolero siguen expandiéndose en VeracruzLourdes López

Tres meses después del incendio en el pozo petrolero Krem‑1, en Veracruz, la emergencia ambiental y sanitaria continúa expandiéndose sobre una franja de comunidades rurales que hoy viven entre humo, caída de residuos, afectaciones a cultivos, daños a viviendas y síntomas asociados a la inhalación de contaminantes. 

Mientras Petróleos Mexicanos (Pemex) insiste en que el incidente “no está descontrolado” y promete iniciar trabajos de sofocación el próximo lunes, los habitantes documentan un deterioro que avanza sin contención y que ya compromete su salud, su economía y su territorio.

En La Guadalupe‑El Jabón, a dos o tres kilómetros en línea recta del pozo siniestrado, los pobladores describen un fenómeno que comenzó tras el incendio del 5 de marzo: una caída constante de un polvo blanquecino, una especie de salitre que cubre techos, hojas, viveros y pastizales. 

Las plantas se están muriendo, los platanares ya presentan daños y los techos de lámina se están poniendo blancos por todo lo que cae del aire”, relata un habitante mientras muestra hojas quemadas y cultivos secos. El material, aseguran, cae día y noche, y coincide con lo que describen como una posible lluvia ácida derivada de la combustión incompleta del pozo.

Las afectaciones no se limitan a la agricultura. En cuerpos de agua donde antes se realizaban actividades productivas, los vecinos observan residuos aceitosos y pérdida de fauna. En los pastizales, el ganado rechaza el forraje contaminado. En las viviendas, el polvo se acumula sobre superficies metálicas y acelera su corrosión. Y en las personas, los síntomas se repiten: irritación ocular, dolor de garganta, tos persistente, vómito y malestar general.

La lista de comunidades afectadas crece conforme avanza la emergencia: La Guadalupe‑El Jabón, Constitución Mexicana, Las Cruces, Ignacio López Rayón, Remolino, El Castaño, Las Isabeles, Ricardo Flores Magón, Lázaro Cárdenas, Nacimiento, entre otras. En todas se repite la misma escena: humo denso, olor penetrante, caída de residuos y una sensación de abandono institucional.

Este viernes 5 de junio, una capa espesa de humo cubrió nuevamente la zona. Habitantes enviaron registros donde se observa la neblina gris que envuelve caminos, parcelas y viviendas. La irritación de ojos y garganta se intensificó desde la madrugada. “Hoy amanecimos peor, el humo está metido en las casas”, reportan.

La preocupación no es infundada. Especialistas consultados por las comunidades advierten que la liberación de gas crudo sin combustión completa puede generar nubes inflamables que, al entrar en contacto con una fuente de ignición, provoquen llamaradas súbitas o explosiones. El riesgo, dicen, es real y permanente mientras el pozo siga ardiendo y expulsando gas.

Em dos semanas queda, prometen

En la conferencia mañanera de este viernes, el director de Pemex reconoció que el incidente ocurrió hace tres meses y aseguró que “no está descontrolado”. Añadió que se han llevado suministros para apagarlo y que “a partir del próximo lunes” iniciarán los trabajos para sofocarlo, con una expectativa de concluir en dos semanas. La declaración contrasta con lo que muestran los videos tomados por los habitantes: una columna de humo activa, ruido constante y emisiones visibles que se dispersan sobre las comunidades.

Mientras tanto, los pobladores continúan solicitando estudios ambientales, atención médica periódica, limpieza de suelos y cuerpos de agua, y una evaluación integral de daños. Hasta ahora, dicen, Pemex no ha realizado un diagnóstico público ni ha informado sobre la composición del material que cae del aire, el volumen de hidrocarburo derramado ni los riesgos asociados a la exposición prolongada.

La emergencia, lejos de disminuir, se ha vuelto una amenaza cotidiana. Tres meses después, el incendio sigue activo, el gas continúa fluyendo libremente a la atmósfera y las comunidades viven bajo una nube tóxica que avanza sobre sus cultivos, su salud y su vida diaria. La promesa de sofocación anunciada hoy, consideran, llega tarde para quienes ya perdieron cosechas, ganado, agua limpia y tranquilidad.

Temas:

mgid