Afectaciones en Venezuela son por el poco tiempo entre los dos temblores: doctor Carlos Valdés
El investigador de Geofísica de la UNAM negó que los temblores del 24 de junio sean por una nueva grieta o por alteraciones en el Cinturón de Fuego

El grado de destrucción sufrido por el doblete de sismos de 7.2 y 7.5 en Venezuela se debería al poco tiempo de recuperación entre ambos movimientos los cuales, a su vez, fueron generados por la acumulación de energía ante la poca actividad en las placas tectónicas que convergen en territorio venezolano.
Así lo estimó el doctor Carlos Valdés, investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien explicó que Venezuela está asentada al norte sobre la placa del Caribe, y al sur con la placa sudamericana, “estas dos placas se deslizan una con respecto a la otra y generan una gran zona de fractura”.
Algo parecido a lo que hemos escuchado sobre la falla de San Andrés. Lo mismo ocurre aquí, es una zona donde se generan sismos importantes. Ya habían tenido sismos, alrededor de magnitud de 7 o poco más. Lo que sucede es que parece ser que aquí no habían ocurrido sismos por mas de cien años; entonces, se acumula energía”
De acuerdo con el experto, estas dos placas tratan de imponer su movimiento natural; sin embargo, al estar atoradas, no lo pueden hacer, lo que significa que la energía se acumula hasta llegar a un punto de quiebre entre ambas, “lo que debió suceder es que primero se rompe un segmento que genera el sismo inicial, el de 7.2, y luego se genera otro sismo”.
Estoy seguro que si hubieran sido aislados estos sismos, o separados por más minutos, las consecuencias hubieran sido diferentes. Porque al estar tan cerca, literalmente, no habían terminado de estarse recibiendo las ondas sísmicas en zonas aledañas, incluyendo Caracas. Esto hace que se prolongue la vibración del terreno, los edificios fueron sometidos a vibraciones por más tiempo y esto comienza a degradar, a lastimar las estructuras. Pudo haber sido más de un minuto, hasta dos”.
En entrevista con Ivonne Melgar para la Primera Emisión de Imagen Radio, el doctor Valdés explicó que algo mismo similar ocurrió en el sismo del 19 de septiembre de 1985 de intensidad 8.1 con epicentro en las costas de Michoacán, “también una zona con más de 200 años de no haberse producido un sismo importante, se había acumulado mucha energía”.
Cuando finalmente se liberan, el fallamiento corre todavía más, tiene más fuerza, se prolonga más; y esto genera una ruptura grande que provoca un sismo de 8.1 y que produce los efectos que ya conocemos en la Ciudad de México. […] Otro problema con estos sismos en Venezuela es que son someros. El primero con profundidad de 25 kilómetros y el segundo de 10 kilómetros. Cuando tienen estas profundidades, aunque nos parezcan grandes, son en realidad someras, producen ondas superficiales que contienen amplitudes mayores y mayor número de ondas”.
No hay relación con sismos de Venezuela y la actividad del Cinturón de Fuego
El exdirector del Servicio Sismológico Nacional (SSN) aprovechó para descartar cualquier signo de alerta por un supuesto aumento de actividad en el Cinturón de Fuego, como se ha viralizado en redes, o de la generación de una nueva fractura en el mundo.
La lógica nos indica que hubo una conjunción de muchos sismos el día 24 de junio, cuando ocurrieron los de Venezuela. Pero la respuesta, les parecerá extraña, es que es una actividad común. Los sismos de Venezuela sí son un poco más grandes, pero no, nada fuera de lo que hemos visto. El que ocurrió en Japón de 7.2, y el del norte de California, y otros más en la zona conocida como el Cintutón de Fuego, que corresponde a los límites del Pacífico en la Placa del Pacífico, es independiente de las que estamos hablando”.
Asimismo, precisó en que todos los días tiembla en el mundo entero; incluso, dijo, el año pasado se registraron 39 mil sismos en México, de acuerdo con el SSN, “nos da en promedio cerca de 110 sismos por día, y difícilmente sentimos un sismo diario”.
¿Y qué podemos hacer al respecto?
El doctor Carlos Valdés recordó algunas medidas de prevención útiles considerando que vivimos en un territorio sísmicamente activo. Por ejemplo, dijo, documentar todas las afectaciones estructurales visibles que tengan nuestras viviendas para estar al pendiente de su avance y, en su caso, llevarlas a un experto para evaluar si el inmueble es estructuralmente seguro.
También destacó la realización de simulacros familiares y planes en caso de contingencias. Esto además de una mochila de emergencia que contenga agua, alimentos enlatados, un botiquín pequeño, lámpara, baterías, USB con documentos importantes digitalizados, fotografías de nuestros familiares o mascotas, así como impermeables y cobijas térmicas.
Desalojamos cuando suene la alerta sísmica, nos replegamos y, después, cuando salimos del edificio, llevar la mochila con nosotros; y ya nos da un sentido de seguridad porque tenemos ciertas cosas que nos pueden ayudar a sobrepasar los momentos complicados”.
Finalmente, pidió también ser solidarios con el pueblo venezolano y, en cuanto así se disponga por la Cruz Roja o las autoridades, hacer algún tipo de donaciones en especie o monetarias.