Sobrevivientes de sismos en Venezuela duermen en las calles ante temor de réplicas

A dos semanas de los terremotos que dejaron más de 3,500 muertos, la crisis habitacional y el riesgo sanitario se agudizan. Familias improvisan campamentos ante el colapso de infraestructuras y la saturación de los servicios forenses.

Hilyerin Subero, de 28 años, reacciona tras encontrar las llaves de su esposo, Jeison Nieto, después de los terremotos mortales del 24 de junio, en La Guaira, Venezuela, el 6 de julio de 2026.
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El impacto destructivo de los dos sismos que sacudieron la capital de Venezuela y sus regiones costeras mantiene a miles de ciudadanos en condiciones de vulnerabilidad extrema. A casi dos semanas de los movimientos telúricos de magnitudes 7.2 y 7.5 que azotaron el territorio, la población de Caracas enfrenta una severa crisis habitacional y un estado generalizado de paranoia que les impide reingresar a sus viviendas.

En puntos como la colonia San Bernardino, ubicada en el sector este de la capital, decenas de familias han optado por instalar campamentos improvisados y tiendas de campaña sobre las banquetas y vialidades públicas ante el temor persistente de nuevas réplicas destructivas.

El balance oficial de las víctimas fatales provocadas por ambos desastres ha aumentado a 3 mil 535 muertes registradas, mientras que la cifra de heridos se sitúa en 16 mil 740 personas.

En tanto, el volumen de ciudadanos desplazados que se han quedado sin hogar asciende a 17 mil 854 individuos tras los sismos originados con escasos segundos de diferencia el pasado 24 de junio. La Vicepresidencia Social del país reportó que al menos 12 mil 800 damnificados se encuentran distribuidos en 80 albergues habilitados entre Caracas y La Guaira, siendo esta última localidad el epicentro de los daños más severos en infraestructura civil.

La respuesta de los cuerpos de socorro y la sociedad civil se mantiene activa en las zonas de desastre. Organizaciones religiosas de filiación católica y evangélica han desplegado brigadas de apoyo en los campamentos callejeros para distribuir porciones de alimentos, medicamentos e insumos de primera necesidad para menores de edad y personas con discapacidad.

El entorno urbano se encuentra vigilado por elementos de la Policía Nacional Bolivariana y el Ejército venezolano, quienes coordinan las labores de seguridad perimetral mientras persisten los trabajos de remoción de escombros mediante el uso de maquinaria pesada en múltiples estructuras colapsadas donde aún se presume la presencia de personas desaparecidas o incomunicadas.

Riesgos sanitarios en los albergues y despliegue médico de emergencia

La habitabilidad en espacios públicos y refugios temporales ha encendido las alarmas de los organismos internacionales debido a las condiciones de hacinamiento y la falta de servicios básicos. Representantes del Centro de Operaciones de Emergencia de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) advirtieron que los riesgos epidemiológicos en los campamentos transitorios se agudizan de forma acelerada por la interrupción en el suministro de agua potable, la ventilación deficiente, los problemas de saneamiento ambiental y el manejo inadecuado tanto de residuos sólidos como de alimentos.

Para mitigar brotes infecciosos, se gestionan campañas de inmunización enfocadas en la administración de vacunas contra la difteria, tétanos, sarampión, rubéola y paperas.

La gestión y el procesamiento de las víctimas mortales representa uno de los desafíos logísticos más complejos para las brigadas de rescate. Ante la saturación de los servicios forenses, se constató el uso de camiones para el traslado de ataúdes y maquinaria pesada destinada a la excavación de zanjas en explanadas de La Guaira, sitios que operan como camposantos provisionales con fosas comunes para depositar los restos de personas no identificadas.

La Organización Panamericana de la Salud ha facilitado insumos especializados, guías técnicas, bolsas para cadáveres, así como tres contenedores refrigerados en el puerto de La Guaira y dos crematorios adicionales para agilizar el manejo sanitario de los cuerpos recuperados de entre los escombros.

Los habitantes de los campamentos asisten a espacios comunitarios denominados como "muros de la esperanza" para colocar fotografías de sus familiares con el propósito de obtener indicios sobre su paradero.

El temor de la ciudadanía se fundamenta en no saber si sus allegados continúan con vida bajo las estructuras derrumbadas o si ya fueron trasladados a las fosas comunes del gobierno sin un registro oficializado.

A nivel internacional, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) mantiene la coordinación de un plan de respuesta humanitaria que ha captado 274 millones de dólares para financiar las operaciones de los equipos especializados de ingeniería y apoyo médico en los sectores más afectados del territorio venezolano.

mgid