Alteración en la microbiota altera todo el metabolismo y el estado de ánimo: Dr. Ricardo Guzmán
¿El intestino es tu segundo cerebro? Expertos explican cómo la microbiota regula tu estado de ánimo, metabolismo y qué probióticos realmente funcionan.

La ciencia médica ha dado un giro fascinante en la última década: el intestino ya no es visto solo como un órgano digestivo, sino como un "segundo cerebro".
En entrevista para ¡Qué tal Fernanda! con Fernanda Familiar, el doctor Ricardo Guzmán, Médico Cirujano. Especialista en genética médica y la doctora Diana Leyva, Académica de ingeniería de alimentos de la Universidad Iberoamericana CDMX, hablan del complejo ecosistema conocido como microbiota.
Lejos de la vieja idea de la "flora intestinal", la microbiota es un ecosistema dinámico compuesto por billones de bacterias, virus, hongos y levaduras. Este conjunto de microorganismos es tan vital que los especialistas lo catalogan actualmente como un órgano más.
Su función trasciende la simple absorción de nutrientes: estas bacterias producen neurotransmisores críticos como la serotonina y la dopamina, además de ácidos grasos de cadena corta (acetato, butirato y propionato) que regulan nuestra salud general y sistema inmune.
Estudios recientes, citados por los especialistas, han demostrado que la microbiota de personas con depresión o condiciones de obesidad, al ser trasplantada a sujetos sanos en modelos de investigación, puede replicar los síntomas de dichas enfermedades. Esto confirma que una "disbiosis" o alteración de este ecosistema no solo afecta nuestra digestión, sino que puede disparar procesos inflamatorios, desequilibrios metabólicos e incluso estados depresivos.
El intestino y el cerebro tienen una conversación biológica constante a través de neurotransmisores como la serotonina, que es producida en gran parte por bacterias intestinales".
Factores como el estrés crónico, el sedentarismo, el abuso de antibióticos y el consumo de alimentos ultraprocesados son los principales enemigos de este equilibrio.
Ante la enorme oferta de probióticos, la recomendación de los expertos es clara: no todos funcionan para lo mismo.
Un probiótico debe tener nombre, apellido y cepa específica", explica el Dr. Guzmán.
No es lo mismo un suplemento para tratar una diarrea que uno enfocado en la salud metabólica.
Subrayan que los probióticos no son soluciones mágicas; requieren de prebióticos —el alimento para estas bacterias, principalmente fibra presente en leguminosas, hojas verdes y granos— y deben consumirse por periodos mínimos de tres meses para ver cambios reales.
La conclusión es un llamado al retorno a lo básico: evitar los enjuagues bucales desmedidos que alteran la microbiota local y priorizar alimentos frescos, fermentados naturales (como el kéfir, siempre bajo medidas higiénicas) y una dieta diversa en colores.
La salud, en última instancia, comienza en lo que elegimos poner en nuestro plato cada día.