Barrios de Xochimilco: El origen místico e historias ocultas más allá de las trajineras

Conoce el enigma prehispánico de los barrios de Xochimilco: historia y leyendas coloniales más allá de las trajineras.

Barrios de Xochimilco
Barrios de XochimilcoCanva

Conocer sobre los barrios de Xochimilco es adentrarse a un mundo más allá de las trajineras y aprender sobre el origen místico e historias ocultas de este legendario territorio ubicado en plena capital mexicana.

Para el turista promedio y el habitante casual de la CDMX, mencionar la palabra Xochimilco evoca de manera automática una postal festiva y colorida: el choque alegre de las trajineras sobre canales flanqueados por sauces, el sonido de la música de los mariachis flotando en el aire húmedo, el olor a maíz asado y el brillo de las plantas que se venden en los embarcaderos.

Pero debajo del folklore comercial de los canales sobrevive un tejido urbano y espiritual que se resiste a ser devorado por la mancha de concreto de la megalópolis.

Estas calles se estructuran a través de sus barrios originarios, fragmentos de tierra que conservan los nombres y lógicas de organización de las antiguas calpullis prehispánicas.

Barrios de Xochimilco
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El origen de Xochimilco

Xochimilco significa "Lugar en la sementera de las flores" (Xōchimīlco), su origen se remonta al año 1352, cuando la tribu xochimilca se asentó en el islote de Tlilan, estableciendo los cimientos de una ciudad lacustre que llegó a controlar un área de chinampas que, en su apogeo durante el Posclásico Tardío, alcanzó las 12,000 hectáreas de extensión, funcionando como el principal motor agrícola y alimentario del Valle de México.

La zona urbana central está conformada por un grupo de entre 17 y 18 barrios originarios tradicionales (dependiendo de las delimitaciones históricas locales).

Estos espacios no solo conservan su traza del siglo XVI, caracterizada por la intercalación original de "calles de tierra" y "calles de agua" (canales que fueron pavimentados durante los siglos XIX y XX), sino que albergan una densidad de fiestas patronales única en el mundo: se calcula que en el territorio de Xochimilco se celebran más de 400 festividades al año.

Por estos motivos y otros más, la UNESCO nombró a Xochimilco como Patrimonio Cultural de la Humanidad el 11 de diciembre de 1987.

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Los barrios más populares de Xochimilco

San Juan

El Barrio de San Juan es considerado uno de los asentamientos más antiguos e impregnados de simbolismo histórico de la zona. Su geografía urbana se caracteriza por calles sinuosas y fachadas de piedra volcánica que resguardan la Capilla de San Juan Bautista, un templo cuya arquitectura sencilla esconde una de las transiciones espirituales más profundas de la época de la conquista española.

De acuerdo con la tradición oral, el territorio de San Juan fue el escenario de un encuentro histórico durante el asedio final de Tenochtitlán en 1521. Se relata que Cuauhtémoc, el último tlatoani mexica, acudió a este barrio con el objetivo de negociar el apoyo militar de los guerreros xochimilcas.

Como testimonio de su presencia y de las negociaciones de resistencia indígena, la memoria local asegura que Cuauhtémoc plantó un árbol de sabino (ahuehuete) en el corazón del barrio.

Este coloso vegetal, que ha resistido los embates del desarrollo urbano, la pavimentación y las sequías del acuífero, sigue en pie en la intersección de las calles del barrio, funcionando para los habitantes actuales como un monumento sagrado a la autonomía indígena y un recordatorio de que las raíces de Xochimilco están ligadas a la resistencia y no a la sumisión.

Santa Crucita

El Barrio de Santa Crucita posee una atmósfera marcadamente mística, acentuada por su pequeña y hermosa capilla pintada de tonos encendidos y sus calles estrechas que se hunden hacia la zona de los embarcaderos tradicionales.

Los relatos recopilados por investigadores de la memoria oral en Santa Crucita insisten en la presencia histórica del nahual, un ser humano con la capacidad chamánica de transformar su cuerpo en el de un animal para cumplir diversos propósitos en el plano terrenal.

De acuerdo con campesinos y remeros, durante las madrugadas de niebla, era común encontrarse con estos animales deambulando sin rumbo por los callejones o parados inmóviles en las orillas de las chinampas.

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La Noria

El Barrio de La Noria, famoso en la actualidad por albergar importantes centros culturales y museos de renombre internacional, debe su nombre de origen colonial a las grandes estructuras mecánicas utilizadas para extraer agua dulce de los ricos acuíferos que alimentaban el sur de la cuenca.

Una de las historias más arraigadas en este barrio es el encuentro con el Charro Negro, una entidad vestida con indumentaria de gala de charro mexicana, montada sobre un caballo azabache, que suele aparecerse en los cruces de caminos solitarios y en las inmediaciones de los antiguos cuerpos de agua.

El espectro se aparecía para ofrecer bolsas de monedas de oro a cambio de un contrato espiritual implícito. Los relatos de la tradición oral afirman que aquellos que aceptaban el pacto lograban una prosperidad económica fulminante pero efímera, desapareciendo misteriosamente de la comunidad al cabo de unos años sin dejar rastro.

El Niñopa como eje vecinal de Xochimilco

No es posible comprender el alma mística de los barrios de Xochimilco sin analizar el fenómeno social, religioso y antropológico más importante de la región: la devoción al Niñopa (o Niño-Pa).

Esta escultura de madera de colorín que data del siglo XVI, que representa al Niño Jesús, vive en las casas de los propios habitantes de los barrios originarios, mudándose de hogar cada dos de febrero durante la Fiesta de la Candelaria.

El mecanismo que regula el cuidado del Niñopa se conoce como el sistema de mayordomía. El mayordomo es un ciudadano o familia de los barrios que asume la responsabilidad de hospedar a la imagen en su casa durante un año entero, costeando de su propio bolsillo las comidas comunitarias, las misas, los fuegos artificiales y los ropones que se le obsequian.

Los barrios de Xochimilco tienen historias más allá de las trajineras, con una memoria histórica que no olvida y sigue siendo devota a su tierra.

mgid