"Pierde el miedo a la pluma" con Arely Oliva y su libro '101 locuras y otras ideas para escribir'
Descubre "101 locuras y otras ideas para escribir" de Arely Oliva, un libro interactivo diseñado para vencer la página en blanco y crear sin barreras.

En un entorno dominado por la inmediatez digital y pantallas omnipresentes, reencontrarse con el trazo de la pluma puede ser un acto transformador. Con esta premisa nace 101 locuras y otras ideas para escribir, el más reciente proyecto de la educadora y escritora Arely Oliva.
La obra no busca imponer rigidez pedagógica, sino abrir un canal lúdico e interactivo para conectar con la expresión personal y superar el abrumador bloqueo frente a la página en blanco.

El aula como detonante creativo
La inquietud de Oliva por transformar la relación de los jóvenes con las palabras nació directamente en las aulas. Durante su labor como docente, tanto en la educación tradicional como en esquemas alternativos como el método Montessori, percibió una resistencia generalizada hacia la redacción. A menudo, la escritura era concebida como un mero requisito escolar o, peor aún, como un castigo repetitivo.
A los niños y adolescentes no les gusta mucho escribir. Por eso se me ocurrió que había que crear o diseñar estrategias distintas para abordar este tema y lograr que los chicos disfruten de algo tan lindo, porque la escritura es maravillosa".
Esta constatación impulsó la creación de un manual donde la instrucción teórica cede su lugar al juego y la exploración práctica.

Creatividad tangible y pensamiento crítico
El diseño del libro prioriza la acción sobre el aula tradicional. En lugar de extensas explicaciones sobre ortografía o sintaxis, cada página exige intervenir el material con las manos, promoviendo una experiencia sensorial completa.
A través de dinámicas que combinan el autoconocimiento con el movimiento, la autora busca estimular la imaginación y fortalecer el pensamiento analítico en un entorno de sobredosis tecnológica.
En tema de creatividad, todo lo relacionado a ello implica hacer con las manos, crear, escribir. Me gusta que es un libro práctico, un libro de ejercicios, porque la escritura requiere que sea un tema práctico. Cada una de estas actividades también están basadas en tener un autoconocimiento, una introspección."
De este modo, dinámicas como escribir pensamientos negativos para luego destruirlos o imaginar diálogos con el "yo del futuro" convierten el cuaderno en un espacio interactivo de reflexión personal.

Redefinir la experiencia de la palabra escrita
Para Arely Oliva, el proceso de redacción debe desprenderse de las ataduras de la memorización pasiva. Al recordar sus propias etapas escolares —donde se priorizaba el copiado repetitivo sobre la construcción de ensayos o posturas críticas— la autora estructuró una propuesta que promueve el desarrollo integral del individuo.
La meta no es únicamente afinar la técnica, sino invitar al lector a descubrir una vía propia para proyectar sus emociones sin restricciones.
Para mí la escritura es un refugio, es un escape, es libertad de expresarme libremente, es ser yo misma y tener la posibilidad de crear mundos mágicos y personajes que vengan a mi mente. Y también esta parte de romper con lo establecido."
Busca desmantelar la idea de que la escritura está reservada para unos cuantos, abriendo las puertas a cualquiera que desee explorar su voz.

Un refugio para encontrar la propia voz
Aunque originalmente pensado para el ámbito escolar, el libro ha comenzado a articular espacios de encuentro cotidiano fuera de las aulas. Desde grupos de lectura hasta reuniones entre amigos, sus ejercicios funcionan como un catalizador para entablar conversaciones profundas, romper rutinas y reencontrarse con la creatividad compartida.
Me gustaría que este fuera un refugio para ellos también en el que puedan expresar lo que sienten, lo que piensan y lo que aún no se han atrevido a decir y que descubran que su voz tiene un lugar en este mundo a través de la palabra escrita."
En última instancia, 101 locuras y otras ideas para escribir propone un camino accesible y divertido para reencontrarse con la caligrafía propia. La propuesta invita a ver la escritura no como una tarea técnica, sino como un ejercicio libre, reflexivo e indispensable para descubrir quiénes somos.