Bonos de carbono: advierten que sobreestiman hasta 10 veces su impacto climático
Expertos cuestionan los bonos de carbono y advierten que sus proyectos podrían sobreestimar hasta 10 veces su impacto climático.

Los proyectos de compensación de carbono carecen de sustento científico, sobreestiman su impacto climático hasta 10 veces y frenan la verdadera innovación tecnológica hacia un futuro bajo emisiones, afirma el biólogo y consultor ambiental, Luis G. López Lemus.
Explica que las estrategias actuales de compensación de emisiones y los mercados de bonos de carbono representan una falacia financiera y ambiental que, lejos de frenar el cambio climático, estimula el aumento de los gases de efecto invernadero a largo plazo.
La compensación es peor que no hacer nada, carece de legitimidad científica, es peligrosamente engañosa pues casi con toda seguridad contribuye a un aumento neto en la tasa absoluta de crecimiento de las emisiones globales”, comenta López Lemus.
El sustento de estos mecanismos económicos descansa sobre supuestos que ignoran las leyes físicas acumulativas del planeta, las cuales exigen medir el impacto total de las emisiones en una ventana de 100 años.

No tiene sentido reducir las emisiones en una tonelada a corto plazo si el efecto derivado supone la emisión de dos toneladas en 2020 o incluso de 1.5 toneladas en, digamos, 2050”, advirtió el especialista al cuestionar la efectividad del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) surgido del Protocolo de Kyoto.
En el terreno económico y de negocios, los créditos de carbono generan distorsiones severas que desincentivan la inversión en tecnologías de verdadera mitigación y reducen la competitividad de las alternativas limpias.
“Si se considera que la compensación tiene equivalencia con la mitigación, el incentivo para adoptar tecnologías, comportamientos, estrategias y prácticas con bajas emisiones de carbono, se reducen en consecuencia”, explicó López Lemus sobre cómo la compra de bonos sustituye la transformación real de las industrias.
Esta dinámica distorsiona las señales del mercado financiero al perpetuar la infraestructura intensiva en capital fósil en lugar de acelerar la transición hacia esquemas digitales o energéticamente eficientes.

“La compensación, en todas las escalas, debilita los actuales impulsores del cambio y reduce la innovación hacia un futuro con bajas emisiones de carbono pues va en contra de las señales del mercado que promueven la mejora de las tecnologías”, enfatizó el consultor estratégico.
A FONDO
El problema de fondo radica en la imposibilidad de calcular la fuga de carbono e impactos colaterales en horizontes de tiempo prolongados, lo que equivale a pretender adivinar la evolución económica de un siglo entero.
Prever las emisiones a un siglo presumiría poderes de predicción que habrían vaticinado el Internet y las líneas aéreas de bajo costo enseguida del telégrafo de Marconi en 1901 o el vuelo inaugural de los hermanos Wright dos años después”, argumentó el biólogo para evidenciar el vacío analítico de las normativas vigentes.
Aunado a la falta de rigor en la medición, la inyección de capital por compensaciones en regiones en desarrollo desencadena paradojas donde la nueva prosperidad genera un consumo sustancialmente mayor de hidrocarburos. “Las emisiones de mi vuelo original seguirán teniendo un impacto en el calentamiento que se busca evitar”.