La trampa que Japón construyó alcanza a EU: el carry trade del yen se desarma

Japón desmonta su era de dinero barato y el carry trade del yen entra en jaque, con efectos que alcanzan a los mercados de EU.

La trampa que Japón construyó alcanza a EU: el carry trade del yen se desarma.
La trampa que Japón construyó alcanza a EU: el carry trade del yen se desarma.Canva

Durante más de tres décadas, Japón funcionó como el gran proveedor de capital barato del mundo. Su banco central mantuvo tasas de interés en cero, incluso negativas, mientras el resto del planeta encarecía el dinero para frenar la inflación.

Esa anomalía alimentó uno de los juegos financieros más rentables y riesgosos de la economía contemporánea: el carry trade del yen. Hoy ese esquema está siendo desmantelado, y las consecuencias se sienten desde Tokio hasta Washington.

El 2 de septiembre de 2026, el rendimiento del bono soberano japonés a 10 años superó el 3% por primera vez desde septiembre de 1996. No es un dato menor: estamos hablando de uno de los mercados de deuda más grandes del planeta, con más de 1,100 billones de yenes en circulación. Cuando ese mercado se mueve, el sistema financiero global acusa el golpe.

El mecanismo de transmisión a los mercados globales es a través del llamado carry trade.

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El carry trade del yen consiste, en su versión más elemental, en pedir prestado en yenes a tasas casi nulas, convertirlos a otra divisa y colocarlos en activos de mayor rendimiento: bonos del Tesoro estadounidense, acciones tecnológicas o incluso pesos mexicanos. La ganancia proviene del diferencial de tasas. El riesgo: si el yen se aprecia, las pérdidas cambiarias destruyen esa ventaja en cuestión de horas. Eso ocurrió exactamente en agosto de 2024, cuando el Banco de Japón (BoJ) elevó su tasa a 0.25%: una liquidación abrupta del carry trade provocó una de las jornadas más volátiles del año en mercados globales. Ahora la tasa está en 1%, su nivel más alto en 30 años, y los mercados están en alerta.

El BoJ ha dejado claro que seguirán subiendo tasas. El gobernador Kazuo Ueda anunció que el banco discutirá tasas de interés en cada reunión futura. Hajime Takata, miembro hawkish del consejo del BoJ (con sesgo al alza en las tasas), fue más explícito: señaló que 2026 marca “el inicio de una nueva fase” en la que los incrementos serán “ágiles” y no a un ritmo fijo. Los mercados de swaps ya descuentan una probabilidad del 25% de que el BoJ suba tasas tanto en septiembre como en octubre.

El yen refleja estas expectativas: tras tocar 163 yenes por dólar a mediados de julio, su nivel más débil en décadas, se apreció a 155.40 yenes esta semana, un movimiento de más del 2% en una sola jornada. La intervención conjunta de Japón y Estados Unidos entre julio y agosto costó un récord histórico de 96,000 millones de dólares. Sin embargo, más de la mitad de esas ganancias cambiarias se evaporaron en semanas.

En la reunión del G20 celebrada en Asheville, Carolina del Norte, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, fue directo: espera que el BoJ “haga lo correcto” y que el gobierno japonés adopte medidas que fortalezcan el yen. La razón del nerviosismo de Washington es estructural: Japón es el mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro de Estados Unidos, con más de 1.1 billones de dólares. Si las grandes instituciones financieras japonesas, como fondos de pensiones y aseguradoras, deciden repatriar capital hacia activos domésticos, ahora que los rendimientos locales resultan más atractivos, la presión sobre la deuda estadounidense podría ser significativa. JP Morgan estima que las posiciones cortas en yen ascienden a 16-17 billones de yenes; si se deshicieran de forma desordenada, el tipo de cambio podría caer al rango de 142-146 yenes por dólar, con ondas de choque globales.

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El otro flanco crítico es el fiscal. La primera ministra Sanae Takaichi impulsa un programa de gasto expansivo que ya generó solicitudes presupuestarias por 143 billones de yenes (un récord absoluto), junto a una rebaja del IVA de 5 billones de yenes anuales. El costo del servicio de la deuda se dispara: los intereses sobre bonos soberanos llegarán a 16.5 billones de yenes en 2027, equivalentes al 2.5% del PIB, el doble que en 2024, en una economía cuya deuda total ya supera 260% del PIB.

Los bancos regionales, con el 7.7% de sus carteras en préstamos al filo de convertirse en incobrables, enfrentan pérdidas no realizadas en bonos que crecieron 40% en un año hasta 3.3 billones de yenes. El sistema resiste, pero el margen se estrecha con cada alza de tasas.

Japón demostró durante décadas que deflación y estancamiento pueden coexistir con la estabilidad financiera. Ahora demuestra que salir de esa trampa tiene costos propios y no siempre controlables. La normalización del BoJ no es un asunto doméstico: es un reajuste de los flujos de capital global que lleva años gestándose y cuyo desenlace sigue abierto. El bono japonés a 10 años en 3% no es el fin del mundo, pero sí es la señal de que una era ha terminado.

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