Elecciones en Israel 2026: qué está en juego para Netanyahu y qué podría cambiar en Medio Oriente
Israel celebra sus primeras elecciones desde los ataques de Hamás de 2023, en una disputa marcada por la seguridad, el futuro de Gaza y la continuidad del gobierno de Benjamin Netanyahu.

Tres años después del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, Israel vuelve a las urnas en medio de una profunda división política, cuestionamientos a su estrategia militar y un creciente desgaste por los conflictos que ha enfrentado en Medio Oriente.
Este martes 27 de octubre, más de siete millones de israelíes están convocados a participar en unas elecciones parlamentarias que determinarán si el primer ministro Benjamin Netanyahu consigue mantenerse en el poder o si la oposición logra formar un nuevo gobierno, encabezada por el exjefe militar Gadi Eisenkot.
La votación ocurre en un momento especialmente delicado para Israel. Los enfrentamientos militares en Gaza, Líbano e Irán, las tensiones por la ocupación de Cisjordania y el deterioro de las relaciones internacionales han colocado la seguridad nacional en el centro de la campaña.
Sin embargo, las elecciones también están atravesadas por asuntos internos: el aumento del costo de vida, las exenciones del servicio militar para los judíos ultraortodoxos y las exigencias de una investigación independiente sobre los fallos de seguridad que permitieron los ataques de 2023.
Aunque Netanyahu y Eisenkot representan proyectos políticos distintos, ambos comparten posiciones restrictivas sobre la creación de un Estado palestino y defienden mantener una estrategia de seguridad firme.
Por ello, más allá de quién consiga encabezar el próximo gobierno, las elecciones plantean interrogantes sobre el futuro político de Israel y el rumbo de su relación con los territorios palestinos y los países de la región. ¿Qué se elige en Israel y cómo funciona su sistema electoral?
A diferencia de México, donde los ciudadanos eligen directamente a la persona que ocupará la Presidencia, en Israel los votantes eligen a los integrantes de la Knéset, el Parlamento nacional.
Este órgano legislativo está compuesto por 120 escaños, que se distribuyen mediante un sistema de representación proporcional entre los partidos políticos que consiguen al menos el 3.25% de los votos nacionales.
Esto significa que los israelíes no votan directamente por su primer ministro, sino por listas de candidatos de partidos o alianzas políticas.
Una vez distribuidos los escaños, comienza el proceso para formar gobierno. Para contar con una mayoría absoluta en la Knéset se necesitan al menos 61 de los 120 asientos, una cifra que históricamente ha obligado a los principales partidos a negociar acuerdos con otras fuerzas políticas.
De acuerdo con la explicación del sistema electoral publicada por The Jerusalem Post, el dirigente del partido que obtiene más escaños no se convierte automáticamente en primer ministro. Su llegada al cargo depende de que consiga reunir el respaldo parlamentario necesario. Por ello, las negociaciones posteriores a las elecciones podrían ser tan importantes como el resultado de la votación.
En estas elecciones, el Likud, partido de Netanyahu, enfrenta a Yashar, encabezado por Eisenkot, además de otras fuerzas que representan distintas corrientes de la derecha, el centro, la izquierda y la población árabe israelí.
Entre los protagonistas también figuran el ex primer ministro Naftali Bennett, el ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir y el dirigente de centroizquierda Yair Golan. Netanyahu frente a Eisenkot: ¿quiénes disputan el poder en Israel?
Benjamin Netanyahu, de 77 años, es el primer ministro que más tiempo ha gobernado Israel. Llegó por primera vez al poder en 1996, regresó en 2009 y, después de perder el gobierno en 2021, inició un nuevo mandato a finales de 2022.
Su trayectoria política ha estado marcada por una visión de seguridad basada en la superioridad militar, los servicios de inteligencia y la capacidad de disuasión frente a los adversarios de Israel.
Sin embargo, esa estrategia quedó cuestionada después del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, cuando las fuerzas de seguridad israelíes no lograron impedir una ofensiva que dejó alrededor de 1,200 muertos y 251 personas secuestradas.
Durante la campaña, Netanyahu ha defendido las operaciones militares desarrolladas desde entonces contra Hamás en Gaza, Hezbolá en Líbano e Irán, presentándolas como parte de una transformación de la seguridad regional.
Su discurso también se ha concentrado en el rechazo a un Estado palestino. Uno de los lemas centrales de su campaña, "O la derecha o Palestina", busca presentar la continuidad del Likud como una garantía frente a lo que considera amenazas para la existencia y la seguridad de Israel.
A sus problemas políticos se suman un proceso judicial por corrupción en Israel y una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad relacionados con Gaza. Netanyahu rechaza las acusaciones.
Del otro lado se encuentra Gadi Eisenkot, de 66 años, quien fue jefe del Estado Mayor israelí entre 2015 y 2019 y ahora encabeza el partido centrista Yashar.
El exmilitar ha construido su campaña alrededor de la promesa de recuperar la unidad interna de Israel, fortalecer sus instituciones y exigir responsabilidades por los errores de seguridad de 2023.
Eisenkot perdió a su hijo Gal y a dos sobrinos durante los combates en Gaza, una experiencia personal que también ha marcado su participación política.
No obstante, su candidatura no supone necesariamente un cambio profundo en la estrategia militar israelí.
Durante su trayectoria en las fuerzas armadas estuvo vinculado con la llamada doctrina Dahiya, asociada al empleo de fuerza militar de gran intensidad contra infraestructura en zonas donde operan grupos armados.
Además, al igual que Netanyahu, rechaza la creación de un Estado palestino en las condiciones actuales y sostiene que Israel debe conservar el control sobre Cisjordania por razones de seguridad.
Sus diferencias aparecen principalmente en el funcionamiento de las instituciones, la relación entre religión y Estado y la respuesta frente a la violencia de los colonos israelíes contra la población palestina.
Eisenkot ha prometido combatir esos ataques, proteger la independencia judicial y fortalecer los derechos de las minorías, mientras acusa al gobierno de Netanyahu de haber profundizado las divisiones internas del país. ¿Por qué el 7 de octubre de 2023 sigue marcando las elecciones?
El ataque encabezado por Hamás en octubre de 2023 no solo provocó una guerra de consecuencias devastadoras en Gaza, sino que también puso en entredicho uno de los principales pilares de la política israelí: la capacidad del Estado para anticipar y prevenir amenazas contra su territorio.
Durante décadas, la doctrina de seguridad de Israel descansó en la combinación de inteligencia, disuasión y operaciones militares rápidas.
Sin embargo, la ofensiva de Hamás expuso fallos en esos mecanismos, lo que abrió un debate sobre la responsabilidad de las autoridades civiles y militares.
Uno de los principales reclamos de sectores de la sociedad israelí es la creación de una comisión independiente que investigue las decisiones y omisiones que hicieron posible el ataque.
Netanyahu se ha resistido a establecer una comisión estatal independiente en los términos exigidos por sus críticos y ha propuesto un mecanismo de investigación con integrantes designados por los partidos representados en el Parlamento.
La oposición considera que ese modelo no garantizaría la independencia necesaria para determinar las responsabilidades del gobierno.
Eisenkot ha colocado el tema entre sus principales argumentos electorales y sostiene que Israel necesita reconocer los errores cometidos para evitar un nuevo ataque de características similares.
La discusión también alcanza a la estrategia militar desarrollada durante los últimos tres años.
Después de octubre de 2023, Israel pasó de una política centrada principalmente en la disuasión a mantener operaciones prolongadas en distintos frentes, acompañadas por la movilización repetida de decenas de miles de reservistas.
Este modelo ha generado presiones sobre el ejército, la economía y la vida cotidiana de numerosos ciudadanos israelíes.
Al mismo tiempo, las operaciones militares han provocado graves consecuencias humanitarias, especialmente en Gaza, y un creciente cuestionamiento internacional por el impacto sobre la población civil.
De acuerdo con medios locales, las responsabilidades por el ataque de 2023 y el costo de los conflictos posteriores se encuentran entre los principales asuntos que influyen en la decisión de los electores. ¿Cuáles son los principales temas de las elecciones israelíes?
Aunque la seguridad domina buena parte de la campaña, existen otros asuntos que han profundizado las diferencias entre los partidos y que tendrán consecuencias directas para el próximo gobierno.
Uno de los más controvertidos es el servicio militar obligatorio y las exenciones concedidas a sectores de la comunidad judía ultraortodoxa.
En Israel, el servicio militar es obligatorio para gran parte de la población judía, tanto hombres como mujeres, aunque existen distintas excepciones.
Históricamente, numerosos estudiantes de instituciones religiosas ultraortodoxas han quedado exentos del reclutamiento, un privilegio cuestionado por otros sectores sociales.
El debate adquirió mayor intensidad después de 2023, cuando las fuerzas armadas comenzaron a enfrentar una creciente necesidad de personal debido a la duración de los conflictos.
Los partidos ultraortodoxos, aliados tradicionales de Netanyahu, defienden la continuidad de las exenciones para quienes se dedican al estudio religioso.
Eisenkot, por su parte, propone una ley de servicio nacional universal que incorpore a los judíos ultraortodoxos y a los ciudadanos árabes israelíes mediante modalidades de servicio militar o civil.
La controversia refleja una discusión más amplia sobre las obligaciones de los ciudadanos y la influencia de la religión en las decisiones del Estado.
Otro asunto es el costo de vida.
Pese al desarrollo tecnológico de Israel, su crecimiento económico de largo plazo y sus bajos niveles de desempleo, numerosos hogares enfrentan dificultades por los precios de la vivienda, los alimentos y otros productos básicos.
Los economistas señalan que la falta de competencia en determinados sectores, las barreras comerciales y los problemas del mercado inmobiliario contribuyen a mantener elevados los precios.
La guerra también ha incrementado las presiones sobre las finanzas públicas. Desde 2023, el gasto militar ha aumentado considerablemente, mientras que el gobierno ha recurrido a mayores cargas fiscales.
A estos temas se suma la discusión sobre la independencia judicial, los derechos de las minorías y el papel de los partidos religiosos en la legislación.
La oposición acusa a Netanyahu y a sus aliados de favorecer un modelo político que amplía la influencia de la religión y debilita los contrapesos institucionales, mientras que sus partidarios defienden diversas reformas como mecanismos para preservar el carácter judío del Estado y modificar el equilibrio entre sus poderes.
Finalmente, la posibilidad de nuevas sanciones internacionales contra Israel ha abierto otro frente de discusión económica y diplomática.
Las críticas internacionales se concentran especialmente en la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania ocupada y en la violencia ejercida por colonos contra comunidades palestinas. ¿Qué podría cambiar en Gaza, Cisjordania y Medio Oriente?
Uno de los principales interrogantes de estas elecciones es hasta qué punto un cambio de gobierno podría modificar la política de Israel hacia los territorios palestinos y sus adversarios regionales.
La respuesta no es sencilla, porque las diferencias entre Netanyahu y Eisenkot no necesariamente implican proyectos contrapuestos en todos los asuntos de seguridad.
Netanyahu defiende la continuidad de una estrategia militar destinada a impedir que Hamás recupere su capacidad de gobierno y ataque en Gaza, mantener la presión sobre Hezbolá y contener la influencia de Irán.
También ha respaldado la expansión de los asentamientos israelíes y medidas encaminadas a reforzar el control sobre partes de Cisjordania ocupada.
Eisenkot, aunque critica la conducción política de los conflictos, también plantea impedir que Hamás vuelva a gobernar Gaza.
Durante su campaña prometió terminar con el gobierno del movimiento palestino en un plazo de 18 meses, mediante la aplicación de mecanismos previstos en el plan de alto el fuego impulsado por Donald Trump o, si fuera necesario, nuevas operaciones militares.
Esto significa que un eventual gobierno encabezado por Eisenkot no supondría automáticamente el abandono de las operaciones militares o el reconocimiento de un Estado palestino.
Las diferencias podrían ser más visibles en el manejo de las relaciones diplomáticas, la respuesta frente a la violencia de colonos y el funcionamiento de las instituciones israelíes.
Eisenkot ha planteado recuperar la imagen internacional del país y adoptar medidas contra quienes ataquen a civiles palestinos en Cisjordania, mientras mantiene una posición favorable al control israelí del territorio por razones de seguridad.
La relación con Estados Unidos también será determinante.
El presidente Donald Trump expresó públicamente su respaldo a Netanyahu durante la campaña, en medio de un escenario marcado por las tensiones con Irán y los cuestionamientos internacionales a la actuación militar israelí.
Sin embargo, la cooperación entre ambos países involucra intereses estratégicos que van más allá de la relación personal entre sus dirigentes.
El próximo gobierno deberá enfrentar decisiones sobre la seguridad regional, la situación humanitaria y política de Gaza, las relaciones con los países árabes y las consecuencias económicas de los conflictos.
Por ahora, los israelíes votan para renovar su Parlamento, pero la definición del próximo primer ministro dependerá de los acuerdos que consigan construir los partidos después de las elecciones.
Una vez concluido el escrutinio, el presidente Isaac Herzog deberá consultar a las distintas fuerzas políticas y encargar la formación del gobierno a quien considere con mayores posibilidades de reunir una coalición.
Según la explicación del procedimiento publicada por Reuters, la persona designada puede disponer de hasta 42 días para alcanzar los acuerdos necesarios.
Si ningún dirigente consigue formar una mayoría, el proceso puede extenderse a otros candidatos e incluso desembocar en nuevas elecciones.
Por ello, conocer qué partido obtuvo más votos será apenas el primer paso para determinar quién gobernará Israel y qué margen político tendrá para tomar decisiones que también afectarán al futuro de Medio Oriente.