Tras sismos, ahora Venezuela enfrena la rapiña en medio de la tragedia
Tras los sismos en Venezuela, la crisis humanitaria se agudiza por la corrupción y burocracia. Analizamos la falta de ayuda y la desesperación de un pueblo olvidado.

Venezuela atraviesa una de las páginas más oscuras de su historia reciente. Tras los devastadores sismos que han dejado un saldo aún indeterminado de víctimas, la emergencia no solo se mide en escombros y pérdidas materiales estimadas en más de 6,700 millones de dólares por la ONU, sino en la profunda crisis moral e institucional que enfrenta su población.
En entrevista para ¡Qué tal Fernanda! con Fernanda Familiar, Fabiola Guarneros, subdirectora Editorial de Excélsior, describe una realidad aterradora: la normalización de la rapiña.
En medio de la devastación, personas desesperadas, e incluso elementos del ejército, han sido captados saqueando no solo establecimientos, sino las pocas pertenencias que le quedan a otros damnificados.
Este fenómeno, aunque presente en otros desastres naturales, adquiere tintes dramáticos en Venezuela debido al empobrecimiento sistemático del país previo al sismo.
Es la radiografía de un pueblo necesitado que ya lo había perdido todo a manos de un régimen corrupto", señala la especialista.
Mientras la comunidad internacional intenta intervenir, la respuesta del gobierno de Venezuela ha sido priorizar el control político.
La imposición de salvoconductos burocráticos para rescatistas y organizaciones como la Cruz Roja ha frenado labores vitales cuando el tiempo es el factor más crítico.
Es emblemática la escena de rescatistas internacionales gritando "permiso para salvar vidas" ante las aduanas, una situación que contrasta drásticamente con la capacidad de movilización y el sentido de solidaridad que la sociedad mexicana ha demostrado en sus propias tragedias.
Recalcó que la situación en los hospitales, la falta de agua y la destrucción de más de 400 escuelas —que hoy sirven como refugios precarios— configuran un escenario de "estado de guerra" sin un conflicto armado.
La ONU reporta cerca de 680,000 niños que requieren asistencia urgente, mientras que el ejército, en lugar de ser el motor de rescate, ha sido increpado por la población por priorizar la vigilancia sobre la ayuda.
La tragedia de Venezuela es el resultado de años de un sistema ineficiente e ineficaz. La ayuda humanitaria no solo lucha contra las toneladas de concreto, sino contra un muro de desinterés institucional.
Hoy, el pueblo venezolano no solo llora a sus muertos; clama por una humanidad que su propio gobierno parece haber olvidado en favor de la supervivencia política.
La reconstrucción de Venezuela, tanto física como social, parece un horizonte lejano ante una crisis que, lejos de ser un accidente natural, se ha convertido en una herida abierta por la negligencia y el autoritarismo.