Niki Lauda: El regreso del infierno
A 50 años de su accidente en Nürburgring, recordamos su heroica historia de vida

Cuando hablamos de los regresos más espectaculares del deporte, hay una gran cantidad de historias inspiradoras en el automovilismo profesional, pero quizá ninguna como la que se gestó hace 50 años, cuando Niki Lauda regresó del infierno, literalmente, para consolidar su status de leyenda en la Fórmula 1.
El austriaco, quien fue tricampeón de la máxima categoría, vivió uno de los infortunios más temidos por los pilotos de su generación, en una época en la que las medidas de seguridad en autos y circuitos aún era precaria.
Pero a su vez, su accidente reflejó la fuerza de voluntad para sobrevivir ante las circunstancias más difíciles, siendo inspiración para las siguientes generaciones de pilotos.

El accidente de Niki Lauda
Lauda estaba en un duelo inolvidable por el título mundial contra James Hunt, mismo que iba ganando, luego de obtener cinco victorias, dos segundos lugares y un tercero después de nueve fechas, con lo cual tenía una gran ventaja sobre el británico, así como ante Patrick Depailler y Jody Scheckter.
Ese año, pilotaba el Ferrari 312 T2, propulsado por un motor V12 que generaba 510 caballos de fuerza y estaba conectado a una caja de cambios transversal, pero con chasis monocasco, de acero tubular y paneles de aluminio.
El 1 de agosto de 1976 se corrió en el Nürburgring Nordschleife, de casi 23 kilómetros de extensión y 177 curvas. Pese a intentar convencer a sus rivales de no correr por falta de medidas de seguridad, Lauda arrancó en la pole position en una carrera en la que tuvo que lidiar con una superficie semihúmeda de pista.
En la segunda vuelta, la suspensión de su coche se rompió, dejándolo a la deriva para luego impactar con el guardrail. Ya envuelto en llamas, recibió un golpe de Brett Lunger. Lauda permaneció 55 segundos en el auto quemado, antes de ser rescatado por Lunger, Arturo Merzario, Harald Ertl y Guy Edwards.
En el proceso, el casco de Lauda salió desprendido, lo cual hizo que, además de fracturas, sufriera quemaduras de primer y tercer grado en su rostro, cabeza y manos, perdió diez kilos, gran cantidad de cuero cabelludo y una parte de su oreja. Sus heridas en la piel y secuelas respiratorias fueron permanentes, por lo que necesitó injertos tanto para su cabeza como para sus párpados.
Espíritu de hierro
Pero lo que no se quebró fue su espíritu para salir del coma inducido, iniciar la rehabilitación y volver a la lucha por el campeonato, en el que Hunt había acaparado los reflectores.

Lauda volvió a subirse a un auto de Fórmula 1 en Fiorano apenas un mes después y, sólo 42 días después de su accidente, con su cabeza vendada y aún, regresó a competir en Monza, donde finalizó en cuarta posición. Su heroica lucha para retener su cetro quedó corta, luego de abandonar en la final en Japón por una lluvia torrencial y perder por un punto ante Hunt.
Pero al año siguiente, Lauda obtuvo el segundo de sus tres campeonato, mientras que la tercera corona llegó en 1984, con los colores de McLaren.
Aún después de su muerte, en mayo de 2019, Lauda sigue en el recuerdo de los aficionados de diferentes generaciones, siendo un recordatorio de que no hay barreras para reponerse ante los desafíos más extremos.