Banxico ve margen para bajar las tasas de interés, ¿los datos dicen otra cosa?

La inflación de junio bajó y abre espacio para recortes de tasas; Banxico enfrenta nuevas señales para su política monetaria.

Banxico ve margen para bajar las tasas de interés, ¿los datos dicen otra cosa?
Banxico ve margen para bajar las tasas de interés, ¿los datos dicen otra cosa?Cuartoscuro

El 9 de julio dejó dos noticias que, leídas juntas, dibujan el mapa de los próximos meses para las tasas de interés en México. Por un lado, el Inegi reportó que la inflación de junio cayó 0.27% mensual, la variación más baja para ese mes desde que existe el registro, en 1969, empujada por un desplome de 39% en el precio del jitomate y una reversión generalizada en frutas y verduras.

Por otro, Banco de México publicó la minuta de su decisión de mantener la tasa de referencia en 6.50%, pero con un sesgo hacia recortes: cuatro de cinco integrantes de la Junta de Gobierno, Rodríguez, Mejía, Cuadra y, con matices, Borja, consideran que la economía tiene margen de holgura suficiente para pensar en bajar la tasa, mientras solo Heath, el más “halcón” del grupo, insiste en mantenerla donde está “por un periodo prolongado”.

Ese debate interno no ocurre en el vacío. La Reserva Federal atraviesa una transformación que puede alterar el cálculo de Banxico en cualquier momento. Kevin Warsh, quien relevó a Jerome Powell en mayo, ha comenzado a desmontar dos décadas de comunicación detallada. Un regreso al estilo de Alan Greenspan, quien entre 1987 y 2006 cultivó la ambigüedad deliberada como herramienta de política monetaria, antes de que Ben Bernanke consolidara la transparencia como norma tras la crisis financiera de 2008.

Banxico ve margen para bajar las tasas de interés, ¿los datos dicen otra cosa?

La diferencia importa para México porque el diferencial de tasas entre ambos países, hoy en 275 puntos base y cerca de mínimos históricos, es uno de los principales amortiguadores contra la volatilidad del peso. Con una Fed más predecible, ese diferencial se ajustaba de forma gradual y anticipable; con una Fed que oculta deliberadamente su función de reacción, cada dato de inflación o empleo en Estados Unidos puede convertirse en una sorpresa capaz de mover el tipo de cambio de un día para otro. El peso mexicano, que acumula una apreciación de 2.6% en el año pese a ese diferencial históricamente estrecho, ha sobrevivido hasta ahora sin sobresaltos, pero esa calma relativa descansa en que los mercados aún no han sido puestos a prueba por un giro abrupto en Washington.

Puertas adentro, Banxico enfrenta su propio dilema. Los miembros más “paloma” de la Junta leen una economía debilitada, la inversión se contrajo en el primer trimestre y la producción industrial cayó 1.2% anual, con retrocesos en 19 de 32 entidades, y concluyen que esa holgura contendrá la inflación. Sin embargo, es posible que la Junta este subestimando riesgos como el rezago de los aranceles, la persistencia de la inflación de servicios y el fenómeno de El Niño sobre los precios agropecuarios, por lo que mantiene su pronóstico de una tasa de 6.50% sin cambios hasta 2027, incluso cuando el mercado ya descuenta algún recorte hacia fin de año.

Hay, sin embargo, un dato que templa el pesimismo, aunque exige matices propios. El empleo formal registrado en el IMSS creció 2.0% anual en junio, 454,038 plazas nuevas, su mejor cifra en 23 meses. Pero casi un tercio de esas plazas, 237,627, corresponden a trabajadores de plataformas digitales, una categoría más volátil que distorsiona la comparación histórica. Al excluirla, el alza del empleo “tradicional” fue de 1.0% anual, todavía la mejor lectura desde diciembre de 2024, pero menos de la mitad de la cifra que domina los encabezados.

Billetes mexicanos

El patrón se repite en salarios: el salario base de cotización subió 2.9% real, el mayor incremento en cuatro meses, y la masa salarial total creció 5.0%, también un máximo desde diciembre de 2024. Al mismo tiempo, el empleo formal en manufacturas cayó 1.2% anual y en el sector agropecuario 3.9%, mientras que el auge se concentra en comunicaciones y transporte (+15.8%, el sector que concentra a las plataformas) y en la industria extractiva (+3.9%).

La economía mexicana, en suma, no está en recesión, pero tampoco atraviesa una recuperación homogénea: conviven un sector de servicios y de trabajo digital pujante, una manufactura que sigue perdiendo empleos y una brecha regional que separa a los estados ganadores de la relocalización de los que dependían de obras ya concluidas. Leer esa mezcla como holgura generalizada puede ser tan impreciso como leerla como debilidad generalizada: la realidad, como casi siempre en la coyuntura económica reciente, está repartida de forma desigual entre sectores y regiones.

La paradoja de fondo es instructiva para entender cómo funciona hoy la política monetaria global: mientras la Fed elige comunicar menos para ganar flexibilidad, Banxico depende cada vez más de comunicar con claridad, a través de sus minutas, su guía futura y su meta de inflación de 3%, para anclar expectativas en un entorno donde el ancla externa se ha vuelto menos predecible.

mgid