Mercado de bonos y altos rendimientos: ¿la criptonita de Wall Street?

Wall Street rompe récords, pero los altos rendimientos de los bonos podrían poner freno al rally del mercado accionario en 2026.

Mercado de bonos y altos rendimientos: ¿la criptonita de Wall Street?
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Durante lo que va del presente año, el mercado accionario ha sorprendido a propios y extraños, al romper máximos históricos 27 veces este 2026, crecimiento impulsado por sectores clave como el tecnológico. No obstante, detrás de este “rally” se acerca un factor que podría ponerle pausa a la fiesta en Wall Street: el mercado de bonos y los altos rendimientos que los inversionistas han encontrado en él.

Para entender lo que está sucediendo, primero hay que recordar qué está pasando en el mercado de bonos. Hace algunas semanas, se comentó en este espacio que ante el súbito crecimiento en el rendimiento que ahora pagan los bonos a 10, 20 y 30 años, el Tesoro de los Estados Unidos comenzó a aplicar una política de recompra de sus propios bonos que ya se estima en cerca de 6 mil millones de dólares.

Esta situación tiene su origen en las finanzas públicas de Estados Unidos. La deuda del gobierno ya superó los 40 billones de dólares y el país continúa gastando más de lo que recauda. Cuando las tasas estaban cerca de cero hace algunos años, financiar ese déficit era relativamente barato.

Hoy, el escenario es distinto: con tasas más altas, el costo de la deuda aumenta y el pago de intereses ocupa cada vez más espacio en las cuentas públicas. Además de los problemas que representan los gastos financieros, el gobierno de Estados Unidos se encuentra en una situación económica compleja, pues enfrenta una desaceleración de su actividad económica y una inflación persistente derivada del incremento en los precios de los energéticos.

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Por otro lado, en este espacio también se ha comentado que la curva de rendimientos muestra las expectativas de los inversionistas. Por lo tanto, la presión fiscal que enfrenta el gobierno –sumada a la caída en las expectativas con respecto a su crecimiento económico– ha ocasionado que los bonos del tesoro a largo plazo incrementaran su tasa de rendimiento, a niveles no vistos desde hace 20 años.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el mercado accionario? La respuesta está en una competencia por el rendimiento del dinero invertido. Cuando los bonos ofrecen rendimientos elevados con un riesgo relativamente menor, las acciones necesitan ofrecer mayores ganancias para seguir siendo atractivas.

Como lo mencionamos anteriormente, las tasas de rendimiento de los bonos se encuentran en niveles elevados, por lo que los inversionistas no ven con buenos ojos arriesgarse a la compra de acciones cuando hay activos con rendimientos “seguros”. Muestra de ello es que la métrica llamada Precio sobre Ganancia (P/E ratio, por sus siglas en inglés) del S&P 500, principal índice del mercado accionario, ha pasado de 23 a 19.4 en un año, de acuerdo con Bloomberg.

A partir de este ratio financiero, es posible calcular el rendimiento de ganancias futuras a 12 meses, conocido como “blended forward 12-month earnings yield”, métrica que combina las ganancias que ya han sido reportadas, así como la estimación de las que aún no lo son con el fin de calcular las utilidades a 12 meses y expresarlo como un rendimiento porcentual. Entonces, con un P/E ratio de 19.4, el rendimiento esperado a 12 meses estaría cerca de 5.2 por ciento. Y si tomamos en cuenta que el bono del tesoro a 10 años tiene un rendimiento cercano al 5 por ciento, podemos entender por qué toma relevancia la estrategia de recompra de bonos.

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El problema no termina en que los bonos se vuelvan más atractivos. Las tasas altas también reducen el valor presente de las ganancias que las empresas esperan generar en los próximos años. Por eso, sectores como tecnología, software, bienes raíces y consumo de lujo suelen ser más sensibles: gran parte de su valuación depende de expectativas de crecimiento futuro.

El mercado accionario todavía puede mantener su atractivo mientras las empresas sigan aumentando sus ganancias. Sin embargo, su panorama se podría complicar si los rendimientos de los bonos continúan subiendo y las utilidades empresariales no crecen al mismo ritmo. En ese escenario, los inversionistas podrían comenzar a exigir precios más bajos por las acciones, especialmente en las empresas cuyas valuaciones dependen más de expectativas que de resultados actuales.

Por ahora, el mercado de bonos no necesariamente es la “criptonita” del mercado accionario, pero sí se ha convertido en su principal competencia. Mientras los bonos sigan ofreciendo rendimientos tan altos, las acciones tendrán que justificar sus valuaciones con mayores ganancias. La pregunta ya no es cuánto pueden subir las acciones, sino cuánto tiempo podrán seguir haciéndolo mientras el costo del dinero permanece elevado.

Por Noé Areyane y Víctor Hugo Martínez

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