La renuncia a la libertad en aras de la seguridad es una trampa autoritaria: Gaby de la Paz
La internacionalista Gaby de la Paz analiza el giro político en Latinoamérica, la desaparición del centro y los riesgos de sacrificar instituciones por seguridad.

El mapa electoral de América Latina ha experimentado un viraje significativo. Lo que hace menos de una década era una oleada de gobiernos de izquierda, hoy se ha transformado en una tendencia hacia la derecha y la ultraderecha.
Entrevista con Yuriria Sierra, la internacionalista Gaby de la Paz, este fenómeno no es una coincidencia aislada, sino un balance natural de sistemas democráticos que han fallado en resolver las necesidades básicas de la población, empujando a los ciudadanos hacia propuestas que prometen soluciones rápidas, aunque sea a costa del Estado de derecho.
No estamos viendo una definición estrictamente nacional, sino definiciones geopolíticas en las que la gente, decepcionada, busca soluciones rápidas aunque sacrifiquen procesos legales".
Recalcó que el denominador común en los comicios recientes, incluyendo el caso colombiano, es la impaciencia social. Ante la ineficacia de las instituciones para garantizar la paz y el bienestar, el electorado parece dispuesto a ignorar los excesos autoritarios con tal de recuperar la seguridad.
Aseguró que el modelo de Nayib Bukele en El Salvador, caracterizado por el uso de megacárceles y una marcada erosión de los procesos legales, se ha convertido en el referente que muchos candidatos de derecha buscan emular.
El efecto Bukele es real: los líderes de derecha en la región están adoptando un manual de 'mano dura' que ignora los derechos humanos en favor de una percepción de seguridad".
Afirmó que este camino conlleva un peligro latente. Como bien recuerda la cita de Benjamin Franklin, la cesión de libertades por una sensación de seguridad fragiliza los pilares del Estado nación. La construcción institucional, que tomó décadas en consolidarse en varios países latinoamericanos, está siendo desmantelada por líderes que, tanto de izquierda como de derecha, parecen compartir el mismo manual: la destrucción de los contrapesos democráticos para consolidar el poder.