¿Hacer berrinches es solo cosa de niños? La razón por la que también ocurre en adultos
Descubre por qué los adultos también hacen berrinches, qué provoca sus explosiones de enojo y cuándo pueden afectar sus relaciones y bienestar emocional.

En ocasiones, los berrinches parecen una etapa exclusiva de la infancia, como si estas reacciones desaparecieran cuando dejamos de ser niños. Sin embargo, la adultez no siempre garantiza que sepamos manejar nuestras emociones, pues situaciones cotidianas pueden despertar enojo, frustración y respuestas difíciles de controlar.
Una discusión de pareja, un desacuerdo en el trabajo, una negativa o un cambio inesperado de planes pueden provocar reacciones intensas. Algunas personas levantan la voz, otras recurren al silencio o se alejan de quienes las rodean. Aunque estas conductas suelen confundirse con simples arranques de carácter, también pueden reflejar dificultades para gestionar las emociones.
La regulación emocional permite reconocer lo que sentimos y elegir cómo responder ante determinadas circunstancias. Pero ¿por qué ocurren los berrinches en adultos, cómo se manifiestan y cuándo pueden convertirse en una señal de alerta?

¿Por qué los adultos también hacen berrinches?
Los berrinches suelen asociarse con la infancia porque durante los primeros años de vida los niños desarrollan las habilidades necesarias para reconocer sus emociones y expresar lo que sienten. Sin embargo, estas reacciones no desaparecen automáticamente al llegar a la edad adulta.
En esta etapa pueden manifestarse mediante gritos, discusiones, llanto, respuestas impulsivas o actitudes de rechazo ante situaciones que provocan molestia. Detrás de estas conductas puede existir una dificultad para regular las emociones.
La Asociación Americana de Psicología (APA) explica que la ira es una emoción humana normal, cuya intensidad puede ir desde una molestia ligera hasta una furia intensa. El problema aparece cuando se sale de control y provoca consecuencias negativas en el trabajo, las relaciones personales o la calidad de vida.
Por su parte, Cleveland Clinic señala que la desregulación emocional también puede presentarse durante la adultez. Esta dificultad provoca reacciones más intensas de lo que la situación parece justificar y problemas para recuperar la calma después de un disgusto.
Por ello, tener un berrinche no significa necesariamente que alguien sea inmaduro o tenga un trastorno psicológico. Lo importante es identificar qué provoca estas reacciones y cómo afectan la convivencia.

¿Cuáles son las causas de los berrinches en adultos?
Las explosiones emocionales pueden tener distintos desencadenantes. Algunas aparecen después de un día complicado, una discusión o una situación que genera impotencia. Otras pueden relacionarse con dificultades para expresar las necesidades personales o aceptar que las cosas no siempre salen como se desea.
Entre los factores que pueden favorecer estas reacciones destacan:
- Baja tolerancia a la frustración: cuando una persona tiene dificultades para aceptar una negativa, un error o un resultado distinto al esperado, puede reaccionar con enojo desproporcionado.
- Estrés acumulado: las responsabilidades laborales, los problemas económicos y los conflictos familiares pueden aumentar la irritabilidad y reducir la capacidad para responder con calma.
- Dificultad para controlar los impulsos: algunas personas reaccionan de inmediato ante una molestia, sin pensar en las consecuencias de sus palabras o acciones.
- Experiencias de la infancia: las formas de expresar el enojo que una persona aprendió durante sus primeros años pueden influir en cómo responde ante los conflictos en la adultez.
- Problemas emocionales o de salud mental: algunas condiciones pueden afectar la capacidad para regular las emociones, aunque un episodio de enojo por sí solo no permite identificar un trastorno.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), explican que el estrés puede provocar frustración, enojo, preocupación y cambios en el comportamiento. Asimismo, el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) señala que la historia familiar, las experiencias traumáticas, el estrés y el consumo de determinadas sustancias pueden influir en la manera en que una persona expresa su enojo.
Esto ayuda a comprender que un berrinche no siempre surge por un acontecimiento aislado. En algunos casos, una situación aparentemente pequeña puede convertirse en el detonante de emociones acumuladas durante días o semanas.

¿Cómo se manifiestan los berrinches en los adultos?
A diferencia de los niños, los adultos no siempre expresan su frustración con llanto o pataletas. En ocasiones, estas reacciones aparecen mediante comportamientos que pueden confundirse con mal humor, falta de paciencia o una personalidad difícil.
Algunas de sus manifestaciones son:
- Gritos e insultos: levantar la voz, responder de manera agresiva o utilizar palabras hirientes durante una discusión.
- Reacciones exageradas: perder el control ante situaciones cotidianas, como recibir una negativa, cometer un error o enfrentar un cambio de planes.
- Portazos y golpes a objetos: expresar el enojo mediante acciones físicas que pueden intimidar a quienes están alrededor.
- Silencio prolongado: dejar de hablarle a otra persona como respuesta a un conflicto o para demostrar molestia.
- Actitudes impulsivas: abandonar una conversación, bloquear a alguien o tomar decisiones apresuradas durante un momento de enojo.
Cleveland Clinic explica que las dificultades para regular las emociones pueden expresarse hacia el exterior, mediante gritos, llanto o golpes a objetos, pero también hacia el interior, a través del aislamiento, el silencio o la desconexión emocional.
Por ejemplo, una discusión de pareja puede comenzar por un desacuerdo sobre una actividad doméstica y terminar con gritos o días de silencio. Algo similar ocurre en el trabajo cuando una persona recibe una crítica y responde con enojo, en lugar de escuchar los comentarios y expresar su inconformidad.
Es importante distinguir que sentir enojo no es lo mismo que tener un berrinche. La emoción es natural; el problema aparece cuando la reacción resulta desproporcionada, se repite constantemente o afecta la tranquilidad y seguridad de otras personas.

¿Cuándo un berrinche en adultos deja de ser normal y se convierte en una señal de alerta?
Enojarse, sentirse frustrado o experimentar decepción son respuestas humanas que pueden aparecer en diferentes momentos de la vida. Sin embargo, cuando estas emociones provocan reacciones difíciles de controlar, afectan las relaciones personales o interfieren con las actividades cotidianas, conviene prestarles atención.
Una señal de alerta es la frecuencia de los episodios. Si una persona pierde la paciencia constantemente, grita ante cualquier desacuerdo, rompe objetos o tiene dificultades para recuperar la calma después de una discusión, podría necesitar apoyo para gestionar sus emociones.
También es importante observar las consecuencias. Los arranques de enojo pueden deteriorar la convivencia familiar, generar conflictos de pareja, afectar las relaciones laborales y provocar sentimientos de culpa o arrepentimiento.
De acuerdo con Cleveland Clinic, la desregulación emocional puede manifestarse mediante impulsividad, frustración frecuente ante problemas pequeños, cambios de humor y dificultad para tranquilizarse después de un disgusto. En los casos más graves, puede provocar comportamientos agresivos y problemas para mantener relaciones sociales.
La institución también señala que estas dificultades pueden aparecer junto con distintas condiciones de salud mental, como ansiedad, depresión, trastorno bipolar o trastorno por estrés postraumático. No obstante, esto no significa que todas las personas que tienen explosiones de enojo presenten alguno de estos padecimientos.
Por ello, se recomienda buscar orientación psicológica cuando los episodios son frecuentes, difíciles de controlar o perjudican la vida cotidiana. Si existe violencia, amenazas o riesgo de lastimar a alguien, es necesario priorizar la seguridad y solicitar ayuda de inmediato.

¿Cómo controlar los berrinches y aprender a gestionar las emociones?
Aprender a manejar el enojo no significa reprimirlo ni fingir que una situación no causa molestia. Se trata de reconocer qué sentimos, identificar el origen de esa emoción y encontrar una manera de expresarla sin lastimarnos ni perjudicar a otras personas.
La regulación emocional es una habilidad que puede fortalecerse con práctica y, cuando es necesario, con acompañamiento profesional. La APA explica que existen técnicas para controlar las respuestas impulsivas, como los ejercicios de relajación, la respiración profunda y la comunicación respetuosa.
Algunas medidas que pueden ayudar son:
- Identificar los detonantes: reconocer qué situaciones provocan enojo, frustración o irritabilidad permite anticipar las reacciones y comprender qué hay detrás de ellas.
- Hacer una pausa antes de responder: cuando una discusión comienza a intensificarse, alejarse unos minutos puede ayudar a recuperar la calma y evitar palabras o acciones impulsivas.
- Practicar la respiración: realizar respiraciones lentas y profundas puede ayudar a reducir la tensión física que acompaña al enojo.
- Expresar lo que se siente: utilizar frases como «me molestó lo que ocurrió» o «me siento frustrado por esta situación» permite comunicar las emociones sin recurrir a gritos o insultos.
- Cuidar los hábitos cotidianos: dormir lo suficiente, realizar actividad física y reservar momentos de descanso puede contribuir al bienestar emocional.
- Buscar ayuda profesional: si las reacciones son recurrentes o afectan las relaciones personales, un psicólogo puede ayudar a identificar sus causas y trabajar en estrategias para manejarlas.
El NHS recomienda tomar tiempo antes de reaccionar, practicar ejercicios de respiración y buscar apoyo profesional cuando el enojo resulta difícil de controlar.
Aprender a reconocer nuestras emociones también implica aceptar que no siempre reaccionamos de la mejor manera. Los berrinches en la adultez pueden ser una oportunidad para identificar qué situaciones nos generan frustración y qué aspectos necesitamos trabajar para mejorar la convivencia con quienes nos rodean.
La madurez emocional no consiste en evitar el enojo, sino en desarrollar herramientas para expresarlo de manera saludable, establecer límites y afrontar los desacuerdos sin perder el control.