La polémica detrás de ‘Donde el agua trabaja’: el uso de IA en la industria editorial
¿Escrito por humanos o dictado por algoritmos? El escándalo de ‘Donde el agua trabaja’ y el uso de IA en la literatura.

Durante siglos, la literatura fue considerada el bastión supremo donde nuestras dudas existenciales, dolores, contradicciones e historias se conjuntaron. Pero con la irrupción de la IA, la industria editorial se ha visto señalada por su uso, dando como resultado polémicas en libros como Donde el agua trabaja de David Silva Rojas.
La obra se convirtió en el epicentro de un debate cuando comenzaron a surgir señalamientos en foros culturales, redes sociales y comunidades de lectores que apuntaban al presunto empleo de herramientas de inteligencia artificial generativa en su proceso de composición.
Lo que en apariencia inició como una lectura crítica sobre el estilo, la cadencia y ciertas elecciones narrativas del texto, rápidamente escaló hacia un escrutinio mediático, donde la credibilidad del autor, la transparencia del sello editorial y el pacto de confianza con el público lector quedaron directamente sobre la mesa.
Lo sucedido con Donde el agua trabaja representa una crisis estructural que sacude a los sellos editoriales de todo el planeta: desde certámenes literarios internacionales donde autores galardonados admitieron haber recurrido a chatbots, hasta plataformas de autopublicación desbordadas por títulos hechos con IA que desplazan a los creadores de carne y hueso.

Donde el agua trabaja: ¿por qué el libro es acusado de haber sido escrito con IA?
Donde el agua trabaja, del autor David Silva Rojas, fue galardonado con el I Premio de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat. Mientras se disfrutó de la exposición y ventas, la buena noticia pronto se transformó en una polémica al ser señalado de haber sido escrito con IA.
De acuerdo con diversos medios, la novela dio como resultado un 99% de concordancia en Pangram, un detector de textos producidos por máquinas. Esta referencia solo confirmó algunas sospechas que ya habían sido expuestas en redes sociales y comunidades de lectores, quienes habían señalado ciertas peculiaridades que hacían ver a Donde el agua trabaja como una obra generada por ChatGPT, Claude o Gemini.
Las primeras dudas hablaban de una sintaxis propia de la inteligencia artificial, a diferencia de la uniformidad estilística que da la prosa humana; utilizando giros lingüísticos y fórmulas explicativas básicas.
Lo que hasta ese momento era una conversación sobre estética literaria mutó hacia una acusación abierta de fraude intelectual y opacidad editorial.

La defensa del autor ante las acusaciones del uso de IA
Ante la escalada de las críticas y confirmaciones señaladas por detectores de textos, el autor David Silva Rojas hizo una declaración a través de sus redes sociales donde niega el uso de inteligencia artificial al momento de escribir Donde el agua trabaja:
Yo concebí, escribí y revisé esta novela. No utilicé herramientas de inteligencia artificial generativa para crearla, redactarla ni revisarla. La novela surgió de una investigación sobre las condiciones de vida y trabajo de las personas que llegan a Ica para trabajar en el sector agrícola.
En su comunicado, Silva Rojas asegura que cuenta con pruebas que respaldan su trabajo, como un cuaderno de notas en el que escribió cómo comenzaría la historia, cuál sería su conflicto principal y hacia qué desenlace se dirigía.
El autor se encuentra reuniendo todo lo necesario para darle voz a su afirmación, incluyendo los materiales que recopiló para su investigación y poder entregarlo a la editorial Almadía.
Esto como respuesta no solo a limpiar su nombre por la acusación del uso de IA en Donde el agua trabaja, sino también porque el mismo sello editorial anunció la suspensión de todo tipo de promoción del libro.
Así mismo, Almadía lanzó su comunicado donde detalla que la novela entrará en un proceso de revisión para confirmar o negar la polémica; sin embargo, en sus palabras, también afirmaron no tener motivo para desconfiar de Silva Rojas, quien les aseguró personalmente no haber recurrido a estas herramientas y haber firmado un contrato con esta cláusula.
David Silva Rojas dejó en claro que si bien la inteligencia artificial está presente en muchos casos de la industria editorial:
Considero que los resultados de una herramienta de detección, por elevados que sean sus porcentajes, no deberían tomarse como una prueba definitiva de cómo fue escrita una obra sin examinar otros elementos.

El uso de IA en la literatura
En el 2023, el programa Kindle Direct Publishing (KDP) de Amazon comenzó a ser inundado por miles de libros creados por algoritmos en cuestión de minutos, diseñados con títulos engañosos para posicionarse en los primeros lugares de búsqueda.
La plataforma se vio obligada a retirar de emergencia docenas de títulos cuando algunos de estos libros fueron acusados de ser una amenaza a la salud pública debido a manuales de hongos silvestres que contenían información errónea y peligrosa.
En enero de 2024, la novelista japonesa Rie Kudan fue galardonada con el Premio Akutagawa por su novela futurista Tokyo-to Dojo-to (La torre de la compasión de Tokio). La obra aborda una sociedad distópica donde una torre carcelaria en el centro de la capital es gestionada por criminales reformados bajo la supervisión de inteligencias artificiales.
Durante la rueda de prensa posterior a la premiación, Kudan confesó que aproximadamente un cinco por ciento de las frases contenidas en su novela habían sido generadas de forma directa y literal por ChatGPT, dialogando con la máquina en su vida privada para desbloquear pasajes narrativos que sentía atascados.
Sin embargo, los jueces determinaron que la arquitectura conceptual, el punto de vista y el arco dramático general eran fruto de Kudan, y que la máquina había operado como un mero instrumento lingüístico subordinado a la dirección del creador.
En noviembre de 2025, la novela de horror Shy Girl de Mia Ballard, que se hizo viral por TikTok y acumuló buenas ventas, fue acusada de utilizar inteligencia artificial. La autora expuso que ella no utilizó ninguna de estas herramientas y culpó a los editores de usar un software que modificó, reescribió y reestructuró su libro.
Los lectores comenzaron una cacería digital que derivó en retirar el libro de las librerías y del catálogo de la editorial Hachette.
Lo sucedido con Donde el agua trabaja deja una lección en la industria editorial: desde la respuesta de autores y sellos hacia la polémica del uso de la IA, hasta el determinar si su empleo será bienvenido en este arte. Los lectores exigen transparencia, confianza y coherencia en el mercado cada vez que deciden abrir un libro.