Crocs: del calzado para marineros al 'Ponte Cozy'
Las Crocs ahora son uno de los mejores regalos que una persona puede recibir en fin de año, pero hace casi 25 años nacieron como zapatos para altamar. Esta es su historia.

Crocs presentó esta semana su colección Ponte Cozy, la apuesta para otoño-invierno con la que la marca invita a disfrutar el confort pero con estilo. Y es que esa en realidad se ha vuelto la bandera del famoso calzado tipo zueco: comodidad para cualquier ocasión y cualquier superficie.
La marca, lanzada en 2002 como una alternativa segura que no se resbalara en las cubiertas húmedas de los botes y veleros, ahora es la opción más popular en cocinas y hospitales e incluso, desfila en pasarelas.
La nueva colección de la marca estadunidense “celebra esos pequeños rituales cotidianos en los que sentirse bien es tan importante como verse bien: desde una mañana de café hasta una tarde de descanso o un encuentro entre amigos”. Pero, qué pensaría Scott Seamans, uno de sus fundadores, si en aquellos inicios de siglo alguien le hubiera dicho que su solución a un problema cercano de altamar, se volvería la revolución del calzado.
La historia de Crocs
El nombre Crocs, es una abreviatura de crocodile, la palabra en inglés para cocodrilo y esto se debe a que en un inicio, sus fundadores quería precisamente una opción que, como este reptil fuera duradero, fuerte y se adaptara bien a las superficies húmedas y secas.
Tal vez ahora, su recién lanzado Classic Cozzzy Slipper está lejos de ser compatible con la humedad, pero su catálogo se ha ampliado tanto, que existe un modelo para cada personalidad y para cada necesidad.

La idea de crear Crocs nació a inicios del siglo, durante un viaje en velero por el Caribe, en el que Scott Seamans, Lyndon Hanson y George Boedecker Jr., sufrián con sus zapatos y decidieron buscar un calzado que no resbalara en cubiertas húmedas, que flotara en el agua y fuera fácil de lavar.
Seamans descubrió un zueco fabricado en Canadá por la empresa Foam Creations, hecho de una resina de espuma de células cerradas que no absorbía olores ni humedad. Fascinados por el material (bautizado luego como Croslite), adquirieron los derechos para comercializarlo y diseñaron el modelo original: el Crocs Beach, con el que la marca se hizo mundialmente famosa.
Los amigos lanzaron su zapato en el Fort Lauderdale Boat Show de Florida en 2002 y para sorpresa, los casi 200 pares que llevaron se agotaron en cuestión de horas. Y ya fuera del entorno de marineros, los nuevos empresarios descubrieron que había más personas con sus mismas necesidades: jardineros, cocineros, enfermeros, niños aprendiendo a caminar.
La personalización con Jibbitz
En 2006, los pequeños agujeros tan emblemáticos de las Crocs que en un inicio tenía como propósito la ventilación y que se asemejaran al perfil de la nariz de un cocodrilo, dio un giro al volverse la base de la personalización.
En ese año la marca compró Jibbitz, una pequeña empresa familiar creada por Sheri Schmelzer, una madre que comenzó a decorar los agujeros de las Crocs de sus hijos con botones y amuletos de goma. Los charms habían nacido y esto convirtió al calzado en una plataforma personalizable. Ese mismo año, la compañía salió a la bolsa de valores con un éxito masivo.

Pero aquí la empresa se enfrentó a un problema: Su cualidad se volvió su obstáculo, pues al tener una durabilidad alta, quienes compraban un par no necesitaban reemplazarlo pronto. Otro factor en contra fue que el mercado se llenó de piratería, una paradoja si recordamos que es un calzado marinero.
Los señalamientos de que se trataba de un calzado feo abonaron a la crisis, y en 2008 la empresa registró pérdidas millonarias y despidió a miles de empleados, quedando al borde de la bancarrota.
Y aunque los amigos hicieron adecuaciones al modelo de negocio, el verdadero repunte de la marca surgió justo de la polarización entre quienes la amaban y recibieron bien las colecciones y colaboraciones y quienes la consideraban fea.
En 2016, el diseñador Christopher Kane las subió a la pasarela de la Semana de la Moda de Londres decoradas con piedras. En 2017, Balenciaga lanzó una versión con plataforma de 10 cm que se volvió viral y se agotó antes de salir al mercado.
La marca adoptó la estrategia de colaboraciones con artistas como Post Malone, Justin Bieber y marcas de comida rápida o franquicias como Disney y Salehe Bembury.
Consolidación en la Generación Z
Impulsadas por plataformas como TikTok y una cultura que prioriza la comodidad, las Crocs pasaron de ser un chiste visual a un básico de armario e incluso hasta una provocación.
El impacto de la marca ha sido tal, que las colaboraciones con personajes de la cultura pop como Mario Bross o con famosos como Bad Bunny se han vuelto de lo más deseado, además, sus colecciones de fin de año como Ponte Cozzy, se vuelven uno de los regalos más valorados de Navidad.
Incluso, las Crocs fueron parte de una exposición en el MoMa (Museo de Arte Moderno de Nueva York). La muestra llamada Items: Is Fashion Modern?, se realizó entre octubre de 2017 y enero de 2018 y fue organizada por la curadora principal de Arquitectura y Diseño, Paola Antonelli.

La exposición reunió 111 prendas y accesorios que transformaron la cultura, la tecnología y el diseño a lo largo de los siglos XX y XXI (junto a piezas como el vestidito negro de Chanel, la playera blanca clásica, los jeans Levi's 501 o los tenis Converse All Star).