Del suero a la luz: así ha cambiado el Premio Nobel de Medicina en más de un siglo
Descubre cómo nació el Nobel de Medicina, quién fue su primer ganador y por qué la optogenética de 2026 marca un nuevo avance para estudiar el cerebro.

Cada año, el Premio Nobel de Fisiología o Medicina reconoce investigaciones que amplían los límites del conocimiento científico y pueden transformar la manera en que la humanidad comprende el cuerpo, las enfermedades y sus posibles tratamientos.
Su historia comenzó hace más de un siglo y refleja la evolución de la medicina, desde los primeros avances en inmunología hasta las herramientas actuales para estudiar el cerebro.
En 2026, el reconocimiento vuelve a poner la atención sobre la neurociencia con el trabajo de Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel, quienes recibieron el premio por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por la luz y la optogenética, una herramienta que permite estudiar la actividad de las células nerviosas con gran precisión.

¿Cómo nació el Premio Nobel de Medicina y cuál es su historia?
Aunque popularmente se le conoce como Premio Nobel de Medicina, su nombre oficial es Premio Nobel de Fisiología o Medicina. Su origen se encuentra en el testamento de Alfred Nobel, quien estableció las bases para que su fortuna financiara reconocimientos destinados a personas con aportaciones relevantes para la humanidad.
Los primeros premios se entregaron en 1901. En el caso de Fisiología o Medicina, la responsabilidad de seleccionar al ganador corresponde a la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska, en Suecia.
La historia del premio también permite observar la evolución de la medicina. Durante las primeras décadas, numerosos reconocimientos estuvieron relacionados con enfermedades infecciosas, microbiología, inmunidad y fisiología. Con el paso del tiempo, la investigación premiada incorporó campos como la genética, la biología molecular, la inmunología, el cáncer y las neurociencias.
Entre los trabajos reconocidos a lo largo de los años destacan investigaciones sobre malaria, tuberculosis, fisiología de la digestión, penicilina, estreptomicina, genética y organización celular.
Esto permite entender que el Nobel de Medicina no reconoce únicamente medicamentos o tratamientos. También distingue descubrimientos básicos que modifican la manera en que los científicos comprenden el organismo.
De acuerdo con el registro oficial, entre 1901 y 2025 se habían otorgado 116 Premios Nobel de Fisiología o Medicina a 232 laureados.

¿Quién fue el primer ganador del Premio Nobel de Medicina?
El primer ganador fue Emil Adolf von Behring, médico y bacteriólogo alemán, quien recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1901.
El reconocimiento se otorgó por sus investigaciones sobre la terapia sérica, especialmente por su aplicación contra la difteria. Sus estudios abrieron una nueva vía para combatir enfermedades y reducir sus consecuencias.
La aportación de von Behring se relacionó con un principio que hoy forma parte de la inmunología: el organismo puede producir sustancias capaces de neutralizar toxinas y otros agentes dañinos.
Sus investigaciones demostraron que los anticuerpos podían transferirse mediante el suero sanguíneo. En 1900, von Behring introdujo el uso de suero procedente de caballos inmunizados como método para prevenir y tratar la difteria.
Este avance tuvo una relevancia que superó el tratamiento de una sola enfermedad. La terapia sérica ayudó a demostrar que las defensas del organismo podían aprovecharse con fines terapéuticos.
Por ello, el primer Nobel de Medicina también representa un punto de partida para una transformación más amplia: pasar de observar las enfermedades a comprender qué mecanismos biológicos podían utilizarse para enfrentarlas.

¿Cuáles son los Premios Nobel de Medicina más importantes de la historia?
Determinar cuáles son los premios "más importantes" implica cierto grado de interpretación, ya que el impacto de una investigación puede medirse de distintas maneras. Sin embargo, algunos descubrimientos tuvieron consecuencias especialmente profundas para la medicina.
1. La insulina
En 1923, Frederick G. Banting y John J. R. Macleod recibieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por el descubrimiento de la insulina.
El hallazgo transformó el panorama de la diabetes, una enfermedad que antes podía tener consecuencias mortales en poco tiempo. La identificación de la insulina abrió la posibilidad de tratar a pacientes que no podían producir cantidades suficientes de esta hormona.
2. La penicilina
En 1945, Alexander Fleming, Ernst B. Chain y Howard W. Florey recibieron conjuntamente el Nobel por el descubrimiento de la penicilina y su efecto curativo frente a diversas enfermedades infecciosas.
La penicilina marcó un cambio fundamental en el tratamiento de las infecciones bacterianas y abrió el camino para el desarrollo y uso de los antibióticos modernos.
3. La tuberculosis
En 1905, Robert Koch recibió el Premio Nobel por sus investigaciones y descubrimientos relacionados con la tuberculosis. Su trabajo fue fundamental para el desarrollo de la bacteriología y para establecer una relación científica entre microorganismos específicos y determinadas enfermedades.
La historia también incluye otros descubrimientos decisivos. En 1952, Selman A. Waksman recibió el Nobel por descubrir la estreptomicina, el primer antibiótico eficaz contra la tuberculosis.
Estos reconocimientos comparten una característica: distinguen investigaciones que modifican una pieza fundamental del conocimiento médico y que, con el tiempo, pueden repercutir en la prevención, el diagnóstico o el tratamiento de enfermedades.

¿Quién ganó el último Premio Nobel de Medicina?
El Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 fue otorgado a Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel por sus descubrimientos relacionados con los canales iónicos activados por la luz y la optogenética. El anuncio oficial se realizó el 5 de octubre de 2026.
El reconocimiento tiene una particularidad: su origen se encuentra en el estudio de un organismo microscópico.
Peter Hegemann y Georg Nagel investigaron cómo una alga unicelular, Chlamydomonas, detecta la luz. Sus estudios condujeron al análisis de proteínas sensibles a la luz conocidas como channelrhodopsins.
Cuando estas proteínas reciben luz, pueden abrir canales que permiten el movimiento de iones a través de la membrana celular. Este fenómeno genera cambios eléctricos en la célula.
El descubrimiento adquirió una dimensión mayor cuando Karl Deisseroth llevó este principio al estudio de las células nerviosas. La idea consistió en utilizar estas proteínas sensibles a la luz como una especie de interruptor para controlar la actividad neuronal.
Así nació la optogenética, una herramienta que transformó la investigación en neurociencia. Su principal valor está en la precisión: permite manipular determinados circuitos y estudiar qué ocurre cuando esas células cambian su actividad.
El Nobel señala que esta tecnología ha permitido investigar cómo las células nerviosas participan en procesos como memoria, emociones y comportamiento.

¿Por qué el Nobel de Medicina 2026 puede cambiar la forma de estudiar el cerebro?
Para comprender la relevancia de la optogenética hay que considerar una dificultad fundamental de la neurociencia: el cerebro está formado por una enorme cantidad de células conectadas en redes complejas.
Observar que una neurona se activa durante una determinada conducta no demuestra, por sí solo, que esa célula sea responsable de ella. Para establecer una relación de causa y efecto, los científicos necesitan herramientas que permitan modificar de manera controlada la actividad de los circuitos neuronales.

Importancia la optogenética
El National Institutes of Health (NIH) explica que las herramientas para manipular circuitos neuronales permiten pasar de la simple observación hacia el estudio de relaciones causales entre la actividad cerebral y el comportamiento. Dentro de estas herramientas se encuentra precisamente la optogenética.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre una herramienta de investigación y un tratamiento médico.
La optogenética ha tenido un enorme impacto en la investigación con animales, pero todavía enfrenta limitaciones para su aplicación clínica generalizada. Entre ellas se encuentran las dificultades relacionadas con la penetración de la luz en tejidos profundos y las características de las herramientas disponibles.
Por ello, el Nobel de 2026 no significa que exista una "cura con luz" para las enfermedades neurológicas. Su importancia está en haber proporcionado a la ciencia una herramienta mucho más precisa para estudiar cómo funcionan los circuitos cerebrales.
La evolución del Premio Nobel de Medicina muestra cuánto ha cambiado la ciencia en poco más de un siglo. En 1901, Emil von Behring recibió el primer reconocimiento por una terapia basada en anticuerpos contra la difteria.
Décadas después, otros científicos fueron premiados por descubrimientos como la insulina y la penicilina, avances que modificaron el tratamiento de enfermedades que alguna vez tuvieron consecuencias devastadoras.
En 2026, el reconocimiento llega a una tecnología que permite estudiar el cerebro mediante la luz.
La conexión entre estos descubrimientos no está en que todos sean tratamientos, sino en algo más profundo: cada uno permitió ampliar los límites de lo que la medicina podía comprender y hacer.
El valor histórico del Nobel está precisamente en mostrar que la medicina no avanza únicamente cuando aparece un nuevo tratamiento. Muchas veces, el cambio comienza con una herramienta, una observación o una pregunta científica que permite mirar el organismo desde una perspectiva diferente.