¿Una convulsión siempre significa epilepsia? Esto explican los especialistas sobre la enfermedad
Conoce qué es la epilepsia, un trastorno que afecta a 50 millones de personas en el mundo, y descubre sus síntomas, causas y cómo se diagnostica.

Con motivo del Día Mundial del Cerebro, que se conmemora cada 22 de julio para promover la prevención y el cuidado de la salud neurológica, especialistas hacen un llamado a visibilizar enfermedades que aún enfrentan desinformación y estigmas, como la epilepsia. Aunque suele asociarse únicamente con las convulsiones, este trastorno neurológico puede manifestarse de distintas formas y afectar a personas de cualquier edad.
La epilepsia afecta a cerca de 50 millones de personas en el mundo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo que la convierte en uno de los trastornos neurológicos más frecuentes a nivel global.
A pesar de ello, continúa rodeada de mitos que dificultan su diagnóstico oportuno y favorecen la discriminación hacia quienes viven con esta condición. Para muchas personas, la epilepsia se limita a la imagen de una convulsión; sin embargo, la enfermedad comprende distintos tipos de crisis y puede manifestarse de formas muy diversas.
Especialistas coinciden en que la desinformación representa uno de los principales obstáculos para que los pacientes reciban atención temprana. Incluso, algunas personas pueden tardar varios años en obtener un diagnóstico correcto, lo que retrasa el acceso a tratamientos capaces de controlar las crisis y mejorar su calidad de vida.
La buena noticia es que la mayoría de los casos pueden tratarse con éxito. La OMS estima que hasta el 70% de las personas con epilepsia podrían vivir sin crisis si reciben un diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado. Comprender qué es esta enfermedad, cuáles son sus síntomas y cómo se diagnostica resulta fundamental para reducir el estigma y favorecer una atención médica temprana.

¿Qué es la epilepsia y cuál es la diferencia con una crisis epiléptica?
La Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE) define la epilepsia como una enfermedad neurológica caracterizada por una predisposición persistente del cerebro para generar crisis epilépticas no provocadas.
Estas crisis ocurren cuando un grupo de neuronas produce descargas eléctricas anormales y excesivas que alteran temporalmente el funcionamiento del cerebro. Sin embargo, presentar una convulsión no significa necesariamente que una persona tenga epilepsia.
Durante una entrevista para Imagen Radio, la doctora Laura Hernández, neuróloga, epileptóloga y consejera médica de la Asociación Mexicana de Epilepsia en Niños y Adultos (AMENA), explicó que esta es una de las confusiones más frecuentes.
La crisis epiléptica es una manifestación clínica de una actividad cerebral anormal. Cualquier persona podría presentar una crisis por una fiebre muy alta, una infección del sistema nervioso central, un traumatismo o incluso después de una cirugía cerebral. Eso no significa que tenga epilepsia.
La especialista precisa que la diferencia radica en la recurrencia.
La epilepsia es cuando una persona tiene una predisposición a seguir generando crisis epilépticas sin que sean provocadas. La epilepsia siempre implica crisis epilépticas, pero no todas las crisis epilépticas significan epilepsia.
Esta diferencia permite comprender por qué una convulsión aislada no basta para establecer el diagnóstico y por qué la valoración médica especializada resulta indispensable.

¿Cuáles son los síntomas de la epilepsia?
Las manifestaciones de la epilepsia dependen de la región del cerebro donde inicia la actividad eléctrica anormal. Por ello, los síntomas pueden variar considerablemente entre un paciente y otro.
Mayo Clinic señala que las personas pueden presentar:
- Convulsiones con movimientos involuntarios
- Pérdida temporal del conocimiento
- Episodios de desconexión o mirada fija
- Rigidez muscular
- Confusión después de la crisis
- Alteraciones sensoriales, como cambios en el olfato, el gusto o una sensación repentina de miedo
La doctora Hernández explica que las crisis también se clasifican según el lugar donde se originan.
Las crisis pueden ser focales, cuando comienzan en una parte específica del cerebro, o generalizadas, cuando rápidamente se diseminan hacia ambos hemisferios. Cuando no podemos identificar su origen, se clasifican como indeterminadas.
Reconocer estos signos favorece una evaluación médica temprana y disminuye el riesgo de complicaciones.

¿Qué puede provocar una convulsión?
Las crisis epilépticas no siempre obedecen a una epilepsia. Diversas condiciones pueden desencadenar una convulsión aislada.
Entre las causas más frecuentes descritas por la OMS, el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de Estados Unidos (NINDS) y la especialista mexicana destacan:
- Traumatismos craneoencefálicos
- Accidentes cerebrovasculares
- Infecciones del sistema nervioso central
- Tumores cerebrales
- Alteraciones genéticas
- Lesiones ocurridas durante el nacimiento
Además, existen factores que favorecen una crisis incluso en personas sin epilepsia.
La privación de sueño, un accidente cerebrovascular, una infección cerebral, un hematoma, la abstinencia de alcohol después de varios días sin consumirlo o el uso de algunas drogas pueden desencadenar una crisis epiléptica", explica la neuróloga.
La OMS señala que en aproximadamente la mitad de los casos no es posible identificar una causa específica, situación que obliga a realizar una evaluación individualizada.

¿Cómo se diagnostica la epilepsia?
El diagnóstico requiere mucho más que la presencia de una convulsión. Los especialistas analizan la historia clínica, las características de las crisis y diversos estudios que permiten identificar alteraciones en el cerebro.
Entre las pruebas más utilizadas se encuentran:
- Historia clínica y exploración neurológica
- Electroencefalograma (EEG), que registra la actividad eléctrica cerebral
- Resonancia magnética para detectar lesiones estructurales
- Estudios complementarios, como pruebas genéticas o metabólicas, cuando el caso lo requiere
La doctora Laura Hernández advierte que muchas personas tardan años en recibir un diagnóstico adecuado.
Hay pacientes que pueden tardar hasta seis años en obtener un diagnóstico correcto. Ese retraso limita el acceso temprano al tratamiento y puede afectar su calidad de vida.
Para reducir este problema surgió la alianza Retos Visibles, integrada por AMENA, la Fundación Síndrome de Lennox-Gastaut y el Centro de Metamorfosis, cuyo objetivo es promover el reconocimiento temprano de la enfermedad y facilitar el acceso a especialistas.

Cuando los medicamentos no son suficientes
El tratamiento inicial de la epilepsia consiste en medicamentos anticonvulsivos. No obstante, alrededor de tres de cada diez pacientes presentan epilepsia farmacorresistente.
Si una persona ya recibió dos medicamentos adecuados, en dosis correctas, y continúa teniendo crisis, hablamos de epilepsia farmacorresistente", explica la especialista.
En estos casos es necesario valorar otras alternativas terapéuticas, como la cirugía, la estimulación del nervio vago o la dieta cetogénica, siempre bajo supervisión de un equipo multidisciplinario.
La neuróloga destaca que enfermedades como el Síndrome de Dravet y el Síndrome de Lennox-Gastaut forman parte de este grupo de epilepsias de difícil control.
Ambos trastornos aparecen durante la infancia y pueden afectar el desarrollo neurológico, por lo que requieren atención especializada desde las primeras crisis para mejorar el pronóstico.

Romper los mitos también forma parte del tratamiento
La enfermedad puede afectar la vida escolar, laboral, emocional y familiar, sobre todo cuando el diagnóstico se retrasa o persisten ideas equivocadas sobre el padecimiento.
La doctora Hernández señala que muchos pacientes enfrentan prejuicios que carecen de sustento científico.
Existe el mito de que las personas con epilepsia no pueden estudiar, trabajar o tener hijos, y eso no es cierto. También es falso que haya que introducir objetos en la boca durante una convulsión o que la enfermedad sea contagiosa.
La especialista añade que tampoco existe evidencia para prohibir alimentos específicos, como el chocolate, salvo que el médico indique una dieta especial por razones terapéuticas.
Asimismo, considera que la atención debe ir más allá del tratamiento farmacológico.
Estos pacientes y sus familias necesitan apoyo psicológico, rehabilitación física, terapia del lenguaje y, en algunos casos, atención psiquiátrica. El tratamiento integral mejora su calidad de vida.
La epilepsia continúa representando un desafío para los sistemas de salud, no solo por sus implicaciones médicas, sino también por las barreras sociales que enfrentan quienes viven con esta enfermedad.
La eos especialistas señalan que un diagnóstico temprano, el acceso a especialistas y un tratamiento integral permiten controlar las crisis en la mayoría de los pacientes y mejorar significativamente su bienestar. Al mismo tiempo, combatir la desinformación ayuda a reducir el estigma y favorece una mayor inclusión para millones de personas y sus familias.