El Buen Fin y el Nobel de Economía: Así se explica por qué gastamos lo que aún no ganamos

En noviembre se celebrará la decimosexta edición de uno de los eventos comerciales más importantes

El Buen Fin y el Nobel de Economía: Así se explica por qué gastamos lo que aún no ganamos
El Buen Fin y el Nobel de Economía: Así se explica por qué gastamos lo que aún no ganamosCuartoscuro/Andrea Murcia Monsivais

Tal es la importancia de este evento que, de acuerdo con la Concanaco Servytur, en 2025, las ventas alcanzaron 219 mil millones de pesos. Detrás de esa cifra se repite una misma pregunta: ¿me alcanza para aprovechar las promociones? Aunque parece una cuestión de finanzas personales, la respuesta podría encontrarse en el trabajo de los recientes ganadores del Nobel de Economía, que estudiaron una cuestión clave: ¿cómo influyen nuestras expectativas sobre el futuro en las decisiones que tomamos hoy?

Esa pregunta va más allá de las ofertas: su respuesta ayuda a entender incluso temas macroeconómicos como la inflación y los ciclos económicos. Por ello, ocupa un lugar central en el trabajo de Robert E. Hall y Michael Woodford —los ganadores del premio—, cuyas aportaciones al estudio de las decisiones individuales y la política monetaria fueron reconocidas con el galardón.

Hall desarrolló una idea clave para entender estas decisiones: las familias no determinan cuánto gastar únicamente con base en el dinero que reciben hoy, sino también en los ingresos que esperan obtener a lo largo de los años. Por ejemplo, si una persona sabe que recibirá un aguinaldo en noviembre o diciembre, puede anticipar sus compras y distribuir sus gastos. En cambio, una noticia inesperada, como perder el empleo o recibir un ascenso, podría llevarla a ajustar sus planes de consumo a la baja o al alza.

Por su parte, Woodford mostró que las expectativas también influyen en la política monetaria. Si las personas toman decisiones con base en lo que esperan del futuro, los bancos centrales pueden influir en la economía no sólo mediante las tasas de interés, sino también a través de sus comunicados. Por eso, instituciones como el Banco de México cuidan sus mensajes: las expectativas sobre la inflación y las tasas futuras pueden modificar las decisiones de consumo e inversión.

Pero las decisiones de compra no siempre responden a una planeación racional. La economía del comportamiento ha documentado que solemos dar más peso a los beneficios inmediatos que a los costos futuros, y que tendemos a evaluar cada compra por separado, sin considerar cuánto suman todas nuestras obligaciones, es aquí donde el crédito entra al juego.

Durante El Buen Fin, una mensualidad de 800 pesos puede parecer manejable, y una promoción que permite empezar a pagar en marzo puede hacer que el gasto parezca lejano. El problema aparece cuando varias compras se acumulan en el mismo presupuesto.

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Aunque cada pago parezca manejable, la acumulación de mensualidades puede elevar el endeudamiento por encima de 30% de los ingresos, límite que la Condusef recomienda no rebasar. Por ello, el riesgo aumenta cuando esos compromisos coinciden con la cuesta de enero, periodo en el que los gastos de fin de año pueden reducir los recursos disponibles para cubrir otras necesidades.

Esto no significa que comprar a meses sin intereses sea una mala decisión. Financiar un refrigerador que durará varios años puede ser razonable si las mensualidades caben en el presupuesto. La dificultad está en comprometer ingresos futuros sin calcular cuánto dinero quedará disponible después de cubrir las deudas y los gastos habituales.

La falta de planeación agrava el problema. La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) del Inegi señala que, entre los adultos que llevan algún control de sus gastos, sólo 24 de cada 100 elaboran un presupuesto. Muchas familias separan mentalmente el dinero de la renta, la despensa y la escuela, pero no siempre reservan recursos para las mensualidades que deberán pagar durante los siguientes meses.

Durante El Buen Fin, cada compra a crédito implica destinar una parte del ingreso futuro al pago de una deuda presente. Lo que parece una decisión individual termina formando parte de un fenómeno más amplio: el consumo de los hogares, uno de los componentes fundamentales de la actividad económica.

La macroeconomía, al final, también se construye a partir de millones de decisiones individuales. Por eso, entender cómo piensan los consumidores, cómo forman sus expectativas y cómo responden a sus restricciones presupuestarias resulta esencial para explicar fenómenos que van mucho más allá de las finanzas de un solo hogar.

Antes de aprovechar una promoción, conviene preguntarse si se compraría el producto sin el descuento, cuánto suman las mensualidades nuevas y anteriores, y si habrá recursos suficientes para cubrir los gastos de enero. Si las cuentas cuadran, la compra puede tener sentido. Si depende de que nada inesperado ocurra durante los próximos meses, quizá la mejor oferta sea dejarla pasar

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El Buen Fin y el Nobel de Economía: Así se explica por qué gastamos lo que aún no ganamosExcélsior

Por: Daniel Vega, analista en llamadinero.com

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