¿Por qué los inversionistas ya no temen a la guerra, la inflación y la tensión geopolítica?
Pese a la guerra y la incertidumbre global, los inversionistas mantienen la confianza y los mercados siguen al alza.

Esto, en un entorno económico como el que estamos presenciando en esta primera mitad del 2026.
En otros momentos de la historia, particularmente a finales del siglo XX y principios del siglo XXI, una combinación de tensiones geopolíticas, incertidumbre económica y riesgos políticos similares provocaron episodios de aversión al riesgo, que vinieron acompañados de caídas bursátiles.
Uno de los factores con mayor capacidad histórica para alterar el ánimo de los inversionistas ha sido la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio y sus efectos económicos. Desde las crisis petroleras de la década de 1970, los conflictos en esta región han demostrado que una escalada militar puede convertirse rápidamente en un problema económico global a través del mercado energético.
No obstante, durante lo que va del 2026, los inversionistas han mostrado una sorprendente capacidad para absorber todo tipo de noticias sin desencadenar una ola generalizada de ventas, o siquiera demostrar “miedo” a través de los mercados financieros. Todo lo contrario, a pesar de que este año inició un conflicto armado entre Estados Unidos e Irán, que llevó al cierre de la ruta comercial más importante del petróleo, y, en consecuencia, al incremento de la inflación en productos de los energéticos y de productos de consumo básico, el S&P 500, índice representativo del mercado, ha mostrado fortaleza, con 10% de ganancia en el año.

Si bien las tensiones regionales volvieron a encender las alertas por una posible afectación al suministro de petróleo y mayores presiones inflacionarias, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha mandado señales de “tranquilidad” a los mercados cuando el panorama comienza a nublarse.
Por ejemplo, hace algunas semanas, con una tregua que redujo temporalmente la incertidumbre, pero que terminó por romperse en cuestión de días; los precios del petróleo reaccionaron con incrementos de hasta 5.0% en una misma jornada. A pesar de ello, los mercados financieros mostraron una reacción limitada con una caída de apenas 0.2% en el S&P 500 el día que se terminó la tregua, reflejando una mayor capacidad para absorber riesgos geopolíticos que en otros momentos habrían provocado fuertes correcciones.
No solo estos eventos han sido “absorbidos” por los mercados financieros. En lo que va del año, la economía estadounidense ha mostrado señales de enfriamiento, pero poco ha impactado en las expectativas de los inversionistas. Para el mes de junio, el consenso del mercado era que se esperaban cerca de 114 mil nuevos empleos, pero de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS, por sus siglas en inglés) se crearon únicamente 57 mil empleos.
Este dato resalta la tendencia que ha seguido el mercado laboral estadounidense este 2026. Lo anterior, solía ser una señal de alerta en los mercados, pero con la distorsión actual no hemos visto este comportamiento.

Por otro lado, en el ámbito de la política monetaria, recordemos que a inicios de 2026 se hizo evidente el desacuerdo entre mandatarios de la Casa Blanca y la Reserva Federal. Desde el inicio de su segundo periodo presidencial, se volvió evidente el roce entre Donald Trump y el entonces presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, debido a las decisiones de política monetaria que se habían tomado hasta el momento. Mientras que el primero quería un recorte fuerte a la tasa de interés, el segundo buscaba llevar una política mesurada, manteniendo la tasa sin cambios durante lo que fue el final de su mandato.
Lo anterior provocó fricciones, llegando al punto de la descalificación hacia Powell, quien incluso fue citado por el Departamento de Justicia debido a que el costo de la renovación de la sede de la Fed se elevó hasta 2.5 mil millones de dólares. Poco tiempo después, se cumpliría el capricho de Trump de cambiar al presidente de este banco central, con la intención de que el nuevo encargado sí cumpliera su deseo de bajar las tasas.
Por último, un factor adicional que ha mantenido en vilo a los inversionistas es la política arancelaria del gobierno estadounidense. Si bien esta política comenzó desde abril de 2025 con el llamado Liberation Day, y aunque la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos los declaró inconstitucionales, la administración de Trump continúa impulsando la campaña de regresar las industrias nacionales a los Estados Unidos y de revisar los tratados comerciales vigentes.
Aún y con la suma de todo lo antes mencionado, los mercados financieros se han mantenido en pie y se adaptaron a la incertidumbre, por lo que la estrategia —si es que fue una estrategia— de Trump para ganar tiempo hasta que la inflación bajara y con ello se justifique el recorte en las tasas, por fin está dando resultados, pues el último dato de inflación fue positivo y ésto podría representar un respiro.