Suben los rendimientos de los bonos de EU; así impacta al financiamiento global

Los rendimientos de los bonos de EU suben a máximos de décadas y elevan el costo del financiamiento en los mercados globales.

Suben los rendimientos de los bonos de EU; así impacta al financiamiento global.
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El Treasury a 30 años llegó a operar en 5.53%, su nivel más alto desde mediados de 2004, antes de moderarse a 5.49%. El bono a 10 años tocó 5.23%, cerca de máximos desde 2007. Este no es un movimiento aislado ni exclusivamente estadounidense. Hay subida sincronizada en los rendimientos de bonos a 10 años de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia y Japón. Y es que cuando sube el costo de financiarse de la mayor economía del mundo, se endurecen las condiciones financieras globales.

La mecánica es simple, aunque sus consecuencias no tanto. Cuando los inversionistas venden bonos, los precios caen y el rendimiento exigido para conservarlos aumenta. En la práctica, esto encarece el crédito, porque los bonos del Tesoro estadounidense son la referencia principal para valorar activos financieros y préstamos en todo el mundo.

El detonante es una mala combinación: precios energéticos elevados, datos económicos sólidos y una creciente preocupación por la magnitud de la deuda pública. Un petróleo más caro eleva las expectativas de inflación; una economía que mantiene fuerza reduce la probabilidad de recortes de tasas y puede alimentar apuestas por mayores alzas. Si los inversionistas anticipan tasas más altas durante más tiempo, exigen un mayor rendimiento para inmovilizar su capital durante 10 o 30 años.

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La fortaleza económica estadounidense ha sido, paradójicamente, una mala noticia para el mercado de renta fija. El índice de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan superó las previsiones y los datos de actividad empresarial apuntaron a una expansión acelerada. Eso llevó a los mercados de derivados a elevar la probabilidad implícita de otra subida de tasas de la Fed. Para los bonos largos, el mensaje es claro: la inflación podría tardar más en converger a la meta y la política monetaria no tendría margen para relajarse pronto.

Reducir el episodio a expectativas sobre la Fed sería simplista. La otra variable es fiscal. Estados Unidos mantiene déficits elevados y necesita colocar grandes volúmenes de deuda para refinanciar vencimientos y financiar el gasto corriente. La oferta de bonos de largo plazo ha aumentado justo cuando los inversionistas demandan una compensación mayor por inflación, duración y riesgo fiscal. Esa combinación eleva la llamada prima por plazo: el rendimiento adicional que exige el mercado por mantener un bono durante muchos años.

El problema se agrava cuando se rompen niveles técnicos relevantes. Superar ciertos umbrales puede activar ventas adicionales, cierres forzados de posiciones y pérdidas para fondos que estaban apostando a que la deuda de corto plazo tendría mejor desempeño. En un mercado tan profundo como el de Treasuries, estos ajustes pueden propagarse.

El contagio ya es visible. El rendimiento del Bund alemán a 10 años alcanzó 3.62%, su mayor nivel desde 2009, mientras que los gilts británicos se mantuvieron por encima de 5.0%. Francia y Japón también registraron aumentos. Las diferencias entre países reflejan condiciones fiscales y monetarias propias, pero la dirección común revela que los inversionistas ya están reevaluando el precio global del dinero.

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Washington intenta contener la presión sobre los plazos largos mediante recompras de bonos de 10 a 30 años. Sin embargo, las operaciones recientes no han alcanzado el volumen máximo previsto, lo que el mercado interpretó como una señal débil. El Tesoro enfrenta una contradicción difícil: quiere limitar el aumento de los rendimientos largos, pero al mismo tiempo debe financiar déficits históricamente altos.

Una respuesta ha sido emitir más letras del Tesoro, instrumentos con vencimiento menor a un año. Wall Street estima que Estados Unidos podría colocar cerca de un billón de dólares adicionales en este segmento durante el próximo año fiscal.

Sin embargo, esa estrategia sólo desplaza parte del riesgo. Al depender más de deuda de corto plazo, el gobierno reduce temporalmente el costo de financiamiento, pero debe refinanciar con mayor frecuencia. Si las tasas permanecen elevadas o suben más, el gasto por intereses puede ajustarse al alza con rapidez. La proporción de letras alcanzaría alrededor de 24% de la deuda negociable, por encima del objetivo de largo plazo cercano a 20 por ciento.

Los mercados ya no están dispuestos a asumir sin mayor remuneración la combinación de inflación persistente, déficits amplios y oferta creciente de deuda. Mientras esa percepción no cambie, el rendimiento de los bonos largos seguirá siendo una fuente de presión para las finanzas públicas y para la economía global.

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