¿Quién diseñó el Palacio de Bellas Artes? La historia marcada por su hundimiento

Conoce quién diseñó el Palacio de Bellas Artes, sus secretos de construcción y el cambio de planes arquitectónicos.

Historia del Palacio de Bellas Artes
Historia del Palacio de Bellas ArtesCanva / Facebook Museo del Palacio de Bellas Artes

¿Alguna vez te has preguntado quién diseñó el Palacio de Bellas Artes? Conoce su historia en el corazón de la Ciudad de México.

Con su imponente fachada de mármol de Carrara que resplandece bajo el sol de la tarde y sus icónicas cúpulas de tonos amarillos y naranjas, este edificio no es simplemente un teatro o un museo; es el epicentro de la identidad cultural mexicana.

Caminar por la Alameda Central y encontrarse con su silueta es asistir a un diálogo silencioso entre el pasado porfiriano, la transición revolucionaria y la modernidad de una nación que aprendió a redefinirse a través de sus artes plásticas y su arquitectura.

Sin embargo, el Palacio de Bellas Artes es el resultado de un drama histórico e ingenieril que se extendió por tres décadas. Concebido originalmente como un monumento que buscaba europeizar el paisaje urbano, se convirtió, por azares del destino, de la geología y de la guerra, en un testigo mudo del nacimiento del México moderno.

Su construcción estuvo plagada de interrupciones financieras, un subsuelo fangoso que amenazaba con tragarse la estructura entera y un estallido social que transformó radicalmente el propósito y la estética de su diseño interior.

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¿Quién diseñó el Palacio de Bellas Artes?

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el gobierno del presidente Porfirio Díaz se propuso transformar la Ciudad de México en una metrópoli que reflejara el progreso, el orden y la sofisticación económica del régimen.

En el marco de las celebraciones del Centenario de la Independencia de México, programadas para 1910, se proyectaron grandes obras civiles y monumentos. El Teatro Nacional existente, una joya del siglo XIX ubicada en la actual calle de Bolívar, fue demolido para dar paso a la prolongación de la avenida Cinco de Mayo.

Esto obligó a la planificación de un nuevo recinto que no solo lo reemplazara, sino que superara cualquier teatro existente en el continente. Para llevar a cabo esta monumental tarea, en 1904 el gobierno contrató al arquitecto italiano Adamo Boari para la construcción de lo que hoy en día es el Palacio de Bellas Artes. 

Boari ya era una figura conocida y respetada en México gracias a su trabajo en el Palacio Postal (la Quinta Casa de Correos); el proyecto original de Boari ponía un énfasis en la experiencia teatral de la élite porfiriana: los vestíbulos eran amplios, pensados para el lucimiento social, y la sala de espectáculos contaría con un asombroso telón de cristal opalescente encargado a la casa Tiffany de Nueva York.

Adamo Boari
Adamo BoariFacebook Museo del Palacio de Bellas Artes

Los problemas en la construcción del Palacio de Bellas Artes

El ambicioso plan de Boari se topó de frente con la realidad geológica del Valle de México. El subsuelo de la zona, compuesto por arcillas altamente compresibles debido al antiguo lecho lacustre, no estaba preparado para soportar las miles de toneladas de mármol y acero.

Ya en 1907, el edificio comenzó a presentar problemas de hundimiento diferencial, una crisis que obligó a Boari a emplear técnicas de inyección de cal y cemento en los cimientos, un esfuerzo ingenieril sin precedentes en la época que ralentizó considerablemente el avance de la obra.

El destino del Palacio de Bellas Artes también se vio afectado por el inicio de la Revolución Mexicana. El conflicto armado desestabilizó la economía del país, los fondos destinados a las obras públicas se evaporaron y la construcción del Teatro Nacional se detuvo casi por completo.

Para 1916, frustrado por la falta de recursos y la inestabilidad política, Adamo Boari abandonó México y regresó a Europa, dejando tras de sí una estructura de acero expuesta y un exterior de mármol incompleto.

La estructura se hundió casi dos metros respecto al nivel de la calle durante este periodo de abandono.

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La construcción final del Palacio de Bellas Artes

No fue sino hasta 1930, bajo la presidencia de Pascual Ortiz Rubio y con el impulso decisivo del ingeniero Alberto J. Pani, entonces director del Banco de México, que se tomó la firme decisión de terminar el edificio.

El Palacio de Bellas Artes fue reasignado al arquitecto mexicano Federico Mariscal, quien se enfrentó a un reto colosal: debía respetar el exterior Art Nouveau de Boari, pero el interior seguía siendo un lienzo en blanco que ya no encajaba con el espíritu del México posrevolucionario.

Mariscal tomó la audaz decisión de diseñar el interior bajo las estrictas pautas del Art Déco, convirtiéndose en un híbrido arquitectónico: un caparazón porfiriano de corte europeo que resguardaba un interior moderno, funcional y profundamente ligado al nacionalismo mexicano, coronado por los monumentales murales de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco.

Finalmente, el 29 de septiembre de 1934, el edificio fue inaugurado bajo el nombre de Palacio de Bellas Artes.

El Palacio de Bellas Artes se ha hundido de manera acumulada más de 4 metros respecto al nivel original; sin embargo, esta situación solo le ha otorgado todavía más misticismo a la obra monumental de la CDMX.

mgid