¿Los matrimonios duraban más porque las mujeres aguantaban más? Especialista explica por qué las parejas se divorcian
Johnny Abraham explicó por qué antes las parejas duraban más, qué ha cambiado en las relaciones y por qué estar juntos muchos años no siempre significa ser felices

La duración de un matrimonio suele relacionarse con el compromiso y la capacidad de superar los problemas en pareja. Sin embargo, permanecer juntos durante muchos años, no siempre significa tener una relación feliz.
Para Johnny Abraham, conferencista especializado en inteligencia emocional, sanación de rupturas, patrones relacionales y amor propio, además de autor de No te enamores (sin haber leído este libro), la diferencia entre los matrimonios de antes y los actuales está en las expectativas que tenemos sobre el amor y lo que buscamos en una relación.
En entrevista, el especialista reflexionó sobre una idea que circula en redes sociales: que los matrimonios duraban más porque las mujeres toleraban situaciones que hoy ya no están dispuestas a aceptar. Desde su perspectiva, esta afirmación tiene parte de verdad, pero también es necesario entender el contexto social en el que se construían las relaciones.

¿Por qué antes duraban más los matrimonios?
Johnny Abraham explicó que, durante mucho tiempo, el matrimonio funcionó como un sistema de supervivencia. En una época en la que muchas mujeres dependían económicamente de sus parejas, los roles dentro del hogar estaban más definidos: ellas solían encargarse de la crianza de los hijos y los hombres asumían como proveedores.
Eran equipos de supervivencia y funcionaba”, señaló al referirse a las parejas que permanecían juntas porque compartían responsabilidades y necesitaban apoyarse para salir adelante.
Sin embargo, trabajar en equipo no significaba necesariamente ser felices. Muchas parejas podían cumplir con las expectativas sociales, criar a sus hijos y mantener un hogar sin que eso implicara que ambos se sintieran satisfechos.
Era como un sistema que traía un resultado muy específico que era sobrevivir”, destacó.

Hoy, las prioridades han cambiado. De acuerdo con el especialista, las personas ya no buscan solamente estabilidad económica o formar una familia; también quieren desarrollarse profesionalmente, perseguir sus sueños y encontrar en su pareja compañía emocional, amistad, intimidad y apoyo para alcanzar sus metas.
Esto también ha elevado las expectativas sobre el matrimonio. Ahora esperamos que una misma persona sea amante, amigo, compañero, apoyo emocional y, en muchos casos, alguien con quien compartir las responsabilidades económicas.
Por eso, cuando una pareja descubre que no busca lo mismo o que uno de los dos no está dispuesto a construir en equipo, permanecer juntos puede dejar de tener sentido, incluso después de haberlo intentado varias veces.

¿El divorcio puede ser una decisión saludable?
Para Johnny Abraham, terminar una relación no necesariamente significa fracasar. El divorcio también puede ser una decisión saludable cuando ambas personas han hecho lo posible por construir una vida en común, pero se dan cuenta de que ya no pueden continuar juntas.
Tal vez a ti te salga con alguien más y a mí también, a nosotros no. ¡Perfecto! No nos jodamos la vida, no se la jodamos a nuestros hijos, vamos. Hagámoslo desde el amor”, expresó.
El especialista considera que algunas parejas permanecen juntas por miedo a las críticas, las presiones sociales o las dificultades económicas que puede traer una separación. Sin embargo, quedarse en una relación únicamente por estas razones puede prolongar los conflictos y afectar también a los hijos.
A esto se suma que algunas separaciones terminan en medio de disputas, abusos, violencia y humillaciones. Estas experiencias pueden hacer que las personas pierdan la confianza en el amor y lleguen a pensar que las relaciones felices no existen.
Sobre este tema, Abraham señaló:
El problema es que la gente por el qué dirán, por la sociedad, por el sistema económico, todo, se queda en la relación, se hacen la vida complicada, se la complican a sus hijos, se divorcian a veces, pero desde las demandas y abusos y violencia y humillaciones, acaban renunciando al amor diciendo que el amor no existe, pero no se dan cuenta que ellos están desde el miedo, no desde el amor, en modo supervivencia”.
Por ello, considera importante distinguir entre luchar por una relación que todavía puede construirse y permanecer en ella por miedo a empezar de nuevo. Para el especialista, una separación no tiene por qué convertirse en una guerra, especialmente cuando existe la posibilidad de cerrar una etapa con respeto.

¿Cuánto tiempo debe durar un matrimonio para considerarse exitoso?
Otro de los puntos que cuestionó Johnny Abraham es la idea de que un matrimonio largo es necesariamente un matrimonio exitoso. Para él, el número de años que una pareja permanece junta, no refleja la calidad de relación que tienen.
Yo conozco matrimonios que llevan 60 años casados y se odian. Entonces no es el tiempo, es la calidad del tiempo”, afirmó.
También hay parejas que deciden separarse después de poco tiempo y, aun así, conservan el cariño y el respeto, porque reconocen que estar juntas no es lo mejor para ninguna de las dos.
Esto no significa que la tolerancia no sea importante. De acuerdo con Abraham, aprender a convivir implica dialogar, negociar y aceptar ciertas diferencias. El problema aparece cuando se confunde el compromiso con la obligación de soportar cualquier comportamiento.
Nunca debemos tolerar cosas como abusos, violencias, humillaciones, irresponsabilidades y cosas así”, subrayó.
En otras palabras, construir una relación requiere disposición para resolver los problemas, pero también tener claros los límites. No todo desacuerdo significa que una pareja deba separarse, así como no toda relación merece mantenerse a cualquier costo.

¿Por qué confundimos el amor con el miedo?
Al hablar sobre las experiencias que lo llevaron a cuestionar la manera en que nos relacionamos, el autor señaló que muchas parejas actúan desde el miedo y no desde el amor.
Esto puede verse en el temor al compromiso, que da lugar a relaciones indefinidas conocidas como “casi algo”; en el miedo a mostrarse vulnerable, que puede manifestarse mediante el ghosting, o en la necesidad de controlar a la pareja para evitar una posible decepción.
Según Abraham, estas conductas pueden alimentar los celos, la manipulación y las luchas de poder, sobre todo cuando una persona intenta cambiar a la otra en lugar de decidir si realmente puede aceptarla como es.
Somos niños chiquitos con canas relacionándonos”, comentó al comparar algunos comportamientos que se aprenden desde la infancia, aunque en la vida adulta pueden tener consecuencias mucho más graves.
Así como un niñito en el kinder jala a alguien de la oreja porque le robó el lunch, pues ahora se demandan y se golpean y se ve más dramático el asunto, pero es lo mismo. ¿A qué voy? A que estamos queriendo dominar al otro en las relaciones, por eso hay lucha de poder, señaló.
Para el especialista, una relación sana debería permitir que ambas personas se muestren tal como son. A partir de ahí, pueden decidir si quieren construir un proyecto en común, sin recurrir a amenazas, presiones o intentos de control.
Amor es otra cosa. Si duele y si lastima y si humilla, no es amor. El amor siempre suma, embellece, acaricia, construye”, sostuvo.
Abraham también reconoció que trabajar en la forma de amar es un proceso constante, pues identificar las propias conductas y cambiar aquello que lastima requiere autoconocimiento y disposición para mejorar.
¿Por qué Johnny Abraham tituló su libro No te enamores sin haber leído esto primero?
El título de su libro podría hacer pensar que está en contra del enamoramiento. Sin embargo, el autor aclaró que su intención es ayudar a las personas a prepararse para construir relaciones más sanas, no alejarlas del amor.
Explicó que, durante la etapa inicial del enamoramiento, las emociones y los procesos relacionados con la dopamina pueden influir en la manera en que percibimos a la otra persona. En ocasiones, esto dificulta reconocer ciertas señales de alerta y lleva a tolerar comportamientos que nos hacen daño.
Por eso, considera importante trabajar en uno mismo antes de enamorarse y aprender a identificar tanto las señales de alerta como aquellas que indican que una relación puede construirse de manera saludable.
¿Qué pasaría si antes de enamorarte supieras el mapa que vas a recorrer, trabajaras en ti, supieras cómo trabajar durante la relación, qué focos rojos ver, qué focos verdes ver, cómo dialogar mejor, cómo discutir mejor, cómo saber cuáles son tus heridas?”, planteó.
A través de su libro, Abraham busca compartir herramientas para comprender las emociones, reconocer las propias heridas y aprender a resolver los desacuerdos sin convertir la relación en una fuente constante de sufrimiento.
Su mensaje, aclaró, no pretende desalentar el enamoramiento, sino ayudar a las personas a distinguir esa primera etapa de la construcción de un amor profundo.
Para el autor, aprender a relacionarnos de manera más consciente puede abrir la puerta a esos “amores bonitos” en los que el respeto, el diálogo y las ganas de crecer juntos tienen más peso que el miedo a perder al otro.