Mitos del Grito de Independencia: lo que no te contaron del 15 de septiembre
Descubre la verdad detrás del Grito de Independencia: mitos, horario real, personajes y secretos que cambiaron la fiesta nacional.

¿Conoces los mitos del Grito de Independencia? Esto es lo que no te contaron del 15 de septiembre; porque detrás del folclor festivo, la transmisión televisiva y el consumo masivo de pozole, yace un relato histórico más complejo, matizado y plagado de licencias poéticas construidas a lo largo de más de dos siglos de consolidación del Estado-nación.
La noche del 15 de septiembre se ha consolidado en la memoria colectiva como el instante supremo de la identidad nacional: una velada donde el tañido de una campana, el eco retumbante de un "¡Viva México!" y el humo de la pirotecnia simulan transportar a toda una nación directamente a las puertas de la Parroquia de Dolores en 1810.
La gesta que inició la transformación política de la Nueva España fue resumida en un cuadro: un anciano cura de barba blanca agitando una campana frente a una multitud fervorosa que aclamaba una república independiente desde el primer segundo.
Pero desentrañar lo que realmente ocurrió en las primeras horas de aquella jornada libertaria es un cúmulo de mitos que contrastan con la dimensión humana, política y social de un proceso que estuvo lejos de ser una función de gala preconcebida.

¿Cuáles son los mitos del Grito de Independencia más famosos?
¿Por qué se festeja el 15 y no el 16 de septiembre?
Un mito popular del Grito atribuye a Porfirio Díaz la decisión de mover el Grito de la madrugada del 16 a la noche del 15 de septiembre con el único propósito de hacerlo coincidir con su cumpleaños número 80, celebrado en el Centenario de 1910.
No obstante, los testimonios de época, entre los que destacan las declaraciones del capitán insurgente Juan Aldama y las crónicas recopiladas por historiadores, coinciden en que las acciones bélicas y la movilización inicial en Dolores comenzaron formalmente entre las 2:00 y las 6:00 de la mañana del domingo 16 de septiembre de 1810.
A esa hora, tras liberar a los presos de la cárcel local y encarcelar a las autoridades peninsulares, Miguel Hidalgo y Costilla aprovechó la concurrencia del mercado dominical y la llamada a la primera misa para arengar a la gente.
Por lo tanto, el hecho histórico estricto ocurrió indiscutiblemente durante el amanecer del día 16. Pero la costumbre de iniciar los festejos la noche anterior no fue un capricho tardío del porfiriato.
Ya desde la década de 1840, durante las administraciones de Antonio López de Santa Anna, las autoridades de la Ciudad de México organizaban serenatas, repiques de campanas y discursos patrióticos desde la víspera del 16.
Lo que Porfirio Díaz realizó en 1896 no fue la invención de la fecha, sino la institucionalización del ritual desde el Palacio Nacional. Díaz ordenó el traslado de la Campana de San Felipe Neri (la campana original de Dolores) desde Guanajuato hasta el balcón central de la sede del Poder Ejecutivo en la capital mexicana.
Al reinstalar el bronce sagrado en el Zócalo y hacerla sonar personalmente a las 23:00 horas del 15 de septiembre de 1896 ante más de 50,000 espectadores, el régimen porfirista unificó el protocolo civil que perdura hasta el día de hoy.

“¡Viva Fernando VII!”
Si hay una frase que define el fervor patriótico moderno es el "¡Viva México!" pronunciado a todo pulmón por mandatarios y ciudadanos. No obstante, en el año de 1810, no existía el concepto geopolítico e identitario de "México".
Lo que verdaderamente exclamó Miguel Hidalgo ante aquella multitud compuesta por indígenas, mestizos, peones de hacienda y artesanos se ha basado en los testimonios indirectos de Juan Aldama, Manuel Abad y Queipo, Fray Diego Bringas y el historiador Lucas Alamán.
Aunque existen variaciones sutiles entre las versiones, todas coinciden en que Hidalgo aclamó abiertamente a la monarquía española, con expresiones como:
¡Hijos, ayúdenme a defender la patria! ¡Se acabó la opresión, se acabaron los tributos! ¡Viva la América! ¡Viva Fernando VII y muera el mal gobierno!
La invocación a Fernando VII, el rey español que había sido destituido y apresado por Napoleón Bonaparte en 1808, no era una contradicción, sino una estrategia política sumamente elaborada y coherente con el pensamiento criollo de la época.
Hidalgo y sus conspiradores en Querétaro no buscaban inicialmente una ruptura traumática e inmediata con el sistema monárquico, sino la formación de una junta gubernativa autónoma que impidiera que la Nueva España fuera entregada a los franceses.

Hidalgo, la bandera guadalupana y el ejército insurgente
El estandarte de la Virgen de Guadalupe se adoptó como la primera bandera insurgente horas más tarde del Grito, ya entrada la mañana de ese mismo 16 de septiembre, cuando la hueste en formación marchaba en dirección a San Miguel el Grande, la columna realizó una parada táctica y espiritual en el Santuario de Jesús Nazareno en Atotonilco.
Fue allí donde Hidalgo tomó una pintura al óleo de la Virgen de Guadalupe que se encontraba en el recinto, la adosó a una asta de madera y la entregó a la multitud como guión sagrado para legitimar la causa.
Por otro lado, la figura romantizada del "Padre de la Patria" ha sido objeto de una mitificación; no existen cuadros de Miguel Hidalgo y las representaciones pictóricas más famosas fueron concebidas durante el Imperio de Maximiliano de Habsburgo.
En 1810, Miguel Hidalgo tenía 57 años, una edad madura para la época, pero distante de la decrepitud que sugieren los lienzos clásicos.
En cuanto al ejército insurgente, el contingente inicial que salió de Dolores no superaba las 600 u 800 personas, compuestas principalmente por indios de la parroquia, artesanos y los presos liberados de la cárcel municipal.
No obstante, al llegar a San Miguel el Grande, la tropa sumaba 4,000 hombres; al entrar a Celaya el 21 de septiembre, se estimaban 20,000 participantes; y para el momento de la toma de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato el 28 de septiembre, la masa armada superaba las 50,000 personas.
Esta marea humana carecía casi por completo de instrucción militar, uniformes o armamento reglamentario. Menos del 5% de la tropa insurgente inicial poseía fusiles de chispa. El 95% restante luchaba armado con machetes, hondas, garrotes, lanzas improvisadas y herramientas agrícolas.
Esta composición popular transformó el movimiento de una conspiración criolla de élite, diseñada originalmente por Ignacio Allende y los capitanes militares para realizar un golpe de Estado limpio, en una jacquerie o rebelión campesina multitudinaria alimentada por siglos de agravios socioeconómicos, despojos de tierras y la terrible crisis agrícola y de sequía que había azotado al Bajío entre 1808 y 1810.
La conmemoración del 15 de septiembre está repleta de mitos, pero que resultan fundamentales para entender la celebración actual y evocar el catalizador histórico de un pueblo que decidió irrumpir de forma dramática en el escenario político internacional para transformar radicalmente su destino.