¿Por qué los hermanos se distancian en la adultez y cómo recuperar el vínculo?
Descubre por qué los hermanos se distancian en la adultez, qué heridas influyen y cómo recuperar el vínculo sin reproches, presión ni expectativas.

Durante la infancia, los hermanos pueden compartir juegos, discusiones, secretos, espacios y buena parte de su vida cotidiana. Sin embargo, con el paso de los años esa convivencia cambia. Cada uno toma decisiones distintas, construye su propia familia, encuentra un empleo, se muda o adquiere nuevas responsabilidades.
Por eso, no resulta extraño que dos hermanos que antes pasaban gran parte del día juntos terminen con una comunicación más esporádica durante la adultez.
Una investigación sobre las relaciones entre hermanos durante la transición a la adultez explica que acontecimientos como salir de casa, terminar los estudios, incorporarse al trabajo, casarse y tener hijos modifican estos vínculos. Las nuevas responsabilidades también pueden hacer que la familia de origen ocupe un lugar menos central en la vida cotidiana.
Pero existe otra posibilidad: que detrás del silencio haya heridas que comenzaron muchos años atrás.
La psicóloga social Nancy Trevethan Vargas explica que algunas relaciones entre hermanos llegan a la adultez sin una verdadera actualización del vínculo y conservan conflictos, comparaciones o roles que pertenecían a la infancia.

¿Por qué los hermanos se distancian en la adultez?
El distanciamiento entre hermanos no tiene una sola causa. En algunos casos aparece como consecuencia natural de los cambios propios de la adultez; en otros, responde a conflictos que nunca se resolvieron.
Trevethan Vargas explica que pueden aparecer “heridas antiguas” que permanecieron en la memoria emocional de la persona, incluso a partir de situaciones que durante la infancia parecían pequeñas.
Cuando llegan a la adultez, de la nada puede haber heridas antiguas, desde situaciones como ‘tú me quitaste mi muñeco cuando éramos niños’. Ese tipo de situaciones también puede llegar a aparecer.
Aunque un conflicto infantil pueda parecer insignificante desde la perspectiva de un adulto, la experiencia pudo tener un significado distinto para el niño que la vivió.
La especialista también señala que las dinámicas familiares tienen un papel importante. La falta de tiempo de los padres, por ejemplo, puede dificultar una convivencia constante entre los hermanos.
No porque los padres no quieran unirlos, sino porque en muchas ocasiones trabajan o no pueden darse el tiempo”, explica.
A esto se suman las circunstancias propias de la adultez. Un hermano puede mudarse a otro estado o país, mientras otro permanece cerca de los padres. Uno puede casarse y tener hijos antes que el otro; alguno puede dedicar más tiempo al trabajo o enfrentar responsabilidades diferentes.
Un estudio encontró que el empleo de tiempo completo, el matrimonio o la convivencia en pareja y la maternidad o paternidad se relacionan con relaciones entre hermanos más distantes.
Esto no significa que los hermanos hayan dejado de quererse.
Cuando se casan, tienen trabajo, hijos, mudanzas, etcétera, todo esto ayuda a que los hermanos se vayan separando de a poco”, explica Trevethan Vargas.
Por eso, hablar con menor frecuencia no siempre equivale a una ruptura. El problema aparece cuando la distancia también lleva consigo resentimiento, enojo, indiferencia o la imposibilidad de hablar sobre lo ocurrido.

Los problemas de la infancia que pueden alejar a los hermanos cuando crecen
Las heridas familiares pueden permanecer durante años y afectar la relación entre hermanos. Comparaciones, favoritismos, rivalidad y roles rígidos pueden generar una competencia que continúa hasta la adultez.
La especialista Trevethan Vargas señala que etiquetas como “el responsable” o “el rebelde” pueden mantenerse con el paso del tiempo. También destaca la parentificación, cuando un hijo, sobre todo el mayor, asume responsabilidades propias de los padres, lo que puede crear una relación desigual entre hermanos.
Cuando uno de los hermanos, principalmente el mayor, termina siendo como el padre o la madre de los hermanos.
Ese papel puede generar una relación desigual. El hermano mayor deja de ser percibido como un igual y adquiere una posición de autoridad o responsabilidad.
Además, el trato diferencial de los padres puede alimentar conflictos y competencia, mientras que la relación entre hermanos suele evolucionar de una dinámica jerárquica en la infancia hacia una más igualitaria en la adultez.
Por ello, una clave para mejorar el vínculo consiste en dejar atrás los roles y etiquetas de la infancia y reconocer al hermano como el adulto que es actualmente.

¿Es normal que los hermanos dejen de hablarse cuando son adultos?
Que los hermanos hablen menos durante la adultez puede formar parte de una transformación normal de la relación. Lo importante es conocer qué hay detrás de esa distancia.
Una investigación encontró que, en promedio, el conflicto entre hermanos disminuye durante la adultez temprana. Al mismo tiempo, los cambios en la cercanía se relacionan con acontecimientos como la convivencia, la maternidad o paternidad y las circunstancias laborales.
Por eso, no existe una cantidad universal de llamadas o mensajes que determine si una relación entre hermanos es sana.
Para Trevethan Vargas, la pregunta importante consiste en revisar el vínculo y detectar si existe comunicación.
Siempre hay que hacer una revisión mental: revisar cómo estoy con mi familia, cómo está la relación con mis hermanos y cómo está la relación incluso conmigo mismo.
La especialista considera que la tecnología puede facilitar el contacto cuando los hermanos viven lejos.
El punto clave tiene que ver con la comunicación que tienen, ya sea por mensaje, por llamada o por videollamada.
Un hermano que vive en otra ciudad puede mantener una relación cercana aunque no exista convivencia semanal. Del mismo modo, dos hermanos que viven a pocos kilómetros pueden encontrarse emocionalmente muy lejos si existe resentimiento.
Por ello, más que contar los días entre una llamada y otra, conviene observar si existe interés, confianza y disposición para compartir momentos importantes.
La relación entre hermanos también puede tener relevancia para el bienestar durante etapas posteriores de la vida. Una investigación con adultos mayores encontró asociaciones entre la calidad de la relación entre hermanos, la soledad y diferentes indicadores de bienestar.

¿Cómo recuperar la relación con un hermano después de años de distanciamiento?
Si no existe una situación de violencia, abuso o una razón que haga necesario mantener distancia, recuperar el vínculo puede comenzar con acciones pequeñas.
Trevethan Vargas recomienda acercarse sin presión y evitar la expectativa de que el hermano responderá de inmediato de la manera que uno espera.
Si realmente los extrañan, acérquense a ellos. Empiecen con pequeños contactos, sin presión.
Un mensaje para preguntar cómo está, una llamada breve o una invitación para tomar un café pueden convertirse en un primer paso.
También puede ser útil conocer los horarios del hermano para encontrar un momento en el que ambos tengan disponibilidad.
Podemos aprendernos las rutinas de nuestros hermanos. Si alguien trabaja toda la semana y tiene un día de descanso, puedo hablarle ese día, sin presión.
La comunicación también requiere evitar reclamos como “nunca me llamas” o “no te importa nuestra relación”. En su lugar, puede resultar más útil explicar qué se siente y qué se desea recuperar.
Si existe un recuerdo de la infancia que todavía provoca molestia, la conversación puede partir de la experiencia personal y no de una acusación.
Trevethan Vargas utiliza como ejemplo el conflicto por un juguete:
Cuando te llevaste ese peluche me sentí muy mal. Me sentí abandonado, sentí que me quitaron algo que era muy valioso para mí”.
La diferencia es importante. Decir “tú me quitaste mi peluche” coloca la conversación en la búsqueda de un culpable; explicar “yo me sentí abandonado” permite mostrar el efecto que tuvo aquella experiencia.
También es necesario aceptar que el otro puede no recordar el acontecimiento de la misma manera.
Actuamos desde el desconocimiento y no todos tienen las mismas consecuencias.
Reconstruir una relación tampoco significa regresar exactamente al vínculo de la infancia. Ambos cambiaron y necesitan conocerse de nuevo como adultos.
Hay que ver al hermano como una persona adulta en lugar de verlo desde el rol infantil que teníamos con esas heridas infantiles.
En casos donde existen conflictos profundos, el acompañamiento psicológico puede ayudar a identificar emociones, patrones familiares y formas de comunicación que dificultan el acercamiento.

¿Cuándo es mejor poner límites en una relación entre hermanos?
No todas las relaciones entre hermanos tienen que recuperar la cercanía de la infancia. Cuando existen ofensas graves, conductas dañinas o dinámicas que continúan afectando el bienestar emocional, establecer cierta distancia puede ser necesario.
Trevethan Vargas señala que, ante situaciones hirientes durante la adultez, una persona puede decidir retirarse y priorizar su bienestar. Sanar no siempre significa reconciliarse: también implica reconocer lo ocurrido, procesar las emociones y evitar que las dinámicas dañinas se repitan, aunque no se retome una relación cercana.
La relación entre hermanos también influye en la forma en que aprendemos a comunicarnos, negociar, defendernos y compartir, por lo que revisar estos vínculos puede ayudar a identificar patrones que se repiten en otras relaciones.
La especialista recomienda bajar las expectativas y aceptar que cada hermano es una persona adulta con su propia identidad, al mismo tiempo que se establece el derecho a ser uno mismo dentro de la relación.
Si existe afecto y ambos desean recuperar la relación, los pequeños contactos, la comunicación sin reproches y el reconocimiento de que ya no son los mismos niños pueden abrir una nueva etapa.
Y si la relación resulta dañina o existen situaciones que hacen necesaria la distancia, también es posible trabajar las emociones sin obligarse a recuperar un vínculo que ya no resulta saludable.
La relación entre hermanos puede cambiar con los años, pero eso no significa que tenga que desaparecer. En algunos casos, la adultez ofrece la oportunidad de conocerse de nuevo, esta vez desde un lugar de mayor igualdad, comprensión y libertad.