Mitos y verdades sobre las fórmulas infantiles y su publicidad

Descubre qué dice la evidencia científica sobre las fórmulas infantiles, cuándo son necesarias y cómo identificar la publicidad que puede resultar engañosa.

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Mitos y verdades sobre las fórmulas infantiles y su publicidadCanva

Cada año, del 1 al 7 de agosto se conmemora la Semana Mundial de la Lactancia Materna, una iniciativa impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), UNICEF y la Alianza Mundial para la Acción en Favor de la Lactancia Materna (WABA).

La campaña recuerda que la leche materna continúa siendo el estándar de oro para la alimentación infantil y promueve acciones que faciliten la lactancia. En 2026, el lema es "Lactancia materna para un comienzo sostenible en la vida: fortalecer lo que funciona".

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La conmemoración también pone sobre la mesa el debate sobre las fórmulas infantiles. Durante años, estos productos han sido promocionados con mensajes que destacan beneficios para el desarrollo o el sistema inmunológico del bebé.

Sin embargo, organismos internacionales advierten que parte de esa publicidad puede inducir a error y favorecer el reemplazo de la lactancia materna sin una indicación médica.

Más que cuestionar si las fórmulas infantiles son "buenas" o "malas", los especialistas coinciden en que son una alternativa segura y necesaria cuando la lactancia no es posible. El reto consiste en distinguir la evidencia científica de los mensajes comerciales para tomar decisiones informadas.

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¿Qué son las fórmulas infantiles y cuándo recomienda su uso un profesional de la salud?

Las fórmulas infantiles son alimentos especialmente diseñados para cubrir las necesidades nutricionales de los bebés cuando no pueden recibir leche materna o cuando existe una indicación médica para complementar su alimentación.

La OMS explica que estos productos cumplen una función importante en situaciones específicas, como enfermedades maternas que impiden la lactancia, tratamientos incompatibles con la alimentación al pecho, adopción, producción insuficiente de leche diagnosticada por un profesional o determinadas enfermedades del recién nacido.

No obstante, el organismo insiste en que la leche materna continúa siendo el alimento ideal durante los primeros seis meses de vida, ya que proporciona nutrientes, anticuerpos y otros componentes biológicos que ninguna fórmula puede reproducir por completo.

Por ello, la decisión de utilizar una fórmula infantil no debería basarse en la publicidad, recomendaciones en redes sociales o experiencias personales de terceros, sino en la valoración de un pediatra u otro profesional de la salud.

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Mitos y verdades sobre las fórmulas infantiles

Las fórmulas infantiles suelen estar rodeadas de afirmaciones que generan confusión. Estos son algunos de los mitos más frecuentes.

Mito: Las fórmulas infantiles son iguales a la leche materna.

Verdad: Aunque las fórmulas aportan proteínas, grasas, vitaminas y minerales esenciales para el crecimiento, la leche materna contiene anticuerpos, células vivas, enzimas y hormonas que ayudan a proteger al bebé frente a infecciones y favorecen el desarrollo de su sistema inmunológico. La OMS señala que ningún sucedáneo puede replicar toda su composición biológica.

Mito: Si un bebé toma fórmula tendrá problemas de salud.

Verdad: Las fórmulas infantiles autorizadas por las autoridades sanitarias son seguras cuando se preparan y administran correctamente. De hecho, representan una alternativa necesaria para miles de familias. 

La diferencia radica en que la lactancia materna aporta beneficios adicionales para la salud de la madre y del bebé que no pueden incorporarse por completo a estos productos.

Mito: Cambiar constantemente de fórmula mejora la digestión.

Verdad: Las organizaciones de salud recomiendan evitar cambios frecuentes sin indicación médica, ya que pueden dificultar la adaptación digestiva del bebé e incluso complicar la identificación de alergias o intolerancias alimentarias.

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¿La publicidad de las fórmulas infantiles exagera sus beneficios? 

Uno de los principales puntos de discusión es la forma en que se promocionan estos productos.

En 1981, la Asamblea Mundial de la Salud adoptó el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna, cuyo objetivo es proteger la lactancia frente a prácticas comerciales que puedan influir de manera indebida en las decisiones de las familias.

El Código no prohíbe la venta de fórmulas infantiles. Lo que establece es que su publicidad no debe presentar estos productos como superiores o equivalentes a la leche materna, ni utilizar estrategias promocionales dirigidas directamente a las madres o al personal sanitario que favorezcan su consumo cuando no existe una necesidad médica.

La preocupación de la OMS y UNICEF ha aumentado con el crecimiento del marketing digital. Hoy es común encontrar anuncios en redes sociales, recomendaciones de influencers y contenido patrocinado que atribuye beneficios extraordinarios a determinadas fórmulas infantiles.

Para ambos organismos, este tipo de publicidad puede generar inseguridad en las madres respecto a su capacidad para amamantar o transmitir la idea de que la fórmula ofrece ventajas similares o superiores a la leche materna, cuando la evidencia científica no respalda esas afirmaciones.

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¿Las fórmulas infantiles sustituyen a la leche materna?

Desde el punto de vista nutricional, ambos alimentos cumplen funciones distintas. La leche materna es un alimento vivo cuya composición cambia conforme crece el bebé y se adapta a sus necesidades. 

Además de nutrir, aporta inmunoglobulinas, factores antiinflamatorios y microorganismos beneficiosos que participan en el desarrollo del sistema inmunológico.

Las fórmulas infantiles, en cambio, mantienen una composición estandarizada diseñada para cubrir los requerimientos nutricionales básicos del lactante. Gracias a ello, permiten un crecimiento adecuado cuando la lactancia no es posible, pero no reproducen los componentes biológicos presentes en la leche humana.

Por esta razón, la OMS mantiene la recomendación de iniciar la lactancia durante la primera hora de vida, mantenerla de forma exclusiva durante los primeros seis meses y continuarla junto con alimentos complementarios hasta los dos años o más, siempre que la madre y el hijo así lo deseen.

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¿Cómo identificar publicidad engañosa sobre fórmulas infantiles?

La OMS y UNICEF recomiendan desconfiar de mensajes que prometen que una fórmula hará al bebé "más inteligente", fortalecerá su sistema inmunológico por encima de la leche materna o resolverá problemas comunes sin respaldo científico.

También aconsejan verificar que la información provenga de instituciones sanitarias, consultar con profesionales de la salud antes de cambiar de fórmula y recordar que cada bebé tiene necesidades diferentes. Lo que funciona para una familia no necesariamente será adecuado para otra.

La información basada en evidencia resulta fundamental para que madres, padres y cuidadores tomen decisiones responsables sobre la alimentación infantil.

Las fórmulas infantiles cumplen una función importante cuando existe una indicación médica o la lactancia no es posible; sin embargo, eso no significa que sean equivalentes a la leche materna ni que todos los beneficios que destacan algunas campañas publicitarias cuenten con respaldo científico.

Frente a la abundancia de mensajes comerciales, acudir a fuentes confiables y recibir orientación de profesionales de la salud sigue siendo la mejor herramienta para elegir lo más adecuado para cada bebé.

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