¿Por qué la altitud en CDMX es una ventaja para México ante Inglaterra? Así afecta a jugadores
Inglaterra podría sufrir los efectos de estar a una altura mayor a la que acostumbran no solo durante el partido, sino antes.

La altitud en el Estadio Ciudad de México podría ser uno de los factores en contra de la selección de Inglaterra debido a la menor densidad del aire en la capital del país. El próximo domingo, el conjunto europeo enfrentará a México en los octavos de final del Mundial 2026 en este escenario, ubicado a 2 mil 200 metros sobre el nivel del mar, una condición geográfica que incide directamente en el desempeño de deportistas.
¿Cómo afecta la altura a las personas?
De acuerdo con un estudio publicado en la revista científica Sports Medicine por investigadores de la Universidad de Loughborough y el doctor Tim Meyer —presidente de la comisión médica de la UEFA y de la Federación Alemana de Fútbol—, jugar en estas condiciones disminuye el rendimiento físico de deportistas no aclimatados.
El estudio señala que la menor presión barométrica reduce la saturación de oxígeno en la sangre, lo que retrasa la recuperación celular tras esfuerzos mecánicos intermitentes.
El doctor Tim Meyer precisó a la agencia Reuters que la falta de oxígeno activa el sistema nervioso simpático como mecanismo de compensación inmediata. Esto provoca un incremento en la frecuencia respiratoria y eleva el ritmo cardíaco entre 20 y 30 latidos adicionales por minuto, alterando el ciclo del sueño y dificultando el descanso nocturno de los futbolistas visitantes.
Se nota porque el corazón late más rápido y la respiración se vuelve más rápida y profunda. No es bueno para dormir. Si llegas a Ciudad de México y tu frecuencia cardíaca aumenta en 20 o 30 latidos (por minuto), esto puede impedir que duermas", explicó Meyer.

Inglaterra, sin tiempo para adaptarse a la altura
El director técnico de Inglaterra, Thomas Tuchel, confirmó que su equipo tiene previsto arribar a la Ciudad de México el viernes, disponiendo de menos de 72 horas antes del partido. Fisiológicamente es imposible adaptarse a la altitud en ese lapso.
Sin embargo, el proceso natural de aclimatación requiere que el organismo produzca una mayor cantidad de glóbulos rojos a través de la estimulación de la hormona eritropoyesis, una adaptación hematológica que toma entre dos y tres semanas de permanencia constante.
Se puede hacer mucho en la preparación, pero lo que es casi imposible es aclimatarse, o incluso adaptarse lo suficiente a la altitud antes de estar en ella", dijo Meyer a Reuters.
Por el contrario, la Selección Mexicana tiene una ventaja de preparación al mantener su campamento base permanente dentro de la misma metrópoli y haber disputado tres de sus cuatro partidos previos del torneo en el Estadio Azteca, asegurando la adaptación biológica de sus seleccionados.
Cambios en la aerodinámica del balón
La menor densidad del aire en el Valle de México también altera la física del juego. Al existir menor resistencia física en la atmósfera, el esférico viaja a mayor velocidad, con trayectorias más directas y recorre distancias más largas con la misma fuerza de golpeo.
Este factor, según Meyer, suele desestabilizar los cálculos de distancia y el tiempo de reacción tanto de guardametas como de defensores habituados a competir al nivel del mar.
El balón vuela con mayor facilidad, más lejos y más rápido. Los equipos sudamericanos, que están más acostumbrados a esta situación porque hay varios estadios en altitud, suelen utilizar balones más ligeros cuando se preparan para los partidos con el fin de simular la altitud", explicó Meyer.

Juegos Olímpicos de México 86, el referente
La evidencia científica sobre el impacto de la altitud en el deporte de alta competencia se documentó de forma exhaustiva a partir de los Juegos Olímpicos de México 1968.
En esa edición, las pruebas atléticas de potencia y velocidad —como los saltos y las carreras cortas— se vieron favorecidas por la baja resistencia del aire, lo que permitió batir 30 récords mundiales y olímpicos.
No obstante, las disciplinas de fondo y resistencia aeróbica registraron marcas hasta un 10% más lentas en comparación con los registros globales vigentes de la época, demostrando el límite que la hipoxia impone al metabolismo aeróbico.