¿Por qué los mexicanos celebran los triunfos de la Selección en el Ángel de la Independencia?

Descubre el origen histórico de las celebraciones de la Selección Mexicana en el Ángel de la Independencia, una tradición que nació en 1970

La afición mexicana celebra en el Ángel de la Independencia los triunfos del Tri.
Aficionados mexicanos y el Ángel de la Independencia.Foto: Cuartoscuro

El Ángel de la Independencia funge como el epicentro absoluto de los festejos futbolísticos en México desde el Mundial de 1970. Una victoria histórica frente a la escuadra de El Salvador detonó esta costumbre popular que perdura hasta nuestros días.

El historiador Carlos Calderón Cardoso explicó el origen de esta manifestación ciudadana durante una entrevista con el periodista Javier Solórzano. El especialista detalló que los triunfos nacionales de 1962 o 1966 pasaron sin generar movilizaciones masivas en la capital del país.

El Ángel de la Independencia es un símbolo de festejo para los mexicanos.
Desfile de Catrinas en el Ángel de la Independencia.Foto: Cuartoscuro

El verdadero punto de quiebre ocurrió el 7 de junio de 1970. La Selección Mexicana derrotó a su similar salvadoreño con un contundente marcador de 4-0. Este resultado representó la mayor goleada a favor del conjunto tricolor hasta esa fecha en las justas mundialistas.

Al finalizar el encuentro, un grupo reducido de aficionados caminó espontáneamente hacia el emblemático monumento del Paseo de la Reforma. Al caer la tarde, la multitud rebasaba los cientos de asistentes congregados alrededor de la base de la columna dorada.

Los ciudadanos entonaban el Himno Nacional Mexicano, ondeaban banderas tricolores y tocaban instrumentos musicales. El ambiente festivo sorprendió a los corresponsales extranjeros. Los propios agentes de policía asignados para resguardar el orden terminaron por integrarse a la celebración masiva.

La expansión geográfica del festejo

Aquella tarde mundialista marcó un precedente imborrable en la cultura de la nación. La tradición nacida en la capital mexicana rompió fronteras y permeó hacia otras latitudes del territorio nacional con el paso de los años y de los torneos internacionales.

Actualmente, los aficionados replican estas reuniones masivas en monumentos icónicos del interior de la república. Los seguidores tapatíos toman la glorieta de La Minerva en Guadalajara, mientras los regiomontanos abarrotan las inmediaciones del Parque Fundidora en la ciudad de Monterrey.

Los triunfos de la Selección Mexicana se celebran en el Ángel de la Independencia.
Aficionados reunidos en el Ángel de la Independencia.Foto: Cuartoscuro

Estas congregaciones exponen un claro reflejo de la diversidad social del país. Automóviles de lujo y taxis convergen en las mismas avenidas. Personas de distintos estratos económicos y turistas internacionales comparten la misma algarabía patriótica al pie de los monumentos.

El investigador enfatizó que la espontaneidad del primer festejo dictó el comportamiento futuro de la afición. Los ciudadanos sienten un llamado colectivo y buscan el máximo símbolo de libertad en su respectiva ciudad para liberar la euforia deportiva.

De la Selección a los clubes capitalinos

El pueblo mexicano mantuvo la costumbre de visitar el monumento patrio a pesar de los fracasos deportivos. La eliminación frente a Italia en la siguiente fase de aquel mismo torneo de 1970 no impidió que los seguidores regresaran a las escalinatas de la columna.

A partir de la década de los noventa, la tradición evolucionó radicalmente. El monumento abrió sus inmediaciones para albergar las celebraciones de los equipos de la liga local. Fanáticos de Pumas, América y Cruz Azul adoptaron el sitio para festejar sus propios campeonatos.

El Ángel de la Independencia reúne a miles de mexicanos para celebrar.
Aficionados pintados como Catrinas.Foto: Cuartoscuro

Los archivos de la prensa documentan reuniones multitudinarias que superaron todas las expectativas. El triunfo frente a Brasil en la final de la Copa Confederaciones de 1999 provocó una de las movilizaciones ciudadanas más grandes registradas en la historia del deporte nacional.

El cariño de la afición quedó demostrado de forma contundente tras la Copa América de 1993. El equipo regresó con una dolorosa derrota en la final frente a Argentina. Pese al resultado adverso en la cancha, miles de capitalinos desbordaron Reforma y escoltaron al plantel desde el aeropuerto.

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