Bloqueo de EU e inflación golpean a Irán: familias ya compran comida a crédito
La guerra y la inflación golpean a Irán: familias recurren al crédito para comprar comida y productos básicos ante el alza de precios.

La guerra y la crisis económica están cambiando los hábitos de consumo en Irán. Ante el alza de precios, las familias recurren al crédito para comprar comida y productos básicos, mientras pequeños negocios también optan por pagos a plazos.
Para Nazanine, una empresaria de 56 años que vive en Teherán, comprar alimentos a crédito representa una situación inédita. En poco más de una década al frente de su negocio, había enfrentado sanciones, fuertes caídas del rial y dos guerras, pero nunca había necesitado financiar sus compras de supermercado.
El cambio refleja la presión que enfrentan los hogares tras años de sanciones, depreciación de la moneda y alta inflación, una situación que se agravó con los ataques de Estados Unidos e Israel.
La inflación cambia la forma de comprar en Irán
En Teherán, los anuncios de créditos sin intereses y planes de compra a plazos comenzaron a aparecer con mayor frecuencia en los comercios. Este tipo de financiamiento ya era utilizado para adquirir productos de mayor valor, como muebles y electrodomésticos, pero ahora se extendió a bienes de consumo cotidiano.
Medios estatales y testimonios de personas consultadas en el país señalan que algunos establecimientos ofrecen facilidades de pago para alimentos y otros productos básicos.
El fenómeno ocurre mientras el poder adquisitivo de los iraníes se deteriora por una inflación que, según las estimaciones, se acerca al 80% y por la pérdida de valor del rial, que habría retrocedido casi 30% frente a otras monedas durante este año.
Hadi Kahalzadeh, investigador no residente del Quincy Institute, estima que alrededor de 70% de la población iraní se encuentra en una situación vulnerable o de bajos ingresos.

Para el especialista, que las personas necesiten comprar artículos de primera necesidad a plazos demuestra que la inflación dejó de ser únicamente un indicador económico para convertirse en un problema cotidiano.
El impacto no significa necesariamente que los supermercados estén vacíos. Nazanine, por ejemplo, asegura que todavía encuentra productos suficientes en las tiendas. Incluso durante Muharram, uno de los periodos más importantes del calendario musulmán chií, observó grandes cantidades de alimentos distribuidos gratuitamente como parte de las tradicionales ofrendas nazry.
El problema está en la capacidad de los consumidores para pagar esos productos.
Guerra y bloqueo de EU aumentan la presión sobre la economía
Irán arrastra problemas económicos desde mucho antes del actual conflicto. Décadas de sanciones internacionales, restricciones financieras y problemas de gestión limitaron su crecimiento y dificultaron el acceso a los mercados internacionales.
Las sanciones también obligaron al país a desarrollar mecanismos para mantener sus relaciones comerciales. Empresas y autoridades buscaron intermediarios, rutas alternativas y nuevos mecanismos de pago, mientras una parte importante de las exportaciones de petróleo se dirigió hacia China.
Sin embargo, el conflicto con Estados Unidos e Israel agravó aún más la situación económica.
El Fondo Monetario Internacional estimó en abril una contracción de 6.1 por ciento para la economía iraní durante este año, lo que representaría su mayor caída desde mediados de la década de 1990. También calculó una inflación de alrededor de 70%.
El gobierno iraní, por su parte, calculó que las primeras seis semanas de la guerra provocaron daños económicos por aproximadamente 270 mil millones de dólares.

A este escenario se suma la presión estadounidense sobre los principales canales comerciales de Irán. El objetivo de Washington es utilizar la presión económica para forzar concesiones de Teherán después de que la confrontación militar no consiguió resolver las diferencias entre ambos países.
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, adelantó que Washington preparaba nuevas medidas económicas contra Irán que serían de una magnitud sin precedentes.
El riesgo para la economía iraní aumenta si las restricciones al comercio marítimo se prolongan. Majid Reza Hariri, presidente de la Cámara de Comercio Irán-China, advirtió que un bloqueo podría resultar incluso más perjudicial que el propio conflicto militar.
Irán depende de sus rutas marítimas para una parte importante de su comercio. Las alternativas terrestres y ferroviarias no tienen capacidad suficiente para sustituir completamente ese flujo.
El crédito llega a los productos básicos
En este contexto, los pagos a plazos se están convirtiendo en una herramienta para que familias y pequeños negocios puedan mantener su consumo y sus operaciones.
Mahmoud, propietario de un pequeño negocio de equipos de audio y video en Teherán, explicó que los pagos a plazos ayudaron a los comercios a mantener a sus clientes y sostener sus ventas.
El empresario también utiliza estos mecanismos para adquirir productos esenciales.

La lógica detrás de esta práctica es sencilla: en un entorno de inflación elevada, los precios pueden aumentar rápidamente. Para los vendedores, aceptar pagos diferidos implica un riesgo, pero los intereses incluidos en los planes ayudan a compensar parte de la pérdida de valor del dinero.
El fenómeno también permite mantener cierto flujo de efectivo en los comercios, aunque aumenta la presión financiera sobre los consumidores.
Para Mohammad Reza Farzanegan, profesor de Economía de la Philipps-Universität, Irán desarrolló durante años mecanismos para sobrevivir a las sanciones y al aislamiento internacional.
Las empresas encontraron nuevos mercados, intermediarios y sistemas de pago para mantener las operaciones. Pero esa capacidad de adaptación tiene límites.
El economista advirtió que un bloqueo naval prolongado podría provocar escasez de alimentos, combustible, medicinas, insumos industriales y divisas, además de aumentar el racionamiento y los controles de precios.
La situación podría llevar a Irán hacia una economía de guerra más profunda, con mayores recursos destinados al gasto militar y una carga creciente sobre los hogares.
Kahalzadeh describe este escenario como una “trampa de resiliencia”: las medidas utilizadas para evitar un colapso inmediato permiten que la economía siga funcionando, pero al mismo tiempo mantienen condiciones de inflación elevada, desempleo y pobreza.
Para los consumidores, el problema ya no se limita a la depreciación del rial o a las cifras publicadas por organismos internacionales. Se refleja directamente en la forma de comprar.