Repunta el PIB en el segundo trimestre: Boom sin cimientos
En términos anuales, el crecimiento del PIB pasó de un anémico 0.2% interanual en el primer trimestre a 2.2% en el segundo

A primera vista, los datos de julio pintan un panorama alentador para la economía mexicana. El PIB creció 1.5% trimestral en el segundo trimestre de 2026 —su expansión más vigorosa desde finales de 2020—, el peso cerró el mes en 17.34 por dólar tras apreciarse casi 1% en la última semana, y las exportaciones se dispararon 34.3% anual en junio, su mayor ritmo desde mayo de 2021. El superávit comercial del primer semestre sumó 9,900 millones de dólares, frente a apenas 1,400 millones en el mismo lapso de 2025: un salto de más de siete veces en doce meses.
En términos anuales, el crecimiento del PIB pasó de un anémico 0.2% interanual en el primer trimestre a 2.2% en el segundo, con ganancias generalizadas: la producción industrial creció 1.6% trimestral, los servicios avanzaron 1.5% y las actividades primarias se expandieron 3.3%. El consenso de analistas esperaba 1.5%; el dato lo superó.
El auge exportador no es accidental. Responde, en parte, a la reconfiguración de las cadenas globales de suministro que colocan a México como beneficiario del nearshoring. Entre 2023 y 2025 México captó más de 120 mil millones de dólares (mdd) en Inversión Extranjera Directa acumulada, con récords anuales seguidos. Para 2026, la proyección apunta a 42,500 mdd, un incremento de 3.9% anual. Las exportaciones manufactureras —que son el 80% del total exportado— crecieron 2.9% mensual en junio.
Sin embargo, hay una fisura interna: el déficit comercial petrolero fue de 3,400 mdd en junio, compensado por el superávit no petrolero de 7,500 millones. México exporta manufactura de alto valor y al mismo tiempo importa gasolinas, petroquímicos y petróleo refinado porque su capacidad de refinación es insuficiente. Pemex, con una producción que ronda 1.5 millones de barriles diarios —menos de la mitad del pico histórico de 3.4 millones en 2004— consume recursos fiscales que el Estado podría destinar a inversión productiva. La empresa registró pérdidas acumuladas superiores a los 700,000 millones de pesos entre 2019 y 2025, y su deuda financiera supera 100,000 mdd, la petrolera más endeudada del mundo.

El verdadero tema fiscal es una trayectoria de deuda o que es difícil de ignorar. La deuda pública bruta ampliada —los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP)— pasará de 50.7% del PIB en 2023 a un estimado de 60.5% en 2026. En 2027, podría alcanzar 61.6%. En tres años, México habrá añadido once puntos porcentuales de deuda al PIB, una acumulación sin precedente.
Para dimensionarlo: cada punto porcentual del PIB equivale a 350,000 millones de pesos a precios actuales. El costo financiero de la deuda —es decir, lo que se paga sólo en intereses— supera ya 3.5% del PIB, más de lo que México gasta en inversión pública. Dicho de otra manera: el país paga más en intereses de lo que invierte en infraestructura, carreteras, puertos y energía. La reducción del déficit tiene una trampa adicional: se logra en parte recortando inversión, no aumentando ingresos.
La inversión fija bruta cayó 6.3% en 2025 —su peor desempeño desde la pandemia— y se proyecta una recuperación de apenas 1.5% en 2026. La inversión pública, que en los años noventa representaba entre 6% y 7% del PIB, hoy apenas supera 2.5%. El consumo privado crecerá en torno a 2.0% este año, sostenido por salarios mínimos que han duplicado su valor real desde 2018 y por remesas que se proyecta recuperen un crecimiento de 3% en 2026, aportando más de 63,000 mdd al año a los hogares mexicanos.
Sin inversión sostenida en infraestructura, capital humano y energía, el crecimiento potencial seguirá anclado por debajo de su promedio histórico de 1.9% anual. 2026 acumularía el tercer año consecutivo por debajo de ese umbral, con una proyección de 1.3%. La tasa de Banxico, que bajó de 11.25% en 2023 a 6.50% hoy, está en el punto medio del rango neutral estimado por el propio banco: ni estimula ni frena. El siguiente movimiento, según el consenso de analistas, sería un recorte adicional si la inflación —que en julio se estima en 3.1% anual, la más baja en cuatro años— sigue cediendo.
El rebote del segundo trimestre es real y positivo. Pero México necesita más que destellos coyunturales: necesita una política fiscal que convierta el dinamismo exportador en inversión, y la inversión en crecimiento duradero. La buena noticia es que las condiciones externas —peso apreciado, inflación controlada, tasas a la baja y exportaciones en máximos— rara vez se alinean así. La mala es que ventanas como esta no permanecen abiertas indefinidamente.
