Qué hay detrás de las protestas en Francia y otros países europeos
Las movilizaciones en Francia se extienden a escala nacional tras cuatro semanas de protestas estudiantiles y sindicales contra el alto costo de la vida, forzando toques de queda parciales.

Las protestas en Francia escalaron en cuatro semanas, al pasar de una movilización estudiantil contra el deterioro de las condiciones educativas a un movimiento social que reúne a profesores, funcionarios públicos, sindicatos y otros sectores inconformes con el alto costo de vida y la falta de respuestas del gobierno del presidente Emmanuel Macron.
El movimiento comenzó el 17 de septiembre con bloqueos en escuelas secundarias de la región de París y se extendió progresivamente a distintas ciudades del país. Aunque la mayoría de las manifestaciones se desarrollaron de manera pacífica, la jornada del 17 de octubre marcó un punto de inflexión por los saqueos de comercios, los daños a edificios públicos y el incendio de la alcaldía de Limoges.
Ante el aumento de las tensiones, el gobierno anunció toques de queda parciales y localizados en París y otras grandes ciudades, además de medidas para atender la falta de docentes. Sin embargo, los manifestantes consideran insuficientes las respuestas y han llamado a mantener la movilización.
¿Cómo comenzaron las protestas en Francia?
El origen del movimiento se remonta al 17 de septiembre, cuando profesores del liceo Saint-Exupéry, ubicado en Créteil, en la región parisina, iniciaron una huelga ante la falta de personal docente. Al día siguiente, estudiantes bloquearon el plantel en respaldo a sus profesores.
Las primeras demandas se centraron en la situación de la educación pública. Alumnos y docentes denunciaron la falta de presupuesto y personal, las aulas saturadas, el deterioro de las instalaciones y problemas en Parcoursup, la plataforma que determina el acceso a la educación superior en Francia.
Los estudiantes también expresaron preocupación por sus perspectivas de futuro y por la falta de oportunidades dentro del sistema educativo.

El 29 de septiembre, el movimiento amplió su alcance con una primera jornada de huelga organizada por sindicatos de la educación nacional y de la función pública. Para esa fecha, más de 400 planteles escolares permanecían bloqueados y a las movilizaciones se habían sumado profesores, funcionarios y padres de familia.
El 1 de octubre, la protesta se extendió a ciudades como Lyon, Marsella, Lille, Nantes, Estrasburgo y Toulouse, mientras que también comenzaron a participar estudiantes universitarios.
Ante el aumento de las movilizaciones, el gobierno del primer ministro Sébastien Lecornu anunció la creación de una unidad de crisis. No obstante, las protestas continuaron y el movimiento comenzó a incorporar nuevas exigencias.
El 6 de octubre se realizó una nueva jornada nacional, en la que participaron entre 250 mil y 450 mil personas, según las estimaciones citadas en la información disponible. Los manifestantes reclamaron mayores recursos para la educación pública, la contratación de profesores y la apertura de un diálogo con el Ejecutivo.
Un día antes, un estudiante de 15 años perdió una mano después de que un policía lanzara una granada frente a su instituto en Lens, en el norte del país. El incidente incorporó otra demanda al movimiento: el fin de la violencia policial.
El 10 de octubre, el ministro de Educación, Édouard Geffray, anunció la incorporación de más de 3 mil profesores suplentes para cubrir las vacantes en los centros educativos. Días antes, el gobierno también había informado sobre la prohibición del uso de cierto tipo de granadas durante las protestas.
El 13 de octubre, durante una nueva jornada de movilización, cientos de miles de personas salieron a las calles y figuras políticas, entre ellas Jean-Luc Mélenchon, líder de Francia Insumisa, se sumaron a las marchas.
El 17 de octubre, punto de inflexión por los disturbios
La movilización del 17 de octubre marcó una nueva etapa, al incorporar demandas que trascendieron el ámbito educativo. El alto costo de vida y la percepción de que el gobierno no atendía las exigencias ciudadanas se convirtieron en ejes centrales del descontento.
A la protesta también se sumó el movimiento de los chalecos amarillos, que protagonizó movilizaciones contra las políticas económicas y el costo de los combustibles en 2018 y 2019.

Aunque se realizaron numerosas manifestaciones pacíficas, durante esa jornada se registraron saqueos de comercios, destrozos de instalaciones públicas y otros episodios violentos. En Limoges, en el centro de Francia, la alcaldía fue incendiada por manifestantes violentos, mientras que en París varias calles resultaron afectadas.
Los hechos elevaron la presión sobre el Ejecutivo, que enfrentó cuestionamientos por su manejo de la crisis y por la falta de medidas capaces de responder al conjunto de las demandas.
¿Cómo respondió el gobierno de Emmanuel Macron?
El 18 de octubre, el presidente Emmanuel Macron se dirigió a la nación mediante un mensaje televisado, en el que prometió actuar con firmeza contra los responsables de los actos violentos y aseguró que atendería las reivindicaciones que calificó como legítimas.
Sin embargo, no anunció medidas concretas para resolver las principales demandas del movimiento.
Un día después, el primer ministro Sébastien Lecornu informó sobre la implementación de toques de queda parciales y localizados en París y otras grandes ciudades, con el objetivo de prevenir nuevos episodios de violencia.
La respuesta gubernamental también incluye el anuncio de más de 3 mil profesores suplentes y la restricción del uso de determinadas granadas durante las manifestaciones. Pese a ello, los participantes consideran que estas acciones no resuelven los problemas de fondo relacionados con el financiamiento educativo, las condiciones de trabajo y estudio y el costo de vida.
¿En qué punto se encuentran las protestas?
Al 19 de octubre, el movimiento continuaba activo y los manifestantes habían llamado a mantener las movilizaciones hasta obtener compromisos concretos del gobierno, especialmente en materia de educación pública.
La crisis dejó de estar limitada a los estudiantes y se convirtió en una expresión más amplia de descontento social. Las demandas incluyen mejores condiciones educativas, mayor contratación de docentes, rechazo a la violencia policial y medidas frente al encarecimiento de la vida.
Por su parte, el Ejecutivo busca contener los disturbios mediante restricciones de movilidad y medidas de seguridad, mientras persisten las críticas por la falta de respuestas específicas a las reivindicaciones.
Italia, España y otros países europeos también registran manifestaciones
Las protestas en Francia se producen en un contexto de movilizaciones en otros países europeos, aunque cada movimiento responde a circunstancias nacionales distintas. Entre los principales motivos figuran la pérdida de poder adquisitivo, los salarios insuficientes, las dificultades para acceder a una vivienda, los recortes presupuestarios y la preocupación por las oportunidades de las generaciones jóvenes.
Italia se encuentra entre los países con mayores tensiones. En ciudades como Milán, Turín y Bolonia se han reportado enfrentamientos con la policía, quema de barricadas y saqueos. Las movilizaciones están relacionadas con los bajos salarios, la precariedad laboral y la crisis de vivienda. Según la información proporcionada, el gobierno desplegó tropas militares en Milán para contener los disturbios.
Albania registra protestas en su capital, Tirana, donde una movilización iniciada contra un proyecto turístico de lujo conocido como movimiento Flamingo derivó en manifestaciones antigubernamentales. Los participantes exigen la renuncia del primer ministro Edi Rama y denuncian el alto costo de vida, las deficiencias educativas y la corrupción.
Bélgica también ha registrado manifestaciones, principalmente en Bruselas. Las demandas se concentran en el encarecimiento de la vida, las desigualdades sociales y el deterioro de los servicios públicos, con la participación de sectores estudiantiles y ciudadanos.
Portugal ha sido escenario de marchas en Lisboa, Oporto y Coimbra. Los participantes reclaman soluciones a la crisis inmobiliaria, debido al aumento de los alquileres, además de mejores salarios y pensiones.
España registra protestas centradas en la crisis habitacional y las dificultades para acceder a una vivienda digna. Grupos de jóvenes y colectivos sociales han instalado campamentos en puntos como la Puerta del Sol, en Madrid, y han impulsado acciones similares en otras ciudades.
Grecia también ha registrado movilizaciones de docentes y estudiantes universitarios en más de 50 ciudades. En Atenas, manifestantes acamparon frente al Parlamento para exigir mayor financiamiento para la educación pública, mejores salarios y medidas para enfrentar el costo de vida.
Aunque estas movilizaciones no están coordinadas por una organización común, comparten algunas preocupaciones económicas y sociales. La vivienda, los salarios, la educación y el acceso a servicios públicos figuran entre los principales reclamos, con una participación destacada de jóvenes, sindicatos y trabajadores.
Con información de AFP.