Graduación: verlos crecer y vernos pasar

Y no, lo difícil no es el vestido: es aguantar las lágrimas.

La graduación es un momento de celebración, pero también de reflexión sobre lo logrado.
La graduación es un momento de celebración, pero también de reflexión sobre lo logrado.Pexels

Hoy terminó la primaria. Lo logramos.

Y sí, ya sé que no voy ni a la mitad, pero ya se siente el peso de unos doce años recorridos y además creo que, sin importar la edad, las graduaciones tienen esto de hacerte reflexionar y de súbitamente proyectarte un resumen de tu camino hasta ahora.

Claro que también está todo lo que no dimensionas hasta que no lo vives: las fiestas, lo excesivamente caro de los planes, la ropa y los compromisos adicionales del cierre de ciclo a veces te dejan al límite. Pero más allá de la logística y de cómo elijas festejar, lo más relevante radica en ver cómo tus hijos cumplen milestones y cómo nadie te prepara para cruzarlos con ellos. Porque aunque lo sepas, creo que nunca estás realmente listo.

La graduación es el momento perfecto para hacer un alto y reflexionar.
La graduación es el momento perfecto para hacer un alto y reflexionar.Pexels

Un día tienes a este bebé en tus brazos y como que hay algo en ti que piensa que nada va a cambiar y de pronto crece, sin avisarte. Pasa tan lento y tan rápido al mismo tiempo que siento que pocas veces nos detenemos a analizar nuestros días transcurridos. Y no importa si la graduación es de kínder, es como si ese día recordaras cómo fue verlos llegar con una mochila más grande que ellos y te preguntaras en qué momento ellos se volvieron más grandes que la mochila. Es como si necesitáramos de estos ejercicios para vernos y para verlos con otros ojos porque el día a día no es suficiente para integrarlo en nuestro sistema.

Nada de lo que te digan puede anticipar lo que se siente estar aplaudiendo sus logros frente a ellos. Es un orgullo inmenso por ellos y otro —y esto lo digo por mí y por todos mis compañeros— que no sé si realmente lo reconocemos en voz alta. Kudos para nosotros también. Y ojalá nos demos más crédito, aunque sea por un día o por unos momentos, para poder sentir que todo el esfuerzo valió la pena: las prisas en la mañana, las tareas en domingo en la noche, quebrarte la cabeza por no saber qué vas a mandar de lunch.

La graduación es llegar a la meta de un camino recorrido en equipo.
La graduación es llegar a la meta de un camino recorrido en equipo.Pexels

Y es que a veces pensamos que es el dinero —y no digo que este sea un tema que deba ser tomado a la ligera—, pero el esfuerzo anímico diario, especialmente el que requiere que estés despierto entre las 5 y las 6 a.m., no es menor. Los que trabajamos sabemos lo que es llegar a las 9 a.m. al trabajo y sentir que has vivido siete vidas antes y ni siquiera has empezado el día (o peor, la semana). Empujar una piedra cuesta arriba tiene un propósito aún mayor que el que vemos reflejado en la rutina, porque no solo es llevarlos al colegio: es lo que estamos sembrando con nuestras palabras y nuestras acciones.

Cuando tu bebé se gradúa, tú también lo haces.
Cuando tu bebé se gradúa, tú también lo haces.Pexels

Llegar a un fin de ciclo lo compensa todo. Porque los ciclos de los hijos son también una forma de medir los nuestros, y verlos crecer es la manera más brutal, más honesta y más hermosa de ver pasar tu propia vida.

Emilia, esta columna es para ti y la escribí con una mano en tu espalda y otra en la computadora. No puedo describir con palabras el orgullo que siento. Gracias por dejarme ser tu mamá, es un honor acompañarte en esta vida.

Mine Echevarrena es escritora y autora de «Dos». Escribe sobre maternidad, identidad y todo lo que ocurre en el medio en su columna The (Parent) Sis. Síguela en Instagram: @thepartentsis___ 

mgid