Historia del Kiosco Morisco y otros secretos del barrio de Santa María la Ribera

El palacio de hierro que viajó en el tiempo: secretos e historia viva del Kiosco Morisco y Santa María la Ribera.

Historia del Kiosco Morisco
Historia del Kiosco MoriscoFacebook Un viaje a CDMX

¿Conoces la historia del Kiosco Morisco? Este emblemático lugar de la CDMX se encuentra dentro del barrio de Santa María la Ribera; los secretos de este sitio datan desde su fundación, a finales del siglo XIX.

Esta zona ostenta el título de ser el primer fraccionamiento residencial planeado de la capital, diseñado originalmente para albergar a la refinada burguesía de la época porfiriana. 

Al caminar por sus avenidas arboladas, flanqueadas por antiguas casonas de cantera con majestuosos balcones de hierro forjado, el visitante percibe una atmósfera que se resiste a ser devorada por la prisa de la modernidad y la gentrificación.

En el centro neurálgico de este barrio histórico, custodiado por la Alameda de la colonia, se yergue una estructura que parece extraída de un cuento: el Kiosco Morisco

Este monumento de intrincada filigrana metálica, con sus arcos de herradura y sus deslumbrantes motivos mudéjares, representa una de las piezas arquitectónicas más singulares de la historia de México.

Santa María la Ribera
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¿Cuál es la historia del Kiosco Morisco?

Fue para la Exposición Mundial Industrial y del Centenario del Algodón, celebrada en Nueva Orleans, Luisiana, entre diciembre de 1884 y mayo de 1885, que el ingeniero y arquitecto mexicano José Ramón Ibarrola recibió el encargo de diseñar un pabellón nacional que representara la riqueza minera y el gusto sofisticado del país. 

Ibarrola, influenciado por las corrientes del eclecticismo arquitectónico de la época y el auge del estilo neoárabe o mudéjar en Europa, concibió una estructura monumental fabricada enteramente en fundición de hierro.

La estructura arquitectónica del Kiosco Morisco se sostiene gracias a 24 columnas de hierro colado que enmarcan los arcos perimetrales. Rematando, se encuentra una cúpula cupuliforme de base octagonal, coronada en su punto más alto por una figura de águila de bronce, un toque sutil de identidad nacionalista que contrasta armónicamente con la ornamentación de estilo árabe.

Los arcos de herradura y los arcos lobulados se entrelazan de tal manera que distribuyen el peso de la cúpula de hierro hacia los pilares periféricos. La ligereza visual del metal oculta una masa estructural considerable: se estima que la estructura total del kiosco supera las 45 toneladas de hierro fundido.

Kiosco Morisco
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Los destinos del Kiosco Morisco

Tras el rotundo éxito en Nueva Orleans, la monumental estructura de hierro regresó a la Ciudad de México. Se decidió instalarla en el costado oriental de la Alameda Central, justo enfrente de lo que hoy es la calle de Madero. 

Durante el último cuarto del siglo XIX y la primera década del siglo XX, el kiosco se convirtió en un punto de referencia aristocrático. En su interior se celebraban los sorteos de la Lotería Nacional y se presentaban orquestas militares que amenizaban las tardes de las clases altas de la sociedad porfiriana.

Sin embargo, el destino del kiosco cambiaría con la llegada de las celebraciones del Centenario de la Independencia de México en 1910. El presidente Porfirio Díaz comisionó al arquitecto Guillermo de Heredia la construcción de un monumento dedicado a Benito Juárez (el actual Hemiciclo a Juárez). 

Los vecinos de la floreciente y acaudalada colonia Santa María la Ribera, organizados a través de sus comités vecinales, solicitaron activamente que el Kiosco Morisco fuera trasladado a la plaza central de su barrio. 

El minucioso proceso de desmontaje, pieza por pieza, y su traslado en carretas y tranvías de carga hacia el norte de la ciudad culminó con su reinauguración en el corazón de la colonia.

Santa María la Ribera
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Otros secretos de la Santa María la Ribera

inversionistas de la compañía inmobiliaria Flores y Hermanos, sobre los terrenos que correspondían a la antigua Hacienda de la Ribera.

Se planteó como la primera colonia moderna, ofreciendo una alternativa higiénica y espaciosa. Tiene una traza ortogonal perfecta con calles amplias y rectas dispuestas en cuadrícula; contó con la introducción temprana de sistemas de agua potable entubada, drenaje y alumbrado público de gas, que posteriormente se convertiría en eléctrico.

Y la cercanía con la Estación de Ferrocarriles de Buenavista conectaba directamente a los residentes con el interior de la república y el comercio internacional.

Durante su época de esplendor (1890-1910), la colonia albergaba una población compuesta por destacados intelectuales, científicos, políticos de alto rango y artistas plásticos. 

El precio de la tierra en esta zona experimentó un incremento exponencial superior al 300% en menos de dos décadas, consolidándose como el espacio residencial más cotizado del norte de la capital, antes de ser desplazada en estatus social por el surgimiento de las colonias Roma y Juárez en la zona poniente.

Detrás de la imponente presencia del Kiosco Morisco, Santa María la Ribera custodia entre sus calles una serie de hitos arquitectónicos e históricos que la convierten en un auténtico museo vivo a cielo abierto. Por ejemplo, ubicado justo enfrente de la Alameda, el Instituto de Geología de la UNAM

En su interior, una impresionante escalera de honor de hierro forjado al estilo Art Nouveau da la bienvenida a los visitantes bajo una cúpula de vitrales de colores fabricados en los talleres de París, Francia, que ilustran los paisajes mineros de México. 

La joya del museo es la réplica armada del esqueleto de un Mammuthus columbi (mamut de la cuenca de México), hallado en el siglo XX en los suelos de la cuenca lacustre de la capital, un recordatorio directo del pasado prehistórico sobre el que pisamos.

También puedes visitar la Iglesia de la Sagrada Familia, una muestra imponente de arquitectura neogótica y ecléctica situada en la calle de Santa María la Ribera, cuyos vitrales interiores tamizan la luz del día recreando atmósferas místicas de gran valor plástico.

 

El Kiosco Morisco y los secretos que resguarda Santa María la Ribera van mucho más allá de una revisión de datos. Se trata de entender cómo ciertas estructuras cambian para siempre el corazón de un barrio y de toda la ciudad.

mgid