Turismo accesible en Costa Rica: cómo se convirtió en un referente en Latinoamérica
Viajar sin barreras es posible en Costa Rica. Conoce el modelo que transformó playas, volcanes y actividades de aventura en experiencias accesibles para todos.

La idea de que una mujer con esclerosis múltiple degenerativa pueda viajar y conocer uno de los destinos con mayor biodiversidad ya no es algo lejano; tampoco lo es para los adultos mayores que desean vivir su retiro explorando. Lograrlo ha sido posible gracias al desarrollo del turismo accesible en Costa Rica, una opción real para quienes utilizan silla de ruedas, son débiles visuales o viven con alguna discapacidad. La edad o una condición de salud ya no tienen por qué ser una limitante para disfrutar de la naturaleza en su estado más puro.
Y es que, aunque a veces no lo veamos cercano, 1,300 millones de personas (cerca del 16% de la población mundial) viven con un alto grado de discapacidad, de acuerdo con datos de ONU Turismo. Ante esta realidad, la industria de los viajes en América Latina arrastra una deuda histórica: la exclusión. Durante décadas, viajar con movilidad reducida significaba enfrentarse a hoteles con gradas insuperables, baños estrechos y espacios diseñados solo para la contemplación pasiva.

Romper este molde exige algo más que buena voluntad; implica adaptar los destinos para que cualquier persona pueda disfrutarlos. Esto es precisamente lo que Costa Rica comprendió hace más de una década, convirtiéndose en uno de los referentes de turismo accesible en Latinoamérica.
Lo que hoy es un caso de éxito continental no nació de un escritorio gubernamental, sino de una necesidad familiar. Hace 12 años, un grupo de amigos vinculados al sector turístico se encontró con la frustración de no poder vacacionar con sus propios padres o abuelos debido a la falta de infraestructura adaptada. Ese freno impulsó la creación de la Asociación Red de Turismo Accesible y una reforma a los códigos de construcción del país mediante la normativa 6990.

Luis Diego Soto, fundador de la organización, detalla cómo este vacío legal afectaba a miles de familias:
“Empezamos a ver la necesidad de nuestros papás, nuestros abuelos, que no podíamos llevarlos a pasear porque no había una habitación accesible para ellos, todo tenía gradas, no habían rampas, las camas eran muy altas, los baños tenían el problema de que tenían un impedimento para poder entrar con la silla. Entonces la red costarricense de turismo accesible empieza a divulgar este mensaje que tenemos que cambiar nuestros códigos de construcción para tener accesos ya libres”.
El objetivo era sencillo: que una condición física o cognitiva no obligara a nadie a quedarse sin viajar. Actualmente, la organización recibe alrededor de 200 turistas con discapacidad al año que recorren el país junto con sus familias gracias a una red de servicios y espacios adaptados.

Playas accesibles hechas con plástico reciclado
Uno de los proyectos más innovadores del turismo accesible en Costa Rica es la campaña “Dona Tapas”, una iniciativa de economía circular que ha permitido consolidar 26 playas accesibles en distintas regiones del país.
La mecánica consiste en recolectar tapitas plásticas donadas por ciudadanos y empresas para transformarlas en pasarelas móviles resistentes. Por cada dos o tres toneladas de tapas recicladas se producen cinco metros de pasarela, que después son instaladas en las playas cuando una persona las necesita.
El sistema incluye además sillas anfibias disponibles en estaciones de salvavidas para facilitar el ingreso al mar.
“Hemos creado todo un sistema de sillas anfibias hechas con material reciclable para tener en las estaciones de los salvavidas. Ellos tienen las pasarelas; cada vez que llega una persona con algún problema de movilidad, se extiende la pasarela que puede llegar hasta 20 metros, se saca la silla anfibia y la familia lo mete al mar”.

Turismo de aventura sin límites en Costa Rica
La accesibilidad en Costa Rica no se limita a hoteles o playas. También llegó a algunas de las actividades más representativas del país, demostrando que la aventura no tiene por qué quedar reservada para unos cuantos.
Actualmente existen opciones de surf adaptado, canopy, tirolesas, paseos a caballo y caminatas en senderos diseñados bajo criterios de accesibilidad. Incluso destinos remotos como Tortuguero, donde solo se puede llegar por vía acuática, cuentan con infraestructura adaptada para recibir visitantes con movilidad reducida.
La accesibilidad también alcanzó algunos de los principales atractivos naturales del país. Los volcanes Poás e Irazú adecuaron sus accesos para facilitar que más visitantes puedan acercarse a los miradores y disfrutar de sus paisajes.
“Podemos hacer combinaciones de tours o circuitos en todo el país. Podemos hacer surf adaptado, tenemos tirolinas adaptadas, tenemos viajes a caballo adaptados, tenemos caminatas dentro del bosque… O sea, no hay nada que una persona sin problemas de movilidad haga que una persona con problemas de movilidad no pueda hacer”, destaca Luis Diego Soto.

El reto de adaptar hoteles y servicios para todos
Detrás de cada experiencia accesible existe un trabajo previo que va mucho más allá de construir rampas. Hoteles, operadores turísticos y prestadores de servicios han tenido que modificar habitaciones, ajustar la altura de camas, ampliar baños y eliminar barreras arquitectónicas para integrarse a la red.
Además, una ingeniera civil de la Asociación realiza inspecciones gratuitas para verificar que los espacios realmente cumplan con criterios de accesibilidad y no se queden solo en adecuaciones superficiales.
El cambio de mentalidad que impulsa el turismo accesible
Para la industria turística, la transformación también implica una nueva forma de atender a los visitantes. Cada experiencia requiere entender las necesidades específicas de la persona antes de su llegada para adaptar recorridos, tiempos y logística.

“Hemos tenido que llevar capacitaciones de cómo manejar este tipo de personas. No es un pacing igual al turismo normal, es un pacing totalmente diferente donde tenemos nosotros que adaptarnos a ellos y ellos no a nosotros. Entonces es muy gratificante ver personas que no han podido ir al mar durante años… verlos hacer una tirolina, un canopy volando por los aires o entrando al mar o poder ver el bosque de una forma totalmente diferente”.
Costa Rica demuestra que el turismo accesible no depende únicamente de grandes inversiones, sino también de planificación, diseño y voluntad para construir experiencias que puedan ser disfrutadas por más personas.
Como concluye Luis Diego Soto: “Y que poco a poco el mundo vaya teniendo conciencia de que sí se puede hacer, todos somos iguales, todos tenemos derecho a disfrutar exactamente igual y eso es lo que en Costa Rica, la red de turismo accesible, hemos logrado hasta el momento: trabajando muy fuerte para cambiar la mentalidad”.