Pedro Rodríguez: Ídolo por siempre
Se cumplen 55 años del accidente fatal que el piloto mexicano sufrió en Alemania.

El primer gran ídolo que tuvo el automovilismo mexicano fue Pedro Rodríguez, quien se mantiene en la memoria de los aficionados de antaño por ampliar el panorama de este deporte dentro y fuera de nuestras fronteras.
Este sábado se conmemoran 55 años del accidente que el capitalino sufrió en Nuremberg, Alemania, cuando manejaba un Ferrari 512 M/S en una carrera de 200 millas en el circuito callejero de Norisring, una noticia que conmocionó al país entero.
Pero las hazañas que logró en un periodo de catorce años en diferentes disciplinas profesionales fueron muestra de su capacidad de adaptarse exitosamente a cualquier condición y a cualquier vehículo de carreras, algo que con el paso del tiempo es menos frecuente en el deporte motor.
Éste es un argumento que sigue vigente al tratar de definir quién ha sido el mejor piloto mexicano de la historia, aunque por la diferencia de épocas, es difícil establecer una comparación concreta.

La historia de Pedro Rodríguez
Nacido el 18 de enero de 1940, Pedro y su hermano Ricardo convirtieron su amor por las carreras en su oficio, primero en series nacionales de motocicletas y después en las cuatro ruedas. Ricardo fue el primero en ganar carreras en el extranjero mientras Pedro debutó profesionalmente en 1957, tras estudiar la preparatoria en Estados Unidos.
Muchas fueron sus hazañas en pista, como la de los 1000 Kilómetros de Brands Hatch en 1970, donde bajo la lluvia le sacó cinco vueltas de ventaja al segundo lugar, o sus cuatro triunfos en el evento que hoy conocemos como las 24 Horas de Daytona, en tres formatos distintos: de tres horas de duración (1963), de dos mil kilómetros de recorrido (1964) y en la modalidad actual de un día completo, en 1970 y 1971.

Además, obtuvo el Campeonato Mundial de Marcas con Porsche, los primeros para un mexicano en el automovilismo internacional. También está su victoria absoluta en las 24 Horas de Le Mans, en 1968, a lado de Lucien Bianchi, al volante de un Ford GT40. Junto con ello, sus dos victorias en la Fórmula 1, aunque la primera tuvo su lado anecdótico.
El 2 de enero de 1967, conquistó el Gran Premio de Sudáfrica, a pesar de lidiar con fallas de transmisión en su Cooper T81. Los organizadores de la carrera no tenían el himno nacional, por lo que reprodujeron la canción Al Sur de la Frontera, de Bing Crosby.
A partir de entonces, Pedro no viajaba sin cargar un disco con el himno, por si llegara a ganar de nuevo. Su segundo y último triunfo fue en Bélgica, en la versión de 14.1 kilómetros del circuito de Spa-Francorchamps, el 7 de junio de 1970 con un BRM P153.

El accidente de Pedro Rodríguez
El 11 de julio de 1971, Rodríguez participó en las 200 Millas de Norisring, una carrera en la que aceptó inscribirse a petición de los organizadores locales. Hasta ese punto, había participado en las cinco primeras carreras del Mundial de Fórmula 1, logrando un podio de segundo lugar en Países Bajos y situándose en cuarto lugar del campeonato de pilotos.
En esta carrera, decidió manejar el auto Ferrari propiedad de Herbert Müller, ya que no se sentía apto para conducir un BRM T163 Can-Am que tenía kilometraje prácticamente nulo.

Pero en la vuelta 12, el neumático delantero derecho del Ferrari se desprendió, lo cual provocó que se fuera al muro y, por la magnitud del impacto, que la máquina se incendiara. Además, recibió un golpe del alemán Kurt Hild, quien iba a bordo de un Porsche 910 Spyder.
Müller y Leo Kinnunen, con quien hizo varias de sus hazañas en carreras de resistencia, bajaron rápidamente de sus coches para tratar de auxiliarlo, pero ante la gravedad de sus quemaduras, la fractura de cráneo y de sus piernas, fue declarado muerto un par de horas después del choque.
El cuerpo de Rodríguez llegó el miércoles 10 a nuestro país, para ser enterrado en el Panteón Español, a lado de los restos de su hermano Ricardo, fallecido nueve años antes.
El legado de Pedro Rodríguez
Los números hablan por sí solos: Pedro Rodríguez fue el primer mexicano en triunfar en el Gran Circo, junto con ocho victorias en 16 participaciones en el Mundial de Marcas, predecesor del WEC. También fue ganador de la primera carrera oficial celebrada en el autódromo que hoy lleva su apellido.
Pero el que siga siendo homenajeado por nuevas generaciones y fabricantes de autos es suficiente para probar con seguridad que ha trascendido en la inmortalidad.