¿El dinero más caro es mejor? Esto significa el alza en los bonos del Tesoro de EU

El alza en los rendimientos de los bonos de EU encarece el dinero, pero también puede impulsar la disciplina financiera y el crecimiento.

¿El dinero más caro es mejor? Esto significa el alza en los bonos del Tesoro de EU.
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Cuando sube el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense, la primera reacción suele ser de alarma. Hay razones: Estados Unidos proporciona una referencia para el costo del dinero en buena parte del mundo. Si prestar a Washington resulta más atractivo, empresas y gobiernos deben ofrecer mejores condiciones para conseguir financiamiento.

Sin embargo, el dinero más caro también puede tener efectos favorables: acompañar una economía más dinámica, imponer disciplina financiera, desalentar el endeudamiento excesivo y devolver atractivo a los bonos frente a las acciones. Son posibilidades, no resultados automáticos. La diferencia depende de qué impulsa las tasas y de la capacidad de transformar el financiamiento en crecimiento.

El primer beneficio exige distinguir entre rendimiento nominal y real. El nominal es la tasa anunciada; el real descuenta la inflación. Un rendimiento de 5% con inflación de 3% equivale aproximadamente a una ganancia real de 1.9%, antes de impuestos. Esa diferencia determina cuánto aumenta la capacidad de compra del ahorrador.

Una tasa real más alta puede acompañar una mayor demanda de recursos para proyectos productivos. La inteligencia artificial requiere centros de datos, semiconductores y redes eléctricas. La Agencia Internacional de Energía calculó que la inversión mundial en centros de datos alcanzó 500 mil millones de dólares en 2024, casi el doble que en 2022. Estas instalaciones consumieron 415 terawatts-hora, equivalentes a 1.5% de la electricidad mundial.

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La expansión continúa: la AIE estima que su consumo llegará a unos 950 terawatts-hora en 2030, cerca de 3% del total global. Esa demanda abre oportunidades en generación e infraestructura, aunque también exige inversiones cuantiosas.

Pero no toda subida de tasas indica prosperidad. También puede responder a inflación, déficits o mayor riesgo. El Fondo Monetario Internacional advierte que los desequilibrios fiscales presionan los mercados soberanos. Celebrar el encarecimiento sin identificar su causa puede confundir crecimiento con vulnerabilidad.

El segundo efecto es la disciplina. Con financiamiento barato, proyectos poco rentables pueden sobrevivir mediante refinanciamientos. Una tasa mayor obliga a revisar ingresos, plazos y riesgos. Un punto porcentual adicional sobre un crédito de 100 millones de pesos supone un millón más de intereses anuales, si todo el saldo queda sujeto al ajuste.

La presión también alcanza al gobierno. El Presupuesto de Egresos de la Federación de 2026 contempla cerca de 1.30 billones de pesos para el costo financiero de la deuda del gobierno federal en el Ramo 24. Es una asignación presupuestaria, no gasto ya ejercido, pero muestra la escala del compromiso.

Tasas mayores pueden mejorar la selección de inversiones, aunque también excluir proyectos útiles. Una empresa aceptará pagar más si anticipa ventas suficientes. En México, eso importa para fábricas, parques industriales y logística: la cercanía con Estados Unidos ayuda, pero necesita electricidad confiable, agua, seguridad y certidumbre regulatoria para convertirse en rentabilidad.

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La tercera oportunidad consiste en reducir el atractivo de operaciones que utilizan deuda barata para multiplicar ganancias. La dimensión del sector es considerable: los intermediarios no bancarios representaron 51% de los activos financieros del universo monitoreado por el Consejo de Estabilidad Financiera en 2024, con 256.8 billones de dólares.

Sus activos crecieron 9.4% ese año, frente a 4.7% de los bancos. El conjunto incluye fondos de inversión, aseguradoras y fondos de pensiones; no todas esas entidades presentan los mismos riesgos.

El ajuste puede ser turbulento. Un ejercicio del FMI estimó que un aumento de tasas de 0.8 puntos porcentuales, combinado con retiros similares a los de marzo de 2020, podría provocar ventas forzadas de bonos cercanas a 200 mil millones de dólares en fondos estadounidenses. México puede recibir esos choques mediante el peso, los flujos de capital y el financiamiento externo.

La cuarta ventaja es ampliar las opciones del inversionista. Bonos con rendimientos competitivos permiten buscar ingresos sin depender tanto de las acciones. Para fondos de pensiones y hogares, esto facilita ajustar inversiones a compromisos y plazos específicos. Sin embargo, un bono puede perder valor si se vende antes del vencimiento. Además, una inversión que gana 5% en dólares pierde aproximadamente 5.5% medida en pesos si el dólar se abarata 10%, antes de impuestos y comisiones. La moneda importa tanto como la tasa.

Las tasas altas favorecen a ciertos ahorradores y presionan a quienes necesitan refinanciarse. Para México, aprovecharlas exige proyectos productivos, deuda bien administrada y ahorro con horizontes claros.

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