¿Este es el final del superpeso o es un episodio de volatilidad? Este es el panorama

En septiembre, la moneda acumuló una depreciación cercana a 6%, en un contexto de cambios en las expectativas de política monetaria y mayores presiones inflacionarias

¿Este es el final del superpeso o es un episodio de volatilidad? Este es el panorama
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El peso mexicano superó la barrera de los 18 pesos por dólar, un nivel que no se observaba desde hacía más de seis meses. En septiembre, la moneda acumuló una depreciación cercana al 6 por ciento, en un contexto marcado por cambios en las expectativas de política monetaria y mayores presiones inflacionarias. ¿Estamos ante el final del superpeso o se trata de un episodio de volatilidad?

Durante el mes patrio, la depreciación de la moneda mexicana captó la atención de economistas y analistas, luego de que el dólar alcanzara los 18.15 pesos durante la jornada del 29 de septiembre. El movimiento ocurre en un entorno internacional menos favorable para las monedas emergentes, particularmente por los cambios en las condiciones financieras de Estados Unidos.

A mediados de mes, la Reserva Federal elevó en 25 puntos base su tasa de referencia, situándola en un rango de 3.75 a 4 por ciento. Además, sus integrantes transmitieron una postura monetaria más restrictiva, reforzando las expectativas de tasas de interés elevadas por más tiempo.

A este escenario se suma el mercado de bonos estadounidense, cuyos rendimientos a 10 años alcanzaron el 5.29 por ciento, un nivel que no se observaba desde hacía más de dos décadas. El incremento en los rendimientos eleva el atractivo de los activos denominados en dólares y favorece la demanda por la divisa estadounidense. Esta tendencia también se reflejó en el índice del dólar estadounidense (DXY), que avanzó 1.7 por ciento durante el mes anterior.

Pero no todo proviene del entorno internacional. La semana pasada, Banco de México mantuvo su tasa de referencia en 6.50 por ciento, por lo que el diferencial frente a Estados Unidos se mantiene en alrededor de 2.50 puntos porcentuales. Este spread continúa siendo relevante para estrategias como el carry trade, que buscan aprovechar las diferencias entre las tasas de interés de distintos países.

Sin embargo, las decisiones de política monetaria de Banco de México no tienen como objetivo mantener un nivel determinado del tipo de cambio, sino preservar la estabilidad de precios. Por ello, la tasa de interés responde principalmente a las condiciones de la economía mexicana y a las perspectivas de inflación, aun cuando sus decisiones también tengan efectos sobre los flujos de capital y el mercado cambiario.

Esto permite poner en perspectiva el movimiento reciente. Aunque el peso ha perdido cerca de 6 por ciento durante septiembre, su comportamiento acumulado frente al inicio del año se mantiene cercano a cero. Es decir, la depreciación de las últimas semanas prácticamente ha borrado la apreciación que había registrado durante los primeros meses de 2026, pero no representa por sí misma un cambio drástico en la trayectoria anual de la moneda.

Esta relativa estabilidad también tiene efectos sobre la actividad empresarial. Para compañías que importan insumos, exportan productos, tienen deuda en dólares o reciben ingresos en esa moneda, un tipo de cambio relativamente estable facilita la planeación financiera y permite reducir la incertidumbre sobre costos, ingresos y márgenes. Esto no elimina el riesgo cambiario, pero sí permite a las empresas tomar decisiones con un horizonte más predecible.

Más allá de las tasas de interés, el comportamiento del peso también está respaldado por los fundamentos de la economía mexicana. Uno de ellos es el sector externo. Entre enero y julio de 2026, las exportaciones mexicanas acumularon aproximadamente 471 mil millones de dólares, un crecimiento acumulado de 27.7 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior, de acuerdo con cifras revisadas del INEGI.

A las exportaciones se suman las remesas, otra fuente importante de divisas para la economía mexicana. Durante julio, México recibió 5 mil 571 millones de dólares, un incremento anual de 3 por ciento. Estos recursos contribuyen a la disponibilidad de dólares en la economía y representan una fuente constante de ingresos provenientes del exterior.

Otro elemento que distingue al peso es la profundidad de su mercado cambiario. De acuerdo con la ultima encuesta del Banco de Pagos Internacionales (BIS), la moneda mexicana ocupó el decimocuarto lugar entre las divisas más negociadas del mundo, con un volumen diario cercano a 153 mil millones de dólares.

Esta liquidez facilita las operaciones de empresas e inversionistas, pero también significa que el peso está expuesto a movimientos de capital originados fuera del país. Por ello, cambios en las tasas estadounidenses, los rendimientos de los bonos o la percepción de riesgo internacional pueden trasladarse rápidamente al mercado mexicano.

En este contexto, superar los 18 pesos por dólar no necesariamente marca el final del superpeso. La depreciación de septiembre ha sido importante, pero al ampliar el horizonte, el tipo de cambio se mantiene cerca de los niveles de inicio de año. Mientras las exportaciones, las remesas y la profundidad del mercado cambiario continúen respaldando el flujo de divisas, el movimiento reciente puede entenderse más como un ajuste ante un entorno financiero internacional distinto que como un cambio estructural en la moneda.

Para empresas e inversionistas, esta diferencia es relevante. Más que el nivel puntual del dólar, la estabilidad del tipo de cambio a lo largo del tiempo permite una mayor previsibilidad para la planeación financiera y de inversiones. El verdadero reto será determinar si la depreciación de septiembre se convierte en una nueva tendencia o si, como ha ocurrido en otros episodios, termina siendo parte de la volatilidad normal de una moneda integrada a los mercados financieros internacionales.

Por: Noé Areyane, analista de llamadinero.com

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