EU recompra sus propios bonos para presionar las tasas: ¿por qué la estrategia podría fallar?
Tesoro de EU recompra bonos para presionar las tasas de largo plazo, pero la estrategia enfrenta un revés ante la reacción del mercado.

La semana pasada presenciamos uno de los momentos más importantes para el mercado de deuda en los últimos años. Esto debido a que el Departamento del Tesoro estadounidense, dirigido por Scott Bessent, comenzó una estrategia de recompra de sus propios bonos, con el fin de ejercer presión sobre las tasas a largo plazo, pues estos instrumentos alcanzaron niveles no vistos en 20 años. No obstante, esta estrategia tuvo un revés y podría no ser lo que el mercado necesita.
En lo que va de 2026, las tasas de los bonos a 10, 20 y 30 años han crecido en promedio 9.0 por ciento. El bono a 10 años pasó de tener un rendimiento del 4.19 por ciento en enero a 4.70 por ciento a finales de agosto, mientras que el bono a 10 años pasó de 4.86 por ciento a 5.23 por ciento. Estas tasas a largo plazo son relevantes para un sector con un gran peso en la economía, nos referimos a los conocidos como “inversionistas institucionales”, es decir, aseguradoras, fondos de pensiones y fondos de inversiones que estiman así sus rendimientos.
Ante este panorama, Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, dio conocimiento de una estrategia –que algunos ya denominan como la más intervencionista en los últimos años– con el objetivo de reducir las tasas de dichos bonos y dar liquidez inmediata al mercado. Recordemos que el departamento del Tesoro de los Estados Unidos es el organismo federal encargado de llevar la administración de las finanzas públicas, así como de la producción de dinero, lo que incluye la emisión de deuda con instrumentos como bonos.
El mecanismo de la recompra de estos activos funciona a través de la compra anticipada de los instrumentos previo a su vencimiento. Al llevar a cabo esta compra, se espera que los bonos de tasas más altas salgan del mercado y posteriormente aumente la demanda, incrementando su precio y, en consecuencia, que las tasas se reduzcan.

Dicha estrategia inició bajo el supuesto inicial de un monto de dos mil millones de dólares, pero unos días después, Bessent declaró que este monto llegaría incluso a duplicarse. La apuesta se puso sobre la mesa de un mercado que vale cerca de 32 billones de dolares, de los 40 billones a los que equivale la deuda total de los Estados Unidos. Es decir, 80 por ciento de una deuda que está en máximos históricos y que representa más del doble de su producción.
Esta política tuvo efectos inmediatos, pero únicamente quitó el dolor y no curó la enfermedad, pues llevó a que las tasas de los bonos a 30 años bajaran cerca de 2.0 por ciento al siguiente día de aplicarse. Mientras que al inicio de la semana, la tasa de estos bonos registró un rendimiento de 5.31 por ciento, luego del anuncio de esta medida su rendimiento cayó a 5.19 por ciento.
No obstante, el optimismo que había circulado en el mercado de bonos duró muy poco, pues un par de días más tarde las tasas regresaron a los niveles previos y la noticia fue tomada de manera negativa en los mercados financieros.
Para muestra de ello, el S&P 500 cerró la jornada con una pérdida del 1.34 por ciento al día siguiente de esta noticia.

¿Por qué una medida de esa magnitud tuvo efectos marginales? La respuesta es sencilla y quizás no sea del agrado para el Tesoro de los Estados Unidos, pues implica ceder el control un momento y esperar los buenos resultados. Los plazos de cada bono se representan en lo que se conoce como la curva de tipos, y esta curva representa a su vez las expectativas. Un rendimiento cada vez mayor en el largo plazo podría estarnos diciendo que en el corto plazo no existen expectativas positivas sobre la economía y la realidad es que una de las mayores preocupaciones del mercado está en la inflación.
Por ello, la respuesta podría encontrarse en un actor que hasta el momento se ha mantenido al margen de la situación económica actual. Recordemos que en la última decisión de la Junta de la FED, la tasa de referencia se mantuvo sin cambios debido a que no se llegó a un consenso sobre las expectativas de la inflación y ante una economía que parece haber perdido el ritmo con un crecimiento lento y un mercado laboral debilitado.
Es precisamente este banco central quien podría tener la cura, y no un simple paliativo al problema que enfrenta el Tesoro. Si subiera la tasa de referencia, se estaría mandando un mensaje de “compromiso” por contener la inflación en un contexto en el que este indicador está por arriba del objetivo. Asimismo, se estaría comprimiendo la prima de riesgo inflacionario incorporada en el largo plazo.
Esta decisión no es sencilla, pues sus efectos se podrían ver reflejados en otros indicadores que ya se encuentran debilitados como el crecimiento económico. Mientras tanto, los esfuerzos provenientes del Departamento del Tesoro, muy probablemente continuarán para prevenir que la FED tome una política contraccionista.