Japón sube su tasa a 1.25%, máximo en 31 años, pero el yen se desploma: ¿por qué?

Japón eleva su tasa a 1.25%, máximo desde 1995, pero el yen cae 1.3% frente al dólar y llega a 158 unidades por dólar.

Japón sube su tasa a 1.25%, máximo en 31 años, pero el yen se desploma: ¿por qué?
Japón sube su tasa a 1.25%, máximo en 31 años, pero el yen se desploma: ¿por qué?Canva

El Banco de Japón (BoJ) decidió este viernes elevar su tasa de referencia en 25 puntos base, hasta 1.25%, el nivel más alto desde 1995. La decisión, aprobada por una votación dividida de 7 a 2, confirma que la autoridad monetaria japonesa acelera su proceso de normalización monetaria tras años de tasas ultra bajas o negativas.

Sin embargo, el mercado cambiario respondió de forma contraintuitiva: en lugar de fortalecerse, el yen se depreció hasta 1.3%, tocando niveles de 158 yenes por dólar, antes de recuperar parte del terreno perdido y estabilizarse en 156.8 yenes. Una subida que no convence al mercado.

La reacción del yen ilustra una paradoja relevante para entender la política monetaria actual: el mercado no sólo evalúa la decisión puntual, sino la credibilidad y el rumbo futuro de la autoridad. Los dos votos disidentes en el consejo del BoJ —ambos de consejeros designados por la primera ministra Sanae Takaichi, partidaria de una política fiscal reflacionaria— alimentaron dudas sobre si el banco central mantendrá el ritmo de ajuste o si enfrentará crecientes presiones políticas internas para moderarlo.

El gobernador Kazuo Ueda evitó comprometerse con un calendario fijo de incrementos, en contraste con el patrón previo de ajustes cada seis meses aproximadamente. Argumentó  que cada reunión evaluará de forma independiente si la inflación subyacente converge de manera sostenida hacia la meta de 2%. Esta ambigüedad deliberada parece responder a un intento de no generar sorpresas en un mercado que los propios operadores describen como frágil.

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Un elemento distintivo de este episodio es la inusual injerencia de Estados Unidos en los asuntos monetarios japoneses. El secretario del Tesoro estadunidense, Scott Bessent, ha insistido públicamente en que Washington posee información privilegiada sobre los próximos movimientos del BoJ, una postura que analistas como Richard Katz califican como una presión sin precedentes sobre la independencia del banco central japonés. La tensión es doble: mientras Takaichi favorece tasas bajas para estimular el crecimiento, Washington empuja en sentido contrario, deseando un yen más fuerte.

La ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, advirtió que Japón no dudará en intervenir nuevamente en el mercado cambiario si la debilidad del yen persiste. El antecedente inmediato es contundente: entre julio y agosto, Japón desplegó cerca de 96 mil millones de dólares, en coordinación con Estados Unidos, para sostener una moneda que había caído a mínimos de 40 años, cerca de 164 yenes por dólar. Aunque esa intervención permitió una recuperación temporal —el yen llegó a fortalecerse hasta 153 yenes, niveles no vistos desde febrero—, buena parte de esas ganancias se ha revertido en las últimas semanas.

La justificación oficial del BoJ para el ajuste es el riesgo de que la inflación subyacente supere su meta de 2%. Los datos respaldan parcialmente esta preocupación: la inflación general se ubica en 2.3%, y los precios de producción (output prices) crecieron 7.6% anual en agosto, reflejando el traslado de mayores costos de importación hacia la cadena productiva, en un contexto agravado por la guerra entre Estados Unidos e Irán y sus efectos sobre los precios del petróleo.

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No obstante, economistas como Katz matizan que la inflación impulsada por demanda interna sigue siendo débil y que el crecimiento de los salarios reales permanece bajo, lo que configura un escenario más cercano a la estanflación que a un sobrecalentamiento clásico. Los indicadores de actividad, sin embargo, muestran cierta fortaleza: el PMI manufacturero se ubicó en 54.9 puntos en agosto —octavo mes seguido en zona de expansión—, y el PMI de servicios avanzó a 52.5 puntos.

La decisión del BoJ no ocurre de forma aislada. La Reserva Federal estadounidense elevó su tasa por primera vez desde 2023, a un rango de 3.75%-4%, y el Banco Central Europeo había subido previamente su tasa a 2.5%. El resultado es lo que algunos operadores describen como una incipiente “carrera de alzas” entre bancos centrales, con consecuencias directas sobre el llamado carry trade del yen. Un endurecimiento más agresivo en Japón podría acelerar el desmantelamiento de estas posiciones, con efectos de volatilidad que trascienden las fronteras japonesas.

El rendimiento del bono soberano japonés a 10 años, cercano a 3%, su nivel más alto en tres décadas, confirma que el mercado de renta fija ya está descontando un ciclo de normalización más prolongado. Para Ueda, el reto de fondo sigue siendo evitar dos errores históricos: repetir el fantasma de la deflación que Japón combatió durante décadas, o quedarse corto frente a una inflación que amenaza con volverse persistente.

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