Entre amar ser mamá

Y no saber si quiero serlo todos los días

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Entre amar ser mamáPexels

Siempre quise ser mamá, y aun así hay días en los que no sé si la respuesta a «¿me gusta ser mamá?» es sí. Y aunque definitivamente es lo mejor que me ha pasado en la vida, nunca dimensioné cuánto transformaría mi vida. Me parece acertado incluso decir que no sabía a cuánto de mí tendría que renunciar para convertirme en ella. Nunca me cuestioné lo que la maternidad exigiría de mí ni si de verdad quería serlo; no sentía que hubiera otra opción. Como si la vida fuera una lista de pasos por completar, ser mamá era parte de cumplir con el bucket list que la vida decidió por mí: una palomita más que marcar. Me tardé tanto en cuestionar el manual con el que nací: naces, creces, te reproduces, plantas un árbol, escribes un libro y mueres. El plan perfecto para una vida feliz, sin cuestionamientos. Publicidad engañosa. ¿Y qué pasa si el manual no se alinea con lo que yo quiero? ¿Puedo querer diferente sin sentirme diferente? ¿Existen otras opciones además de las predeterminadas?

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Creo que no soy la única con este tipo de preguntas rondando en la cabeza, y se vuelven un poco absurdas porque una vez que te conviertes en mamá, no es como que exista un control zeta. El otro día oí que le preguntaban a una chica si le gustaba ser madre. Se quedó pensando y, con una prudencia que admiro, contestó lo único honesto que tenía: «no sé». Y es que, claro, no creo que exista una respuesta binaria ni una que realmente sea correcta. La maternidad pone a prueba todos tus límites y te pide renunciar a cosas importantes, no como un trámite que se hace una vez, sino como algo que se renueva. Decir que te cambia el rumbo es un understatement, porque hay días en los que te pierdes por completo y tienes que reencontrarte en caminos desconocidos e incómodos. Que pienses que tienes la vida el triple de complicada y al mismo tiempo te demuestres una y otra vez que eres invencible porque gestionas tres o más listas de pendientes a la vez. Invencible y derrotada, a veces en la misma hora, por exactamente lo mismo. Descubrir una serie de nuevos superpoderes y al mismo tiempo sentir que la vara para salir a salvar el mundo está demasiado alta. Enfrentarte a tu parte más oscura para poder convertirte en la versión más tierna.

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Ser madre requiere encontrarte vulnerable 365, 24/7, cuestionarte, desarmarte, morir y volver a nacer cuantas veces sea necesario. No es como que puedas dejar de serlo en algún momento: hay cero minutos de descanso y tiempo libre. La mayoría de las veces sí, es nuestro trabajo más importante y del que más orgullosas estamos, pero no todos los días tenemos ganas de hacerlo. Lo que quiero decir es que si alguna vez te has preguntado si hiciste bien o si realmente te gusta serlo, creo que no deberías flagelarte si la respuesta es «no» o «no sé».

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Está bien no tener todas las respuestas. Está bien andar sin un manual. Está bien no sentirte capaz y, al mismo tiempo, sentir que moviste montañas con el 2% de pila, tuyo y del celular. Al final del día no se trata de hacerlo increíble todos los días. Nuestros hijos no necesitan mamás perfectas, ni que no dudemos, ni que no tengamos problemas. Necesitan sentirse amados sin condición, por el simple hecho de existir. Y eso, incluso en los días en que no sé si quiero serlo, sí sé hacerlo.

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mgid