Inyecciones de grasa de cadáveres: qué son y cuáles son los riesgos del 'relleno zombi'
Las inyecciones de grasa de cadáveres ganan popularidad para aumentar senos y glúteos. Te explicamos qué contienen y cuáles son sus riesgos

Las llamadas inyecciones de “grasa de cadáveres” se han convertido en uno de los procedimientos estéticos más comentados de Estados Unidos. En redes sociales ya han recibido nombres como zombie filler o incluso zombie BBL, debido a que utilizan tejido adiposo procedente de personas fallecidas para devolver volumen a zonas como los glúteos, senos, rostro o manos.
Pero la descripción puede resultar engañosa. Los médicos no están tomando grasa directamente de un cadáver para colocarla en una jeringa e introducirla en otro paciente. Lo que se utiliza son matrices de tejido adiposo proveniente de donantes humanos, sometidas a diferentes procesos para retirar células y otros componentes potencialmente problemáticos, conservando principalmente una estructura que funciona como una especie de andamio dentro del organismo.
Productos como Renuva y alloClae han llevado este tipo de tecnología de la cirugía reconstructiva al terreno de los procedimientos estéticos. El segundo ha ganado atención especialmente durante 2026 porque puede utilizarse en volúmenes mayores y se promociona para restaurar contornos corporales sin tener que retirar previamente grasa del propio paciente mediante una liposucción.
De acuerdo con información proporcionada por el fabricante de alloClae y recogida por CNN, más de 2 mil pacientes habían recibido el producto desde mayo de 2025. Sin embargo, especialistas han advertido que su rápida popularización contrasta con la cantidad todavía limitada de estudios clínicos disponibles, sobre todo para procedimientos que requieren grandes volúmenes.
¿Qué es realmente la “grasa de cadáver”?
En una transferencia de grasa convencional —por ejemplo, durante un aumento de glúteos o una corrección estética— el cirujano realiza una liposucción en alguna región del propio paciente, procesa el tejido extraído y posteriormente lo vuelve a colocar en la zona donde se busca aumentar volumen.
A esto se le denomina injerto de grasa autóloga, debido a que el donante y el receptor son la misma persona. Las nuevas matrices adiposas son diferentes.
El tejido se obtiene de donantes humanos fallecidos, pero posteriormente se procesa para producir un material que conserva componentes de la matriz extracelular del tejido adiposo, como colágeno y proteínas estructurales.

La idea es que, después de ser colocado debajo de la piel, el organismo del receptor pueda enviar células y nuevos vasos sanguíneos hacia esa estructura y gradualmente remodelarla hasta convertir el área en un tejido más parecido a su propia grasa.
Investigaciones realizadas con una matriz de este tipo han observado precisamente infiltración celular, vascularización y formación de tejido adiposo después de la aplicación. Sin embargo, algunos de los primeros ensayos en humanos fueron extremadamente pequeños: uno de ellos incluyó únicamente 15 pacientes, a quienes se aplicaron entre 2.5 y 5.5 mililitros en el dorso de la muñeca y se les dio seguimiento durante 16 semanas.
Este detalle resulta importante cuando actualmente se habla de utilizar productos semejantes para aumentar senos o glúteos, donde las cantidades necesarias pueden ser considerablemente mayores.
¿Qué riesgos tienen las inyecciones de grasa de cadáveres?
Hasta ahora, los estudios clínicos publicados no han mostrado una frecuencia elevada de complicaciones graves, pero eso tampoco significa que el procedimiento pueda considerarse completamente seguro.
Una revisión sistemática publicada en 2026 en la revista Plastic and Reconstructive Surgery encontró únicamente 10 estudios realizados en humanos que reunían a 93 pacientes. Las matrices habían sido utilizadas en manos, abdomen, glúteos, sienes, senos y otras zonas del cuerpo.
Entre los efectos adversos más frecuentes estaban el enrojecimiento, hinchazón, dolor y sensación de ardor en la zona de la aplicación. Los investigadores también encontraron una amplia variación en cuánto volumen permanecía después del procedimiento: dependiendo del estudio, la retención fue de entre 21.5 y 100 por ciento.
Los propios autores concluyeron que estas matrices representan una alternativa prometedora para aumentar tejidos blandos, pero señalaron que todavía es necesario realizar más estudios sobre su procesamiento, integración y comportamiento dentro del organismo.
Entre los riesgos que deben considerarse están:
- infección en el sitio de aplicación;
- inflamación o reacción al tejido implantado;
- dolor, hinchazón y hematomas;
- aparición de bultos o irregularidades;
- integración incompleta del material;
- pérdida parcial del volumen conseguido;
- formación de quistes oleosos;
- necrosis grasa.
La transmisión de enfermedades infecciosas mediante tejidos provenientes de un donante también constituye una preocupación inherente a los aloinjertos humanos, aunque los bancos de tejidos utilizan procesos de selección de donantes, pruebas y procesamiento precisamente para reducir ese riesgo.

Necrosis grasa: cuando el tejido no logra integrarse
Una de las complicaciones que más atención ha despertado es la necrosis grasa, que ocurre cuando parte del tejido colocado no recibe suficiente irrigación sanguínea y termina dañándose.
CNN documentó recientemente el caso de una mujer de 43 años que recibió aproximadamente 50 centímetros cúbicos de alloClae en cada seno. Alrededor de dos meses después comenzó a presentar dolor, cambios en la coloración de la piel y varios bultos.
Posteriormente fue diagnosticada con necrosis grasa y desarrolló quistes que tuvieron que ser aspirados. El caso es relevante como señal de una posible complicación, aunque por sí solo no permite conocer qué tan frecuente es este problema entre las personas que reciben el producto.
También puede presentarse cuando se utiliza la propia grasa del paciente. En procedimientos mamarios, por ejemplo, puede generar quistes de aceite, calcificaciones o masas palpables que posteriormente aparecen en mastografías, ultrasonidos o resonancias magnéticas.
Una revisión sobre transferencia de grasa autóloga encontró que estas alteraciones generalmente pueden distinguirse de lesiones malignas, aunque en algunos casos pueden provocar estudios adicionales e incluso biopsias para descartar cáncer.

Por ello, una de las dudas que especialistas han planteado es qué ocurrirá a largo plazo cuando matrices derivadas de donantes se utilicen en cantidades considerablemente mayores para aumentar senos.
¿Está aprobada por la FDA la grasa proveniente de cadáveres?
Aquí existe otra diferencia que puede confundir a los pacientes. alloClae no cuenta con una “aprobación de la FDA” comparable a la que obtiene un nuevo medicamento, un implante mamario o determinados rellenos dérmicos antes de llegar al mercado.
Su fabricante señala que el producto se comercializa en Estados Unidos como un Human Cell and Tissue Product (HCT/P) bajo la sección 361, una categoría regulatoria destinada a determinados tejidos humanos que cumplen requisitos como manipulación mínima y uso homólogo.
La FDA considera que el tejido adiposo cumple una función estructural al proporcionar soporte y amortiguación. Su propia guía regulatoria señala, por ejemplo, que utilizar tejido adiposo para rellenar espacios en rostro o manos puede considerarse un uso homólogo, al igual que colocarlo en tejido subcutáneo del seno para reconstrucción o aumento.
Eso permite que determinados productos derivados de tejido humano sean regulados bajo un esquema diferente al utilizado para nuevos fármacos o dispositivos.
Por esa razón, decir simplemente que un producto de este tipo está “aprobado por la FDA” puede resultar impreciso. Estar regulado dentro de esta categoría no significa que la agencia haya revisado previamente grandes ensayos clínicos y determinado de manera individual la eficacia y seguridad del producto para cada procedimiento estético.