El precio de maternar distinto
Aprender a medir con nuestra vara y no con la prestada

Si no hay humanos perfectos, ¿qué nos hace pensar que sí hay mamás que puedan serlo? Y sin embargo ahí está la vara, altísima, como si la maternidad fuera la única excepción a la regla humana. And I couldn’t help but wonder (lo siento, siempre quise usar el hook de Carrie Bradshaw): ¿qué hace que una mamá sea perfecta? ¿Quién opina qué está “bien” y qué está “mal”? ¿O cómo es que se designa una calificación a algo tan subjetivo? Me puse a pensar en estas expectativas sobre el deber ser (algunas las platicamos el domingo pasado) y está cañón cómo podemos opinar si ni siquiera tenemos el panfleto armado.
Es decir, ¿la mejor mamá trabaja o se queda en casa? ¿La mejor mamá está casada, separada o sigue con su marido “por los niños”, aunque la relación de pareja sea inexistente? No quiero iniciar juicios ni ahondar en preguntas eternas sin respuestas, pero sí quiero señalar algo más simple e injusto: porqué le exigimos perfección a la maternidad sin habernos puesto de acuerdo en qué significa “ser la mamá perfecta”. De entrada.

Porque breaking news, no hay tal. No existe “bien” o “mal” ni un libro con la guía correcta acerca del “deber ser”. Solo existe lo que les hace bien a ti y a tu familia, y eso ya vimos que de una enciclopedia no lo vamos a sacar. Entonces, no solo no hay, sino que lo que hay es la crítica alrededor y más fuerte (sí, con todo y nuestros accomplishments) que no viene de alguien desconocido en Internet, viene de la gente que “se supone” debería estar jugando en nuestro equipo: mamás, amigas, suegras, parejas, abuelas. You name it. Y no, no lo digo yo, aquí data existente backing me up.

Está cañón además que no importa de qué se trate: que si la Tablet, que si la disciplina, que si la crianza respetuosa, que si los alimentos, que si las horas de sueño (o la falta de ellas), que si lactancia, que si fórmula — todo mundo parece tener una opinión (para esto sí somos aplicados) y como esto tampoco va a cambiar, hoy me gustaría traerte algunas opciones para contrarrestarlo de alguna manera porque a) siento que “ignóralo” doesn’t begin to cover it y b) creo que tampoco es lo correcto. Aquí van algunas cosas que me parecen importantes, no para “superarlo” necesariamente, pero sí para que nosotras tengamos relativa paz mental al respecto. Ahí te va:
Lo primero que ayuda es entender exactamente cuál es el "problema". No es que estés haciendo algo "mal". Es que estás criando distinto a como te criaron a ti, y eso confronta a quien te crió con sus propias decisiones. La crítica no es un diagnóstico objetivo de tu maternidad — es la incomodidad de alguien viendo su propio pasado cuestionado en tiempo real. No, no la justifica, pero sí la desinfla, y tú no la sientes con tanto peso.
Segundo: si vas a criar “distinto”, la crítica no es tanto un imprevisto, es solo que lleva un precio. No es “ignórala” — es asumir desde el inicio que viene incluida. Sí, así como el IVA que ya tienes considerado en tu compra. La pregunta deja de ser cómo evitar que te afecte y se vuelve otra: ¿vale la pena de todos modos? (Spoiler alert: Sí. Mucho. Siempre.)
Tercero — y aquí es donde vale la pena poner los números al lado del sentimiento: mientras discutimos si diste pecho o fórmula, 3 de cada 10 mujeres son jefas de hogar (y esta cifra es de 2023, debe de haber más). Es decir, 11.5 millones de mujeres son madres sosteniendo solas una casa, resolviendo renta, educación y seguridad. La energía que gastamos defendiendo el estilo de crianza es energía que no estamos gastando en lo que de verdad importa. Y aquí sí tenemos una elección: a qué le dedico la batería que tengo (que a veces es poquita).
Y cuarto: hay diferencia entre ignorar y poner un límite. Ignorar es absorber en silencio. Poner un límite es decir, con todas sus letras, “no lo voy a consultar contigo”. Y no, no es ni mala educación ni indiferencia — es una postura y un fact. Como se dice por ahí, “no is a full sentence”. Y sostenerla, aunque incomode, es parte de lo que significa maternar a tu manera.

Y aquí está lo más complicado o lo que nadie nos cuenta que tenemos que resolver: ninguno de estos puntos sirve de nada si el jurado que más pesa sigue siendo el sargento que llevamos dentro. Le puedes poner límite a tu suegra y aun así quedarte despierta preguntándote si lo estás haciendo bien.
Así que va la verdad incómoda con la que empezamos: no existe el “bien”. Nunca existió tal panfleto. Lo que sí existe es la pregunta que deberíamos estarnos haciendo en lugar de “¿lo estoy haciendo bien?” — que es “¿esto viene de mí, o solo estoy repitiendo el examen de alguien más?” Porque muchas veces la voz que te dice que fallaste ni siquiera es tuya. Es la amiga, la suegra, el algoritmo, disfrazada de conciencia.

No te voy a decir que dejes de cuestionarte — eso también es parte de maternar con cuidado y con consciencia. Pero si vas a evaluarte, que sea con tu propia vara, no con la ajena que BTW, ni siquiera pediste que te prestaran. Esa es, al final, la única manera correcta de maternar: la tuya.