¿Qué es el hambre emocional? Descubre cuándo es señal de un problema
Descubre cómo pueden impactar las emociones y el estrés al hambre, y aprende identificar cuándo es necesario buscar ayuda con un especialista.

El hambre es uno de nuestros instintos más básicos, es como el cuerpo indica que necesita energía y nutrientes para mantener sus funciones. Pero ¿qué pasa cuando se involucra el estrés o algún trastorno psiquiátrico?
En entrevista para Imagen Radio, la Dra. Sylvana Stephano, médico y psiquiatra, platicó sobre el hambre emocional, lo que hay detrás de ella y la relación que tiene con algunos trastornos psiquiátricos y la obesidad.
Para comenzar, debemos definir qué es el hambre emocional. Se trata de un impulso por comer como respuesta a situaciones de estrés, ansiedad, tristeza, soledad o aburrimiento, donde la comida funciona como una especie de recompensa.
De acuerdo a la especialista, todas estas emociones causan estrés en nuestro cuerpo. La respuesta del cerebro es pensar que estamos bajo una amenaza, lo que requiere usar los recursos de depósito para hacer frente a ella.
“Pero cuando se vuelve crónico, el cuerpo dice: me tengo que preparar por si me pasa algo”. Es ahí donde, ante la necesidad de energía, buscamos comida, algo que termina volviéndose un ciclo, pues, si al comer te sientes mejor, se refuerza esta conducta y cada vez que te ocurre algo emocionalmente intenso se repite, señala.
Justamente esa es la principal diferencia con el hambre física, que responde a una falta de energía, a una necesidad fisiológica.

¿Cómo identificar si como por hambre física o emocional?
Para identificar si lo que nos hace comer es una necesidad física o un impulso emocional, la Dra. Sylvana Stephano recomienda hacer un ejercicio de introspección.
Una buena forma de comenzar es, una vez que aparece el deseo de comer, preguntarnos: ¿cuándo fue la última vez que comí?, ¿qué comí? y ¿cuánto comí?
Si han pasado varias horas, comimos algo ligero o realizamos mucha actividad física, es muy probable que sea hambre física. Esto puede reforzarse por señales del cuerpo como sensación de hueco en el estómago, ruidos estomacales, fatiga, incluso dificultad para concentrarse o mareos, en casos de hambre intensa.
Si las respuestas no apuntan a algo físico, podemos analizar qué sentimos en ese momento que puede conectarse con esta necesidad de comer.
Asimismo, como el hambre emocional puede aparecer de forma repentina ante una emoción e incluso ser imperceptible, después de comer podemos cuestionarnos: ¿qué pasó antes de comer?, ¿cómo me sentí en ese momento? y ¿cómo me sentí después de comer?

¿El hambre emocional siempre es un problema?
El hambre emocional responde a las emociones, incluso, en algunos casos, puede verse asociada a trastornos psiquiátricos. Sin embargo, comer por gusto o placer no siempre significa un problema.
Todos podemos hacerlo en algunos momentos sin que esto represente un problema de salud o algún trastorno. En general, si es ocasional o, simplemente, complementa una experiencia agradable, puede ser parte de una relación saludable con la comida.
Sin embargo, si es recurrente o comer se convierte en nuestra principal herramienta para regular nuestras emociones, puede convertirse en un problema. ¿Cuándo debemos buscar ayuda con un especialista?
Para la psiquiatra, la respuesta es “siempre que sea muy frecuente y te cause malestar y/o disfunción en tu vida diaria”.
Incluso, también recomienda acercarse a los expertos antes de que se convierta en un problema, es decir, cuando recién comienzan las primeras señales, sin dejar que esto avance hasta un grado donde puede llevar a desarrollar obesidad.

¿Cuál es la relación entre el hambre emocional y los trastornos psiquiátricos?
Aunque solemos asociar los trastornos psiquiátricos con cambios en el estado de ánimo, alteraciones del pensamiento o aislamiento, algunos también pueden cambiar los hábitos alimentarios y, por el otro lado, las alteraciones graves en la alimentación pueden afectar la salud física y el bienestar psicológico.
Pero por qué algo que se relaciona con el cerebro afecta el hambre. Para entenderlo, vale la pena señalar que tanto el hambre como la saciedad se relacionan con procesos biológicos y psicológicos que pueden verse afectados con estos trastornos.
En ese sentido, la Dra. Sylvana Stephano señala que “muchos trastornos psiquiátricos no presentan hambre emocional y otros sí, y esto dependerá de cada persona”.
Como ejemplo, explica, en la depresión la alteración del apetito va en diferentes direcciones: en algunas personas inhibe el hambre y en otras provoca que tengas más hambre.
Asimismo, muchos pacientes que sí presentan un aumento del apetito, además tienen más antojos y la motivación por la comida. Ahí es donde aparece el hambre emocional.
Eso sí, la especialista subraya que no porque una persona tiene hambre emocional presenta un trastorno psiquiátrico, ni viceversa, no todos los pacientes con un trastorno psiquiátrico presentan hambre emocional.
Sin embargo, sí vale la pena poner atención a quienes comen ante una emoción, pues cuando la comida es la principal o única forma de afrontar el malestar emocional, puede asociarse a dificultades psicológicas que requieren atención.

¿Qué especialista puede ayudarme con el hambre emocional?
Diferentes especialistas pueden ayudar en el tratamiento de un paciente con hambre emocional, desde un psicólogo clínico hasta un equipo multidisciplinario que incluya médico, nutriólogo, psicólogo y psiquiatra.
Con quién ir dependerá de la frecuencia de los episodios y el impacto en el bienestar de la persona. Por ejemplo, en un primer momento, la terapia puede ayudar a encontrar otras herramientas para gestionar las emociones.
Sin embargo, cuando es algo muy recurrente, existe pérdida de control al comer o señales de un trastorno, así como en caso de que esta forma de comer haya llevado al paciente a padecer obesidad, se requiere de este equipo multidisciplinario.
En ese sentido, la Dra. Stephano recomienda que, en esos casos, al menos la evaluación inicial sea multidisciplinaria, comenzando con un médico con experiencia en obesidad, seguido del nutriólogo, psicólogo y psiquiatra.
Una opción en México, son las Clínicas de Obesidad que se encuentran en diferentes hospitales del sector público, enfocadas en pacientes mayores de edad con altos índices de obesidad.
Asimismo, existen médicos especializados en obesidad que pueden dirigir a los pacientes hacia lo que necesitan, además de psicólogos clínicos cuando comenzamos a tener sospechas de hambre emocional.
El hambre emocional es más que darte un gusto después de un día pesado. Si comer es tu forma de lidiar con tus emociones o situaciones estresantes, lo mejor es poner atención y buscar ayuda, antes de que afecte tu salud física y mental.