Subastan un Shelby Cobra Daytona por 42.9 millones de dólares; marca récord histórico
Este modelo se concibió para derrotar a Ferrari en las carreras de resistencia.

Un Shelby Cobra Daytona Coupé de 1964 ahora ostenta el récord del automóvil estadounidense más caro vendido en una subasta.
En total se fabricaron seis unidades, y ésta en particular se subastó en Monterey por 42 mil 905 millones de dólares en la casa de subastas Gooding Christie's, superando con creces la estimación previa a la subasta de más de 25 millones de dólares.
Carroll Shelby concibió el Daytona Coupé con un único objetivo en mente: Ferrari, que por aquel entonces dominaba las carreras de deportivos europeos. El punto de partida fue un AC Ace británico, al que Shelby equipó con un motor V8 de bloque pequeño, para crear el Cobra, inicialmente como roadster.
El coupé cerrado llegó más tarde, cuando se hizo evidente que para vencer al 250 GTO se necesitaba una carrocería que cortara el aire en lugar de desviarlo.
Esta unidad vendida, con el chasis CSX2300, fue el primer Daytona Coupé fabricado y debutó en competición en la última prueba del Campeonato FIA GT de 1964. Ganó inmediatamente dos etapas durante la prueba y posteriormente compitió en las 24 Horas de Le Mans, donde lideró la carrera hasta que sufrió una rotura del cigüeñal.
En 1965, el Shelby continuó compitiendo, participando en Daytona, Sebring, los 1000 Kilómetros de Nürburgring y, en julio de ese mismo año, en las 12 Horas de Reims. Si bien el CSX2300 no ganó ninguna carrera ese año, sí contribuyó a que Shelby American se alzara con el Campeonato Mundial de Fabricantes de la FIA de 1965.

Al año siguiente, el Daytona Coupe fue vendido a un coleccionista de Pensilvania, luego revendido y exportado a Japón, donde compitió en varias ocasiones, incluyendo el Gran Premio de Japón de 1966. Posteriormente, el coche fue vendido el propio Shelby y restaurado minuciosamente.
A partir de finales de la década de 1990, pasó por las manos de varios propietarios antes de ser adquirido por Larry Bowman, quien lo conservó durante más de dos décadas.
La identidad del comprador no se ha hecho pública, pero lo más probable es que el cupé desaparezca en una habitación con temperatura controlada, fuera de la vista y aumentando su valor discretamente.